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ÓA 278: Saimir Pirgu: "Abordo mis personajes desde mi escuela, la del bel canto romántico"
El tenor albanés viaja por sus personajes junto a la Orquestra de la Comunitat Valenciana en su nuevo disco, 'Saimir', su tercer CD en solitario
Con dos décadas de carrera teatral a sus espaldas y una amplia discografía, Saimir Pirgu ha regresado a los estudios de grabación y acaba de presentar su tercer recital en CD, un retrato de su actual momento vocal y un avance de su futuro repertorio. Tenor de perfil lírico, versátil, criado en la mejor escuela belcantista y destacado intérprete del repertorio francés, paso a paso se va adentrando en papeles más dramáticos. En diciembre participará en Barcelona como invitado especial en el recital de entrega de los Premios ÓA 2024 y de los becados de la Fundación ÓA, antes de que, en febrero, pruebe en Zúrich un rol tan exigente como Des Grieux de Manon Lescaut de Puccini. Y ya vislumbra otro ansiado debut: Lohengrin.
En los últimos años, pese a mantener en repertorio papeles de carácter lírico, Saimir Pirgu ha ido incorporando roles más pesados porque, asegura, su voz “ha evolucionado y ha ganado en squillo y volumen”. Según afirma a ÓPERA ACTUAL desde Viena tras haber interpretado en septiembre en la Staatsoper Roméo et Juliette y en octubre Macduff del Macbeth verdiano alternándolo, hasta noviembre, con su aclamado Rodolfo de La Bohème, el tenor albanés se siente “muy cómodo” en sus nuevos papeles, los cuales fue probando desde antes de la pandemia, “cuando debuté Werther, Don José de Carmen y Riccardo de Un ballo in maschera. El cierre de los teatros en 2020, pese a la crisis que provocó en todos los aspectos, me sirvió para trabajar con tranquilidad en esa dirección, y fruto de ese estudio he podido enfrentarme por primera vez a Tosca y próximamente a Manon Lescaut”. En esta ampliación de repertorio, explica, va dando “pasos muy meditados, porque, una vez los has dado, difícilmente hay vuelta atrás. El tiempo dirá si he tomado decisiones acertadas, pero por ahora tengo la sensación de no haberme equivocado. Mi intención es combinar esos nuevos roles con los de tenor lírico, que no abandono. Me gustaría cantar Il Duca de Rigoletto toda mi vida, pero también es importante evolucionar”, asegura.
Su nuevo disco en solitario, Saimir, incluye arias de estilos muy variados, papeles que ya ha debutado y varias novedades, algo así como un retrato de su actual momento vocal (ver crítica en este enlace).
Este es mi tercer álbum desde que debuté hace ya 20 años. El primero fue Angelo Casto e bel, publicado en 2006, el segundo Il mio canto del 2015 y ahora, en 2024, llega Saimir. Cada uno representa una etapa de mi carrera y, efectivamente, es un retrato del momento, en los que siempre he querido incluir no solo fragmentos de los roles que interpreto, sino también de los que creo que me depara el futuro. Más o menos entre uno y otro disco han pasado diez años y este último viene a ser una celebración de mis 20 años de carrera, algo que no es fácil y, lamentablemente, no muy habitual en el panorama operístico actual.
Para la grabación contó con la Comunitat Valenciana, el Palau de Les Arts y la Orquestra de la Comunitat. ¿Cómo se gestó esa colaboración?
© Miguel LORENZO Como Rodolfo de 'La Bohème' en Les Arts
Todo surgió a raíz de unas funciones de La Bohème que canté en 2022 en el Palau de Les Arts, una ópera, por cierto, que debuté en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona diez años antes con Angela Gheorgiu como Mimì. En las representaciones en Valencia volví a constatar la extraordinaria calidad de la Orquesta de la Comunitat, algo que ya había percibido cuando debuté en Les Arts dirigido por Lorin Maazel. Se me ocurrió proponerles el proyecto y aceptaron. Debo decir que ha sido increíble: el nivel de la orquesta es simplemente estrepitoso. Además, tuve la suerte de contar con la complicidad de un director excepcional como es Antonino Fogliani. Grabamos un extensísimo repertorio en solo cinco días, lo cual no era fácil, y creo que el resultado es de gran calidad, tanto en la parte artística como técnica, ya que, por mis orígenes como violinista, soy muy sensible en lo que respecta a la calidad de sonido de la grabación y también en ese aspecto he quedado muy satisfecho.
Tras debutar con éxito Riccardo de Un ballo in maschera, ¿tiene previsto incorporar nuevos roles verdianos?
Sí, además del Duca también he cantado Ernani, Macduff del Macbeth o Gabriele Adorno de Simon Boccanegra. Son papeles que ahora mismo se adaptan a mi vocalidad porque requieren un canto legato y un centro lírico. Por ahora no creo que un Manrico o ese tipo de papeles más di forza sean los más adecuados y prefiero esperar el momento oportuno. Ya veremos en el futuro.
En cambio, ha cantado buena parte de los grandes roles de la literatura operística francesa ¿Se considera un especialista en ese repertorio?
El hecho de que mi lengua materna sea de origen indoeuropeo me facilita desenvolverme con cierta facilidad en italiano, francés e incluso en alemán. Obviamente, cuando más cantas en un idioma, más lo perfeccionas. El francés cantado es especialmente difícil no solo por la pronunciación, sino también en cuanto a la técnica, porque te obliga a emitir sonidos nasales y guturales que no son habituales en la ópera italiana. En general el repertorio francés se adapta bien a mis características vocales, pero lo abordo a través de mi escuela, que es la del bel canto romántico. Lo mismo hacía el gran Alfredo Kraus y, aunque para algunos su pronunciación francesa no fuese absolutamente impecable, uno no puede más que adorarlo en ese repertorio.
Una de las curiosidades del CD es la inclusión de la romanza de La tabernera del puerto, “No puede ser”. ¿Hasta qué punto conoce y le interesa la zarzuela?
La verdad es que no la conozco demasiado y, pese a que hablo varios idiomas, mi nivel de castellano es limitado. Espero cantar más a menudo en España para perfeccionarlo y también para conocer mejor la música del país. Pero la romanza de La tabernera tiene un componente sentimental para mí, porque crecí con los Tres Tenores. Ese concierto tuvo un peso importante para que decidiese dejar el violín e inclinarme por el canto. Ahí descubrí “No puede ser” y me encantó, por lo que, ya que estaba en España, me decidí a grabarla. Lo curioso es que, en principio, no estaba previsto que formase parte del programa del CD físico, sino que fuese un bonus track para promoción, streaming y plataformas, pero a todo el mundo le gustó así que al final decidimos incluirla. La grabamos el último día, con poco tiempo, en parte por lo que he comentado y porque suponía que, siendo una orquesta española, la sabrían de memoria. Lo que no tuve en cuenta es que la Orquestra de la Comunitat Valenciana es internacional, está formada por músicos de muchos países y buena parte de ellos ¡no la habían tocado nunca! Nos dio más trabajo esta romanza que el resto de arias, pero los músicos son tan buenos que el resultado fue magnífico.
También hay un aria de una ópera albanesa, Skenderbeu, del compositor Prenk Jakova (1917-1969), muy poco divulgado por aquí.
Jakova es uno de los músicos más importantes de mi país y uno de los primeros que escribió ópera en albanés. En su estilo mezcla elementos folclóricos con influencias de música de otros países, como Rusia e incluso Estados Unidos. Skenderbeu es una ópera muy popular en Albania y se interpreta mucho. Es difícil que se conozca en el extranjero porque no hay muchos colegas que dominen el albanés. Además, es una partitura muy exigente en lo vocal que requiere un reparto muy amplio y un tenor protagonista que vocalmente se podría comparar con el Otello verdiano, casi baritonal. El aria que interpreto en el CD pertenece al segundo tenor, el coprotagonista. Nunca he cantado en teatro ni esta ni ninguna otra ópera en mi idioma, pero espero poder hacerlo en breve. Hace unos años restauraron y reinauguraron el Teatro de la Ópera de Tirana y en noviembre, tras casi 13 años de ausencia, volveré de nuevo a la capital de mi país para cantar unas funciones de Tosca y para ofrecer un concierto en el que presentaré el nuevo disco.
En los últimos años han surgido cantantes albaneses que han desarrollado grandes carreras internacionales, como Ermonela Jaho o, anteriormente, Inva Mula, algo no muy frecuente en el pasado. ¿Es una consecuencia de la apertura de las fronteras de su país?
En Albania siempre ha habido tradición y afición por la ópera. Somos un país mediterráneo, tan solo a unos kilómetros de Italia. Evidentemente la situación política evitó que los cantantes albaneses tuviesen la posibilidad de salir al extranjero y que abrirse al mundo ha cambiado las cosas. Inva, Ermonela y yo pertenecemos a distintas generaciones y yo me fui a estudiar a Italia muy joven. Ahora está surgiendo una nueva hornada de cantantes, tanto en Albania como en Kosovo, con mucho talento y que probablemente darán que hablar en unos años.
El primer Wagner
Volviendo a Saimir, una de las sorpresas es la inclusión de “In fernem Land”, del Lohengrin wagneriano. ¿Le gustaría cantar ese papel? ¿Se lo está preparando?
Claro, no solo me gustaría, sino que mi intención es hacerlo en un futuro próximo. Es uno de los roles que quiero incorporar a mi repertorio, pero es muy importante que sea en las condiciones ideales. No en cualquier escenario, sino en el teatro idóneo y con el director adecuado. Aunque hablo el idioma, en alemán solo he cantado Tamino de La flauta mágica en La Scala. Para interpretar un personaje como Lohengrin es necesario poseer las condiciones vocales y técnicas que requiere el papel, pero por encima de todo, es vital tener madurez musical, y ahora mismo siento que estoy capacitado para hacerlo.
Lo que sí ya tiene en agenda es su primer Des Grieux de Manon Lescaut, que llegará en febrero de 2025 en la Ópera de Zúrich.
Sí, hace poco hice mi primera Tosca y ahora llega el turno de Manon Lescaut. Debo decir que comparado con Des Grieux, Mario Cavaradossi es un caramelito. El protagonista de Manon Lescaut es de un papel muy exigente, que requiere un cantante con un gran dominio técnico y, sobre todo, de una enorme resistencia, porque canta sin parar. Es necesario afrontarlo con mucha inteligencia ya que es un rol peligroso que ha acabado con la carrera de tenores de perfil más dramático. Mi acercamiento es siempre desde el lirismo. Tengo muchas ganas de que llegue ese debut y espero que vaya bien.
Ahora que celebra dos décadas de carrera es inevitable rememorar sus inicios, porque la suya fue una irrupción espectacular en el panorama operístico: con poco más de 20 años se presentó en la Ópera de Viena y pocos meses después en el Festival de Salzburgo. ¿Cómo recuerda todo aquello con la perspectiva que da el tiempo transcurrido?
Había cantado ya en algunos teatros y en un Festival como el de Pésaro, pero se puede decir que mi primer debut importante fue en 2004 en Viena, con apenas 21 años cantando L’elisir d’amore, y poco después me dirigió Claudio Abbado. Evidentemente a esa edad no tienes mucha experiencia en la vida. Posees un espíritu musical, pero tampoco una técnica vocal completamente sólida. Debes confiar, por tanto, en la guía de músicos y directores con experiencia y yo tuve la gran suerte de coincidir con un grande como Abbado. Le encantaba trabajar con gente joven porque él poseía también un espíritu joven. Constituyó una lección de vida y una bendición trabajar con él, seguir cada una de sus indicaciones. Una de las cosas que más recuerdo de él es la precisión en todos los detalles interpretativos, la búsqueda constante de la calidad de sonido. Haber podido aprender de él o más tarde de alguien como Luciano Pavarotti han sido regalos que me ha proporcionado la vida y que me han enriquecido como artista, pero también como persona.
Poco después llegaría su exitoso debut en Salzburgo como Ferrando en Così fan tutte. Un inicio de carrera tan fulgurante no debe ser fácil de gestionar para un joven cantante.
Claro. También aprendí mucho trabajando con Philippe Jordan, que era el director musical de esa producción mozartiana que contaba con un reparto formado por gente muy joven en general, lo cual facilitó las cosas. Después de ese inicio lo más importante para mí era no decepcionar sobre el escenario, intentar estar a la altura de las expectativas creadas y, sobre todo, conseguir mantener la voz sana para desarrollar una carrera lo más larga posible. Visto en perspectiva, me siento feliz por haberlo logrado y espero seguir cantando otros 20 años más.
¿Hasta qué punto la figura de su profesor, Vito Maria Brunetti, fue importante en ese momento?
Mucho, y por eso me ha hecho especial ilusión que aceptase mi propuesta de participar en este CD cantando el rol del Sagrestano en “Recondita armonia”. Es mi homenaje a él por sus enseñanzas. En gran parte fue gracias a su apoyo que yo sobrellevase todo aquello con tranquilidad. Él me impulsó a mantener el repertorio mozartiano al inicio y sobre todo a centrarme en la técnica del bel canto, que ha sido una gran escuela para mí. Esos fundamentos técnicos te permiten abordar todo tipo de repertorio. Brunetti proviene de una época en la que predominaba una manera de entender la carrera operística que hoy está prácticamente olvidada. Lo principal es que la voz debe evolucionar de manera natural y encontrar sus roles en el momento adecuado. Esa mentalidad es la que siempre he intentado aplicar.
No debe ser fácil mantener esa mentalidad ni ser coherente con ella teniendo en cuenta las exigencias del mercado operístico actual.
No lo es. En el pasado los cantantes tenían la posibilidad de cantar muchas veces un papel, de madurarlo. Ahora predomina la novedad. Cantantes cada vez más jóvenes abordan papeles demasiado dramáticos y lo hacen con orquestas cada vez más brillantes y en teatros más grandes. A veces no es tan complicado el papel que se debuta como dónde y en qué condiciones lo debes cantar, y a menudo el público o la crítica no tienen en cuenta esos aspectos. Un cantante es como un buen vino, con el tiempo mejora.– ÓA
© ÓA / jaroriro!
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