El debut de Galina Cheplakova, un regalo en 'La dama de picas' del Met

Nueva York

11 / 06 / 2025 - Rebeca BLANCO PRIM - Tiempo de lectura: 3 min

chaikovski ny La producción de Elijah Moshinsky de 'La dama de picas' © Met Opera / Ken HOWARD
chaikovski ny La producción de Elijah Moshinsky de 'La dama de picas' © Met Opera / Ken HOWARD
chaikovski ny La producción de Elijah Moshinsky de 'La dama de picas' © Met Opera / Ken HOWARD

The Metropolitan Opera House

Chaikovsky: LA DAMA DE PICAS

Chad Shelton, Raymond Aceto, Alexey Markov, Arsen Soghomonyan, Igor Golovatenko, Galina Cheplakova, Violeta Urmana, Maria Barakova, Jill Grove, Edyta Kulczak, Damel O’Hearn, Ann-Kathrin Niemczyk, Scott Scully, Christopher Job. Dirección musical: Keri-Lynn Wilson. Dirección de escena: Elijah Moshinsky. 7 de junio de 2025.

En ciertas ocasiones, el escenario de la Metropolitan Opera House presencia momentos extraordinarios que marcan el comienzo de trayectorias destacadas. Así ocurrió en las dos últimas funciones de La dama de picas de Chaikovsky cuando la soprano rusa Galina Cheplakova hizo su debut como Lisa, convocada con apenas unas horas de aviso para reemplazar en la penúltima función a Sonya Yoncheva, y repitiendo también en la última. Su interpretación puso de manifiesto el talento de una artista llamada a convertirse en una figura clave para el futuro de este escenario. Cheplakova construyó una Lisa plenamente personal: su interpretación, rica en matices emocionales y con grandes dotes para la actuación, logró una transformación verdaderamente convincente. En el plano vocal, impresionó con un timbre brillante y dulce, proyectado con naturalidad incluso en los pasajes más delicados; su voz fue ganando en intensidad a lo largo de la función, especialmente en el exigente tercer acto, en el cual muchas intérpretes suelen perder fuerza. Su canto se mantuvo fresco, potente y lleno de musicalidad conmovedora, con un fraseo preciso y una agilidad vocal que nunca sacrificó la expresividad.

El resto del reparto ofreció interpretaciones más dispares, especialmente el tenor armenio Arsen Soghomonyan en el papel de Hermann, quien, aunque aportó una dimensión distinta a este rol exigente y complejo gracias a su calidez vocal, mostró a lo largo de la función una actitud cautelosa y contenida con una interpretación menos expansiva de lo que el personaje requiere en términos de entrega dramática. Sin embargo, en los momentos clave, Soghomonyan destelló con ráfagas de intensidad y pasión que evidenciaron su potencial, pese a algunos pequeños quiebres en los pasajes más difíciles. Su actuación logró transmitir la obsesión y desesperación de Hermann, conectando emocionalmente con el público.

Como la Condesa, Violeta Urmana regresó al Met tras ocho años de ausencia, desplegando con aplomo y luciendo como nadie los espectaculares trajes diseñados por Mark Thompson. Sin embargo, su desempeño vocal resultó desigual: después de años transitando entre repertorios de mezzo y soprano, su instrumento parece carecer de definición y al monólogo del segundo acto le faltó el magnetismo necesario y propio de esta escena; a pesar de ello, la artista fue ovacionada en reconocimiento a la trayectoria que ha construido a lo largo de su extensa carrera.

"Galina Cheplakova construyó una Lisa plenamente personal: su interpretación, rica en matices emocionales y con grandes dotes para la actuación, logró una transformación verdaderamente convincente"

Entre los secundarios, el barítono Alexey Markov sobresalió con un Tomsky lleno de energía y precisión vocal, en contraste con un Yeletsky algo apagado y poco expresivo a cargo de Igor Golovatenko. Maria Baranova, por su parte, aportó frescura en el papel de Pauline y gracia escénica como Daphnis en la bucólica escena del segundo acto.

Desde el podio, Keri-Lynn Wilson ofreció una interpretación firme y expresiva de la partitura, aunque ligeramente más pausada de lo habitual: con mano segura y un agudo sentido dramático, condujo a la Orquesta del Met a través de las variadas atmósferas de la obra, desde los estallidos emocionales de Hermann hasta la delicadeza de la pastoral mozartiana. Sin embargo, quien realmente brilló esa noche fue el coro de la casa, que sostuvo con energía y expresividad su papel en la ópera, destacando especialmente los hombres en el tercer acto, quienes aportaron una profunda carga dramática y un marcado contraste.

La puesta en escena de Elijah Moshinsky, creada en 1995, sigue siendo visualmente impactante; su escenografía, diseñada también por el Mark Thompson, presenta imágenes teatrales imponentes y una elegancia impecable, cualidades cada vez más escasas en los escenarios operísticos contemporáneos. Resulta especialmente valioso seguir disfrutando de clásicos teatrales con este nivel de estilo y sofisticación para una noche de ópera.  * Rebeca BLANCO PRIM, corresponsal en Nueva York de ÓPERA ACTUAL

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