Opinión
El Festival LittleOpera Zamora y la apuesta por las óperas de cámara
Un repertorio en auge de obras históricas y contemporáneas
Como ya destacábamos en el Especial Festivales de Verano 2025, en los últimos años las óperas breves y de cámara están ganando presencia en el país, ya sea en las temporadas líricas como en los festivales operísticos. Un género muy interesante por su menor costo económico, reducidos repartos, escenografía mínima y facilidad para que giren al adaptarse fácilmente a diversos escenarios. Existe un amplio repertorio histórico de este tipo, un formato atractivo para programadores y compositores a la hora de apostar por la nueva creación sin arriesgar demasiados recursos y contando con la complicidad de un público receptivo ante propuestas contemporáneas breves.
En este ámbito, la soprano y gestora Conchi Moyano, directora del Festival LittleOpera Zamora, presenta en la sección En Portada la programación 2025 del certamen castellano leonés
–que celebra su X aniversario–, ya convertido en una auténtico referente en el terreno de la ópera de cámara. La apuesta incluye óperas de pequeño y medio formato, pero también micro óperas u ópera en miniatura. Habrá títulos de nueva creación, como el estreno absoluto de Hildegard del compositor Juan Durán, junto a dos clásicos como Prima la musica e poi le parole de Salieri, en el bicentenario de su muerte y El empresario, célebre Singspiel de Mozart.
Hoy en día existen otros festivales veraniegos que ya apuestan por el género, como sucede en la segunda edición del Ópera a Quemarropa de la Comunidad de Madrid, que programa en sus sedes de San Lorenzo de El Escorial y Aranjuez cinco títulos, dos contemporáneos, uno del siglo XX e históricos de Jommelli y Mozart. En Barcelona, la colaboración del Liceu y el Festival Grec presenta a finales del mes de julio tres nuevas creaciones de micro-óperas dentro del proyecto Òh!pera. El formato también está cada vez más presente en las temporadas líricas españolas y latinoamericanas. El citado proyecto Òh!pera, que regresará en junio de 2026 siempre uniendo fuerzas entre el Liceu, el Grec y con la colaboración del museo Disseny Hub de Barcelona (DHub), ha demostrado funcionar ante las sensibilidades propias del siglo XXI. La iniciativa, que combina experimentación, interdisciplinariedad y riesgo creativo, brinda voz a nuevos talentos y lenguajes artísticos en propuestas pensadas para la sorpresa y la reflexión. En noviembre de 2024 Òh!pera cruzó el Atlántico cuando presentó Hijas del mundo, de Marian Márquez, en el Teatro Biobío (Concepción, Chile). El proyecto, bajo la guía de Àlex Ollé, se fundamenta en la creación de óperas breves que, pese a su condensación, mantienen la esencia del género: la fusión entre música, canto lírico, dramaturgia y dirección de escena en obras concebidas por creadores emergentes en colaboración con artistas en estadios más avanzados de sus carreras que exploran temas contemporáneos pero también universales.
Los programas que incluyen óperas cortas suelen funcionar; quizás los más populares los conforman Pagliacci y Cavalleria rusticana y el Trittico pucciniano. Pero son muchas las posibilidades que ofrece el repertorio internacional: el Teatro Real presentará el curso que viene, por ejemplo, un doble programa Bartók con el ballet El mandarín maravilloso y la ópera El castillo de Barba Azul, mientras que el Maestranza se decanta por dos óperas de cámara, el estreno en Sevilla de Don Juan no existe, de Helena Cánovas –tras su première en el Festival Perelada 2024 y su paso por el Teatro Real– y Cabildo, de la compositora norteamericana Amy Beach. En este número, además, entrevistamos a Mark Elder, nuevo director musical del Palau de Les Arts; al octogenario director musical y compositor Antoni Ros-Marbà, que presenta su primera ópera en el Liceu de Barcelona; o al joven titular de la Orquesta del Mozarteum en Salzburgo, Roberto González-Monjas. Tampoco olvidamos el cincuentenario de la mítica película sobre la mozartiana La flauta mágica de Ingar Bergman ni la exposición de arte y ópera de David Hockney en la Fundación Louis Vuitton de París. – ÓA





