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ÓA 287 (I): Marina Rebeka canta 'Il trovatore' en el Teatro Real

La soprano letona llega al Teatro Real a finales de junio como Leonora junto a un gran reparto internacional, dirigido musicalmente por Nicola Luisotti

01 / 05 / 2026 - Gema PAJARES - Tiempo de lectura: 7 min

Soprano Marina Rebeka © Tatyana VLASOVA
Marina Rebeka Marina Rebeka como Leonora de 'Il trovatore' en un ensayo en el Teatro Real © Teatro Real / Javier DEL REAL
Marina Rebeka Marina Rebeka como Leonora de 'Il trovatore' en un ensayo en el Teatro Real © Teatro Real / Javier DEL REAL

La aclamada soprano letona es una de las cantantes del momento, con una agenda en la que los huecos libres no abundan. En un ecosistema como el de la lírica, en el cual las carreras a menudo se consumen a la velocidad del streaming, Marina Rebeka se erige como un monumento a la arquitectura vocal. Conoce su voz como la palma de la mano y sabe sacarle todo el jugo a una garganta cuidada de manera exquisita. No es de extrañar que todas las heroínas a las que ha dado vida se sientan a gusto en su piel, de Violetta a Norma, de Cio-Cio San a Thaïs, Medea o Aida. Con Leonora de Il trovatore, regresa al Teatro Real a finales de junio en una producción de Francisco Negrín con el director asociado del coliseo madrileño en el podio, Nicola Luisotti.

No es solamente una de las voces más solicitadas del mundo de la lírica: ella es, sobre todo, una estratega del sonido que ha sabido transitar desde el virtuosismo casi milimétrico de Rossini hacia la densidad emocional del bel canto dramático y del universo verdiano. Nacida en Riga, cuando Marina Rebeka habla tiene una voz suave; lo hace en un itañol que da gusto escuchar, con largas parrafadas en castellano y otras tantas en italiano. Y cuando se da cuenta de que ha cambiado de idioma, vuelve al de Cervantes y deja escapar una sonrisa.

Formada en el rigor del Conservatorio de Santa Cecilia en Roma, ya ha conquistado hitos históricos —como su aclamada Lucrezia Borgia en el Maestranza de Sevilla, que llegaba al coliseo 120 años después de su última representación— y dejado claro que el purismo vocal debe estar acompañado de una “fuerza vital” que lo empuje. Dueña de su destino artístico a través de su propio sello discográfico, Prima Classic, huye de la complacencia y acepta el halago justo; es capaz de pasar de la introspección del Lied a encarnar heroínas trágicas que mueren por amor. Norma le abrió los ojos para dedicarse al mundo de la ópera a través de una representación que vio de niña con su abuelo. Casi desafiante le dijo que algún día interpretaría el personaje. Y una década después lo cantaba en la Ópera de Letonia.

Sus compromisos en esta temporada la han llevado a escenarios como los de la Arena de Verona, la Opéra national de Paris, La Scala de Milán, la Staatsoper Unter den Linden de Berlín, el Teatro San Carlo de Nápoles, el Théatre des Champs-Élysées de París, el Teatro de La Zarzuela de Madrid, el Maestranza de Sevilla, el Liceu de Barcelona o la Ópera Nacional de su Letonia natal. Antes de encarar su próxima temporada en templos como la Wiener Staatsoper, despide el curso en el Teatro Real para dar voz a Leonora en Il trovatore verdiano, título que se ofrecerá con varios elencos cuajados de estrellas nacionales e internacionales que cierra la temporada lírica del coliseo madrileño y del que se podrán ver en escena 17 funciones (Ver repartos).

Dicen quienes la conocen que su manera de afrontar un papel es casi detectivesca y va precedido de estudio y reflexión. ¿Es su manera de trabajar habitual?

Sí, lo he escuchado. Es un proceso que comienzo con bastante adelanto para que nada se me pueda escapar. Ante cualquier nuevo papel lo primero que hago es mirar la partitura. Leo mis líneas y las de los demás para hacerme una idea de conjunto. Por ejemplo, si es un personaje como Cio-Cio San de Madama Butterfly me empapo del teatro japonés, de su cultura, del momento que rodea a la historia, de la cultura del país, leo todo lo que pueda para tener una información completa. Cuando tienes que cambiar totalmente tanto de apariencia como de sentimientos has de entender a la mujer que interpretas, sentir cómo respira y cómo ve el mundo, y eso solo se puede lograr con el máximo de información. Si interpretas un papel como este debes entender cómo una geisha se convierte en geisha. Cada pista, cada detalle que averiguas es una pieza en el puzzle. ­Butterfly es la ópera que más tiempo me ha llevado preparar. También Thaïs, porque la protagonista es una mujer que representa todos los oficios y toda la riqueza de una sociedad. Ahí creo que posee puntos en común con Violetta. Me conmueve tanto que lloro cuando canto el último dúo. Es una de mis óperas preferidas. Tuve que preparar el debut, que canté con Plácido Domingo en el Festival de Salzburgo, en apenas cuatro días y viví una experiencia tan intensa que la sentía en mi interior. Apenas podía dormir, pero sabía que la tenía.

Norma le abrió los ojos al mundo lírico. ¿Tiene algún referente a la hora de interpretar al personaje?

En mi cabeza siempre están las más grandes, pero cuando afronto “Casta diva” lo hago como Marina Rebeka. No es sino una plegaria, y cada uno la reza como sabe y siente. Es un aria tan complicada y conocida que al público se le para el corazón: es lo opuesto a un recitativo. Norma es un personaje difícil que muestra primero su carácter guerrero dando a conocer que es una mujer temida, casi una bruja, la hija de Oroveso, pero también una amante apasionada y traicionada, y una mujer generosa. Cuántas facetas conviven en ella… Y todas conforman esa dimensión única. La primera entrada de Norma no muestra al personaje profundamente, porque su verdadero ser lo vas descubriendo en el transcurso de la ópera. Te tira del corazón por la historia que cuenta: es una madre capaz de hacer todo para salvar a sus hijos. Y es ahí cuando tu corazón está con ella en el escenario. No se trata solamente de bel canto, eso sería lo fácil, sino de sentir el drama y ser capaz de transmitirlo.

© Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO

Marina Rebeka como Norma en el Teatro alla Scala

Usted es una y muchas mujeres. ¿Con cuál de ellas se queda?

Con Violetta, Norma, Medea y también con Thäis. Ellas me han dado mucho y viven conmigo en el escenario.

También ha interpretado a las reinas de Donizetti…

Así es. Son personajes muy complicados. Ana Bolena me parece fascinante, una mujer que se convierte en víctima, odiada por todos, inteligente y que cambió el curso de la historia de Inglaterra.

Desde finales de junio cantará en el Teatro Real de Madrid la ópera que despide la presente temporada, Il Trovatore, papel que el año pasado cantó en la Staatsoper de Viena y antes en Múnich, Londres o Zúrich.

Sí. Por cierto, amo el Teatro Real y me siento muy tranquila con este regreso porque el papel de Leonora lo he cantado en bastantes ocasiones. Y el reparto es fantástico, todos grandes intérpretes y buenos colegas. El público de Madrid me parece estupendo, muy caluroso. El papel de Leonora tiene bastante de bel canto dramático y, por ello, no cambio ni adapto mi vocalidad para interpretarlo. Es un Verdi magnífico, como una fábula medieval que cada vez que subes al escenario se convierte en diferente.

"Me di cuenta de que era fundamental que me sintiera cómoda y que pudiera hacer compatible las emociones con la técnica. Era consciente de que tenía que trabajar en mí misma porque sabía que nadie podía ayudarme"

Los comienzos en el mundo de la lírica no fueron sencillos para usted. Tuvo problemas con sus profesores de canto y también con su voz. Decidió entonces poner en práctica el método prueba-­error para echar a andar.

Sí, empezar no fue nada fácil, todo lo contrario. El problema del órgano con el que nosotros trabajamos es que no se ve desde fuera, es decir, es un instrumento, el nuestro, que llevamos encima las 24 horas del día, pero no es un violín o un piano. Cada cantante posee uno diferente que le hace único y no sirve la misma técnica para cada profesional. Yo veía que mi voz tenía potencial, que era de gran extensión en el repertorio y poseía volumen, y esas cualidades cada maestro las entendía a su manera. Al principio estudié técnica en Italia. Me dijeron que tenía que olvidar todo lo que sabía, desaprender; sin embargo, el músculo posee memoria. En Roma estudié con dos profesores. Ambos tenían una concepción muy diferente de mi voz y, por lo mismo, dos maneras distintas de enseñarme: uno me guiaba como soprano lírico-ligera, y con él trabajaba arias de Puritani o la Reina de la Noche, mientras que con el otro lo hacía como lírica pura… Y lo que sucedió es que perdí la voz. Fue entonces cuando decidí regresar a Letonia.

¿Cómo consiguió hacer frente a una situación así?

Viví una gran crisis porque me había quedado sin trabajo y no tenía dinero. Pero tuve claro que nadie mejor que yo sabría qué hacer con mi garganta: leí libros, visioné clases magistrales de grandes artistas en YouTube y al cabo del tiempo ya había reconstruido toda la extensión de mi voz. Me di cuenta de que era fundamental que me sintiera cómoda y que pudiera hacer compatible las emociones con la técnica. Era consciente de que tenía que trabajar en mí misma porque sabía que nadie podía ayudarme. Al final opté por volver a Roma –que para mí es la mejor ciudad del mundo–, amplié mi repertorio, participé en concursos y realicé audiciones. Lo importante era tener las ideas claras sobre el repertorio que quería cantar porque no podía, aunque quisiera, cantarlo todo. Y centrarme en la técnica que tenía que emplear en mis audiciones y en los conciertos. Y fui poco a poco ganando premios, subiendo un peldaño tras otro y sintiéndome cada ve más fuerte y con confianza.

© Teatro Real / Javier DEL REAL

Marina Rebeka junto a Michael Fabiano en el último acto de 'La Traviata' en el Real

Y llega su debut escénico en Erfurt, en Alemania, como Violetta de La traviata. Sí. En aquel momento no tenía agente y me presentaba a bastantes audiciones y estudiaba en la Academia Rossiniana con Alberto Zedda. Al comienzo de mi carrera no había tenido una maestra que me preparara y me dijera por dónde debía ir, buscaba sin encontrar. Después llegó la reconstrucción de mi voz, las pruebas, los personajes… Soy una artesana de mi propia carrera.

 Violetta se convirtió en un personaje que le comenzó a brindar inmensas alegrías.

Muchas, porque es un papel que he hecho mío, que he llevado pegado casi a la piel, que he tenido presente en el corazón. Y que ahora he aparcado. Ha crecido conmigo y lo he construido desde cero, lo he moldeado. Las críticas fueron buenas desde el principio y eso me facilitó poder debutar en Viena, Berlín o Mannheim. Finalmente tomé una decisión. Fue en 2021. Ese año decidí que iba a dejar descansar el personaje porque quería abrir espacio para otras mujeres igual de fascinantes y así poder estudiar otro tipo de repertorio. Lo fui dejando poco a poco y el año pasado puse punto final. Lo hice en Berlín, y lo hacía en el momento más alto, que yo creo que es el momento justo.

Usted creó un sello discográfico en 2018, Prima Classic, muy elogiado por la crítica y avalado por varios premios. ¿Cómo surgió esa idea y qué proyectos tiene?

Trabajamos con un centenar de artistas y grabamos constantemente. Contamos con coros, solistas, orquestas, violinistas, arpistas, pianistas… Los grandes sellos solo promocionan a un puñado de cantantes. Pero, ¿qué pasa con aquellos que llevan gran parte de su vida cantando en los teatros de ópera más prestigiosos y no han podido grabar ningún disco? Si nos remontamos a tiempo atrás, tenemos lo que sucedió con dos gigantes de la lírica como Jean de Reszke y Enrico Caruso. Ambos estaban al mismo nivel, pero hubo un hecho crucial que les diferenció: Caruso aceptó trabajar con el gramófono y De Reszke no quiso saber nada de grabaciones. ¿Quién se acuerda hoy de él? Caruso es parte de la historia del género y De Reszke algo más que un nombre en los libros de historia. Por eso es importante dejar grabaciones como testimonio del arte de nuestra época.

Por tanto, también es una buscadora de nuevas voces.

Es que me apasiona descubrir nuevos talentos y ayudar a los ya consagrados a plasmar su arte en grabaciones. Resulta emocionante realizar el casting y ser creativo en cada paso del proceso de grabación, desde el diseño de la portada hasta definir el repertorio o el texto del libreto. El sonido es algo que lleva implícita la creación porque es un arte y se necesita tiempo y hay que dedicárselo para hacer un buen trabajo. Es necesario conocer los avances en el ámbito de la tecnología en este campo, estudiarlos, ver la mejor manera de grabar, buscar una solución para cada voz porque las hay con más y con menos contrastes… Y lo que yo deseaba era poder reconocer mi voz como la escucho en vivo. Buscaba la calidad del sonido que había escuchado en grabaciones antiguas de Callas o Pavarotti. Todo eso me llevó a crear mi propio sello y que fuera la responsable del proceso. Yo no le digo al cantante cuándo ni qué tiene que grabar, son ellos los que eligen porque estamos ante una obra de arte. La belleza está en la diversidad.

 Volviendo a su repertorio, en constante expansión, ¿cómo preparó el personaje de Aida que ha cantado en Verona, Berlín o Riga?

Debuté el personaje en 2023 en Berlín y me parece una mujer tremendamente interesante, porque todo lo que la rodea es un misterio. ¿Por qué Amneris se dirige a ella como sorella? ¿Por qué Radames se enamora de ella? Su mundo es complejo y posee muchas caras, como sucede con Norma… Son mujeres con gran fuerza interior que a veces es difícil de explicar.

© Teatro de La Maestranza / Guillermo MENDO

Marina Rebeka en su debut como Lucrezia Borgia en diciembre de 2025

En noviembre se unirá a Jonas Kauf­mann y Ludovic Tézier para cantar Tosca en el Carnegie Hall dirigida por Gustavo Dudamel.

Sí, y va a ser un momento importante en mi carrera porque Tosca es un papel que he rechazado en cinco o seis ocasiones y es ahora cuando siento que estoy lista y preparada para abordarlo. Es una prima donna también muy compleja. Tengo mucho interés en ver cómo suena la orquesta, que es la Filarmónica de Nueva York en esta versión en concierto que haremos. Cantar Tosca no es únicamente interpretar el personaje en un escenario; hay un trabajo detrás inmenso que empieza con el estudio del propio compositor, de Puccini. Así es como yo lo entiendo.

Hablando de escenario, ¿cuál es su límite para aceptar una puesta en escena vanguardista?

No he tenido grandes problemas con los directores de escena con los que he trabajado, pero tengo mis ideas claras y sé qué es lo que quiero. Cuando se llega a cierto punto y se producen incomodidades lo que hay que hacer es buscar soluciones conjuntamente. Este arte es colectivo y no está basado en imposiciones. Si me dicen: “Tienes que hacer esto así porque lo digo yo que soy el director de escena” vamos mal, porque eso conmigo no funciona. Yo no me limito únicamente a cantar, sino que aquel personaje que interpreto lo tengo que sentir, vivir y actuar. Hacerlo veraz, tengo que verlo.

La zarzuela es un género que le gusta. ¿Se ve interpretando un título de este repertorio, por ejemplo, en el Teatro de La Zarzuela?

Tengo que hacerlo, buscar tiempo y buscar el momento, porque el género me gusta mucho. Y me encantó debutar en ese escenario en el Ciclo de Lied.

¿Se considera Marina Rebeka profeta en su tierra?

Claro que sí. Y no solamente allí. El público me quiere mucho, me ama y saberse querida es, ¡guau! El público viene a escucharme y me siente, y eso es una experiencia única.

¿Y qué siente cada vez que pisa un escenario?

Cada vez el sentimiento es diferente. Los nervios siempre están ahí y cuando debutas un papel los tienes a flor de piel, por si olvidas algo. Esos momentos son tremendos.

¿Recuerda una noche que fuera especialmente inolvidable?

Sí, la primera vez que canté Norma en Trieste, donde Maria Callas cantó esa funció mítica con Franco Corelli y Boris Christoff dirigida por Antonino Votto que pudo grabarse y que hoy es una leyenda… Recuerdo que cuando acabó la función y llegaron los aplausos también cayó una lluvia de flores sobre el escenario. Era el año 2016. Fue inolvidable.– ÓA

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