Reportajes

El personaje ÓA 279 - Violetta: La fascinante dama de las camelias de Verdi

Se trata de un personaje de muy compleja naturaleza, un rol de excepción para sopranos de gran capacidad técnica y expresiva

01 / 01 / 2025 - Arturo REVERTER - Tiempo de lectura: 5 min

verdi traviata Dibujo de Maria Callas como Violetta en 'La Traviata' © JARORIRO! / ÓPERA ACTUAL

Es una figura capital, esencial, una criatura vocal, escénica y dramática colosal. Como si las estudiadas hasta ahora en esta sección no lo fueran, se podría decir. Pero no hay duda de que Violetta Valéry tiene algo más. Se trata de un personaje de muy compleja naturaleza, un rol de excepción para sopranos de gran capacidad técnica y expresiva.

Siempre se ha dicho, con cierta base sin duda, que Violetta Valéry, la protagonista de La traviata de Giuseppe Verdi, “pide tres sopranos en una: lírico-ligera o incluso ligera para el acto inicial, lírica ancha o lírico-spinto para el siguiente y dramática para el de cierre”. Algo hay de eso, aunque no se pueda plantear de manera tan esquemática. Es verdad que en al principio de la obra se exige una coloratura de altos vuelos para la cabaletta “Sempre libera!”, con volatas, escalas, trinos, saltos interválicos, roulades, extensos pasajes en rapidísimas semicorcheas y ataques demoledores a la zona sobreaguda (Do y Do sostenido 5). Pero también lo es que, previamente, en el andantino “Ah, fors’è lui” y en su recitativo inicial, la soprano ha de desarrollar una línea de canto de mayor peso, abundosa en expansiones de extrema intensidad lírica.

En el estreno de la ópera, el 26 de marzo de 1853 en el Teatro La Fenice de Venecia, Violetta fue interpretada por la soprano Fanny Salvini Donatelli (1815-1891), que se llamaba en realidad Francesca Lucchi, “la menos mala que podía elegirse”, sentenciaba Verdi con su franqueza habitual. Recreado años más tarde el papel por sopranos finas y delicadas, éste perdió algo de su carne y de su sangre, de su emoción, de su urgencia dramática, características que se difuminaban casi por completo en voces de las sopranos ligeras. Tras la segunda gran guerra, aparecieron voces maravillosas, de mayor cuerpo y robustez, que recrearon con extraordinaria limpieza la difícil escritura del rol y dieron a Violetta la dimensión vocal adecuada, con envoltura tímbrica y elegancia fuera de norma. Fueron los tiempos de Joan Sutherland y Montserrat Caballé, perfectas y adorables, o, desde otras perspectivas de menor solvencia técnica, pero desde una bellísima sonoridad, de Renata Tebaldi…

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