El Festival de Bayreuth cumple 150 años con un polémico rescate y un experimento

La ópera de juventud ‘Rienzi’ y un ‘Ring’ con imágenes creadas con inteligencia artificial inauguran unas celebraciones marcadas por la voluntad de innovar

31 / 07 / 2026 - Lluc SOLÉS - Tiempo de lectura: 3 min

'Siegfried' en versión semiescenificada con imágenes creadas con IA © Bayreuther Festspiele / Enrico NAWRATH
'Das Rheingold' en versión semiescenificada con imágenes creadas con IA © Bayreuther Festspiele / Enrico NAWRATH
El estreno de 'Rienzi' en el Festival de Bayreuth © Bayreuther Festspiele / Enrico NAWRATH

Con una inédita Rienzi sobre el escenario de la Verde Colina y un Ring semiescenificado apoyado en inteligencia artificial, el Festival de Bayreuth ha inaugurado las celebraciones de su 150º aniversario combinando tradición y voluntad de renovación. La memoria histórica también tiene cabida en unas conmemoraciones marcadas por la innovación, en un año que ha reabierto el debate sobre el legado ideológico de Wagner y que ya ha provocado un intenso eco en la crítica y en la escena cultural alemanas.

El inicio de las celebraciones del 150º aniversario del Festival de Bayreuth ha causado furor en la escena cultural alemana. Y no es para menos: al gusto tradicional por la efeméride –muchos recuerdan con nostalgia la conmemoración del centenario y el estreno del ya clásico Jahrhundertring (El anillo del siglo) de Patrice Chéreau en 1976– se le ha sumado el atrevimiento de Katharina Wagner, directora del certamen, que ha decidido llevar a las tablas de su teatro ni más ni menos que el mastodóntico Rienzi, der Letzte der Tribunen, una de las óperas de juventud de Richard Wagner, por primera vez en la historia.

La decisión de romper con el mandato del llamado «canon bayreuthiano», que por recomandación del compositor limitaba las obras que debían interpretarse en Bayreuth a las diez que van desde Der fliegende Holländer a Parsifal, ha recibido una muy buena acogida en su estreno del pasado domingo 26. Al fin y al cabo se trató de una producción más bien conservadora: grandes intérpretes –Nathalie Stutzmann en la batuta, Andreas Schager en el papel principal, en una propuesta escénica de Alexandra Szemeredy y Magdolna Pardikta, junto al dramaturgo Markus Kiesel– y una idea escénica más bien complaciente para contrarrestar la excepcionalidad de la obra, extrañamente grandilocuente. A Katharina Wagner tampoco le ha pasado por alto el principal problema que conlleva el rescate de Rienzi: el hecho de que fuera la ópera predilecta de Adolf Hitler y un título clave para comprender la cosmovisión nacionalsocialista.

Como para equilibrar, el Festival programó, para la misma mañana del estreno, una conferencia de Michel Friedman, intelectual francoalemán judío muy crítico con la herencia antisemita de la familia Wagner. Este invite no estuvo exento de polémica: apenas unas semanas antes, el festival lo canceló por motivos «de seguridad», y fue solo el enorme ruido mediático que generó este gesto lo que llevó a la dirección a reprogramarlo. La pregunta por el porqué de tan nefasta gestión, por desgracia crónica, de un tema tan importante en la Verde Colina es inevitable.

Si Rienzi fue mayormente alabado tanto por el público como por la prensa, no está sucediendo lo mismo con el Ring semi-escénico con imágenes generadas por la IA, que representa la segunda nueva producción de esta edición especial del Festival de Bayreuth. La prensa alemana está reaccionando con moderación a este experimento (el lunes 27 se estrenó Das Rheingold, el martes 28 Die Walküre, el jueves 30 Siegfried y el 1 de agosto es el turno de Götterdämmerung), lamentando la ausencia fáctica de la dirección de escena que firman Marcus Lobbes y Nils Corte –«¿es ese el día en que el trabajo del director de escena de ópera ha devenido superfluo?», se pregunta el crítico de la Südwestdeutsche Zeitung–.

En cualquier caso, está claro que la producción hará las delicias de los wagnerianos más conservadores, entestados en declarar, en contra de las convicciones del propio compositor, que lo «esencial de la tetralogía wagneriana es la música y el texto» (OPER! Magazin), contando para ello con la prodigiosa batuta de Christian Thielemann.– ÓA

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