'Adriana Lecouvreur' llega, por fin, al Teatro Real

La ópera de Cilea, protagonizada por Elina Garanca, Ermonela Jaho y Brian Jagde, inaugurará el nuevo curso del coliseo madrileño

14 / 09 / 2024 - Gema PAJARES - Tiempo de lectura: 3 min

adriana lecouvreur El equipo artístico de 'Adriana Lecouvreur' © Teatro Real / Javier DEL REAL
adriana lecouvreur La producción de David McVicar de 'Adriana Lecouvreur' © ROH

Madrid

Teatro Real

Cilea: ADRIANA LECOUVREUR

SEP / 23, 25, 26, 28, 29; OCT / 01, 02, 04, 05, 07, 08, 10, 11

Adriana Lecouvreur: Ermonela Jaho / Maria Agresta. Maurizio: Brian Jagde / Matthew Polenzani. Príncipe de Bouillon: Maurizio Muraro. Princesa de Bouillon: Elīna Garanča / Ksenia Dudnikova / Teresa Romano. Michonnet: Nicola Alaimo / Manel Esteve. Quinault: David Lagares. Poisson: Vicenç Esteve. Mademoiselle Jouvenot: Sylvia Schwartz. Mademoiselle Dangeville: Monica Bacelli. Abate de Chazeuil: Mikeldi Atxanlandabaso / Josep Fadó. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real (Dir. coro: José Luis Basso). Dirección musical: Nicola Luisotti. Dirección de escena: David McVicar.

 

La popular ópera de Francesco Cilea, un homenaje al teatro, nunca se había representado en el coliseo madrileño, que ofrecerá 13 funciones de la producción de David McVicar, convertida desde su estreno en 2010 en un referente. Contará con un doble y excepcional reparto que encabezan Ermonela Jaho, Elina Garanca, Maria Agresta, Brian Jagde, Nicola Alaimo y Matthew Polenzani, entre otros artistas. En el podio, Nicola Luisotti, principal director invitado del coliseo. Las funciones están dedicadas a Josep Carreras en el 50º aniversario de su interpretación de Maurizio junto a Montserrat Caballé en el Teatro de La Zarzuela.

Todo recto, subiendo al escenario”. Sí. La presentación de Adriana Lecouvreur, de Francesco Cilea, se ha hecho sobre las tablas del Teatro Real y dentro de la imponente y alabada producción de David McVicar que estrenó en 2010 en el Covent Garden. Quizá para explicar a pie de obra la idea del teatro dentro del teatro, que de algo de eso trata el drama. Quizá para presentar con honores la ópera que inaugura la temporada 2024-2025. Quizá, también, para destacar que, por fin, como señaló el director artístico del coliseo, Joan Matabosch, la pieza se podrá ver en el coliseo: “A pesar de su enorme popularidad y por diferentes circunstancias, como los años largos en el que el Real ha estado cerrado, nunca se ha podido representar en este escenario. Y ya era hora. Es un homenaje al teatro”. Las funciones recordarán al tenor Josep Carreras, pues se cumplen cincuenta años de su representación en el Teatro de La Zarzuela. Fueron dos funciones míticas que cantó junto a Montserrat Caballé. Se ofrecerán 13 funciones de la ópera, entre el 23 de septiembre (inauguración que contará con la presencia de los Reyes en el Palco Real) y el 11 de octubre, precedidas de una Gala Joven para menores de 36 años, el 20 de septiembre.

Aunque el nombre de Francesco Cilea aparezca normalmente asociado a los de Mascagni, Leoncavallo, Giordano o Puccini como uno de los representantes del verismo —movimiento operístico de cuño realista y naturalista en boga en Italia en los albores del siglo XX— esta ópera podría considerarse la despedida del gran melodrama romántico italiano, sobre todo verdiano, con tintes veristas y la elegancia y refinamiento de la ópera francesa finisecular, sobre todo de Massenet. Matabosch destacó el “privilegio colosal” del debut escénico de la mezzo Elina Garanca en el teatro y el hecho de que “por fin se estrene esta ópera aquí. Me parece increíble. Es una obra que se suele asociar con el verismo, pero creo, sin embargo, que está bastante lejos del movimiento”, y le preguntó por su opinión directamente a Nicola Luisotti, principal director invitado: “Todas estas óperas no son realistas. En la vida no se canta, se habla. Tenemos aquí más verdad que verismo, porque el teatro se encarga de explicar la verdad de los hechos”, respondió. Una ópera que calificó como “muy difícil. Parece fácil de escuchar, pero es muy difícil de hacer porque está llena de trampas. A mí me llevó dos años estudiarla. La protagonista es un personaje complejo que requiere un estudio pormenorizado, una mujer moderna que escribía con una alta calidad literaria”.

La modernidad de unos vaqueros

Destacó también el director artístico la rica teatralidad de la producción, “cuya dramaturgia ha gozado de un reconocimiento unánime y que enfoca el montaje desde el punto de vista de la relación de Adriana Lecouvreur como actriz y como persona”. Así lo corroboraron Justin Way, director de producción del Real, que fue asistente de McVicar en su estreno hace catorce años, y Charles Edwards, ayudante de producción, que respeta la ambientación del siglo XVIII a través del vestuario: “Cuando tienes una ópera ambientada en un periodo histórico concreto, creo que es importante, para su verosimilitud política, ser respetuosos con el momento en el que fue concebida, especialmente con una obra tan delicada como esta. Si le quitas esa ambientación social no se entiende”. Idea que enfatizó el director artístico al asegurar que “el hecho de que una producción sea moderna o clásica no tiene que ver con el vestuario. Lo importante es la dirección de actores. Poner tejanos a los protagonistas no es sinónimo de producción moderna”. Way quedó fascinado con la ópera al ver una representación en Sídney con Joan Sutherland: “Descubrí ese amor, esa caja de bombones que es. Cada representación significa un descubrimiento siempre”, confesó.

La ópera, situada en el París de la Ilustración, está inspirada en la vida real de la legendaria actriz Adrienne Lecouvreur, amada defendida por Voltaire, que destacó por sus brillantes, sinceras y originales interpretaciones en la Comédie-Française. Su fama, amoríos, su relación con el mariscal Mauricio de Sajonia —pareja de la celosa Madame de Bouillon—, y su muerte en extrañas circunstancias, con apenas 38 años, han inspirado, ya en el siglo XIX, la obra teatral de Eugène Scribe y Gabriel Legouvé que sirvió de base al libreto de Arturo Colautti. Y sobre las tablas estaban la soprano Ermonela Jaho, la mezzo Elina Garanca y el tenor Brian Jagde (ver entrevista en este enlace) para defender sus personajes. Juntos, dijeron, forman una gran troupe capaz de reír y de compartir buenos y no tan buenos momentos. Jaho, toda dulzura, definió a Adriana como “un personaje humano, verdadero, auténtico, que sufre, siente celos: todas las emociones están expresadas de una forma muy real. Le pongo todo el abanico de emociones que salen del alma y creo que el público va a compartir esa sinceridad”, aseguró.

La mezzo siempre la lía

Dentro de ese ambiente familiar y festivo, Madame de Bouillon, convertida en Elina Garanca, arrancó risas: “Me encanta ser mezzo, porque siempre la lía: se enamora de un tenor, que a su vez quiere a una soprano y alguien después tiene que morir. Mi personaje no es una mera figura decorativa, sabe jugar y elimina todo aquello que le molesta. Y duerme muy bien por las noches”. Jadge subrayó la idea de grupo, de “gran familia rodante, que puede reír junta”. Y lo hicieron. ¿Cómo es Maurizio? “Yo diría que no es precisamente un buen tipo. Es un hombre lleno de contradicciones que se enamora de Adriana Lecouvreur, pero que no decide sus intereses”. La ópera es también un retrato de los aspectos morales de dos mundos en el siglo XVIII: el de los sirvientes y el de la aristocracia. “Cuando Adriana intenta formar parte de la aristocracia, su mundo se empieza a desmoronar”, señaló Edwards.

El coro, según su director, José Luis Basso, “tiene poca actividad, pero resulta fundamental. Representa a una clase social alta y corrupta, que se divierte y que está ociosa, tanto como para destruir a los demás”.

El 28 de septiembre la ópera será retransmitida en directo en plazas, teatros, auditorios, museos y centros culturales de toda España dentro de la celebración de la Semana de la Ópera del Teatro Real. Además, se han organizado un gran número de actividades alrededor de este título, desde el curso Una aproximación a la dirección de escena, coordinado por Way, a una exposición en el Museo del Romanticismo, un itinerario sobre plantas tóxicas y venenosas (por la misteriosa muerte de la actriz, parece que con flores envenenadas) o la proyección del documental Sarah Bernhardt, à corps perdu.– ÓA

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