Reportajes

El personaje de ÓA 286. El Chevalier Des Grieux

Ha de servir un canto ambiguo, con expansiones líricas y momentos casi fieros, requiriendo una voz con poder, vigorosa y capaz de elevarse a las alturas

01 / 03 / 2026 - Arturo REVERTER - Tiempo de lectura: 5 min

Ilustración del personaje Des Grieux © Pedro PEINADO

Le jeune Chevalier Des Grieux, en la versión de Puccini, ha de servir un canto ambiguo, con expansiones líricas y momentos casi fieros, requiriendo una voz con poder, vigorosa y capaz de elevarse a las alturas del Si natural agudo sin problemas. Propio de tenores de ancho aliento, líricos o lírico-spinto y, en algún caso, di forza.

Nada más estrenarse Manon Lescaut, su tercera ópera después de Le Villi y Edgar, el 1 de febrero de 1893 en el Teatro Regio de Turín, la crítica de la época coronaba a Giacomo Puccini oficialmente como el sucesor del creador de Falstaff, ópera que, precisamente, concluiría la carrera de un Giuseppe Verdi ya anciano al presentarse en La Scala justamente ocho días más tarde, el 9 de febrero. En su versión de la novela del Abate Prévost Histoire du chevalier Des Grieux et de Manon Lescaut, publicada en 1731 y que antes había puesto en música Jules Massenet (1884), el compositor de Lucca se aproximaba a las construcciones que el mismo Verdi, en paralelo con Richard Wagner, preconizaba: aquéllas que pretendían ofrecer un discurso sin fisuras, sin números aislados en apariencia, comenzando una línea que, sin dejar de mirar en derredor y participar de los presupuestos de la escuela verista, transcurriría por sendas independientes que iban a permitir la definición de su estilo musical y la creación de su propia personalidad, distinta, diversa, original y reconocible.

Puccini ofrecía de este modo al público, servida con nuevos efectos, la continuidad del melodrama clásico y romántico, variado en los temas y en la expresión y anclado sólidamente en el canto y en la melodía. Su especial sensibilidad para los timbres captó enseguida las delicadas texturas de la escuela francesa, principalmente los modos melódicos y tonalidades de un Massenet, aunque no pueden descartarse giros y toques de antecesores como Gounod o Thomas, autores todos ellos que todavía eran degustados por los espectadores de la nueva época, deseosos, sí, de conocer cosas nuevas, de sentir emociones distintas y más fuertes; pero también amantes de las costumbres tradicionales, de la exposición dramática de siempre. He ahí uno de los grandes logros de Puccini: sintetizar esas diversas corrientes en un todo unitario. Tradición y modernidad…

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