Una 'Salome' icónica en el Teatro Colón

Buenos Aires

04 / 11 / 2025 - Virginia CHACÓN DORR - Tiempo de lectura: 4 min

strauss buenos aires La producción de 'Salome' de Bárbara Lluch © Teatro Colón / Juanjo BRUZZA
strauss buenos aires La producción de 'Salome' de Bárbara Lluch © Teatro Colón / Juanjo BRUZZA
strauss buenos aires Ricarda Merbeth como Salomé © Teatro Colón / Lucía RIVERO

Teatro Colón

Strauss: SALOME

Nueva producción

Ricarda Merbeth, Norbert Ernst, Nancy Fabiola Herrera, Egils Siliņš, Fermín Prieto, Daniela Prado, Santiago Martínez, Pablo Urban, Iván Maier, Andrés Cofré, Iván García, Sergio Wamba, Marcelo Monzani, Ángel Agustín Albornoz, Claudio Rotella, Walter Schwarz, Mariana Carnovali. Dirección musical: Philippe Auguin. Dirección de escena: Bárbara Lluch. 2 de noviembre de 2025.

La nueva producción de Salome en el Teatro Colón reúne a dos figuras de la escena española contemporánea: la directora Bárbara Lluch y el escenógrafo Daniel Bianco; el resultado es una versión profundamente simbólica, visualmente poderosa y teatralmente precisa. Grandes voces encabezadas por Ricarda Merbeth como Salome completaron un cuadro en el que la Orquesta Estable del Colón, bajo la dirección de Philippe Auguin, se lució con una lectura intensa y equilibrada.

De intensidad dramática, gran exigencia vocal y notable densidad orquestal, Salome es una ópera compleja y fascinante desde sus múltiples aristas. Cada nueva producción es una oportunidad para revisitar una de las partituras más desafiantes del siglo XX, con la escritura de Strauss tomando el acervo de la ópera romántica germánica y proyectándolo hacia el futuro con una orquestación de una modernidad visionaria. ¿Y qué hizo Bárbara Lluch al frente del gran equipo que se conformó para esta producción? Ofreció una puesta concreta y simbólica, que condensó la carga dramática de la historia y dio una vuelta de tuerca al relato de la Princesa de Judea y su vínculo con Jochanaan, en una trama atravesada por la violencia y el deseo.

La escenografía de Daniel Bianco aprovechó al máximo el escenario del Colón y su disco giratorio, sobre el que se montó una estructura de círculos blancos en desnivel, a modo de escaleras, que rotaba para mostrar y ocultar la cisterna donde se encontraba Jochanaan. Los círculos, acompañados por la presencia constante de la luna y un telón de cadenas, componían una imagen de gran potencia visual. La altura de las plataformas y la ausencia de barandas acentuaban la sensación de riesgo: los intérpretes se desplazaban por la estructura móvil como sobre un terreno inestable, casi peligroso. Síntesis y símbolo: estos círculos eran, a la vez, bandeja —índice permanente de la cabeza decapitada de Jochanaan— y representación de un sistema que se repliega sobre sí mismo, como la violencia intrafamiliar que encierra a los personajes. La polisemia de la puesta alcanza su punto más alto en la danza de los siete velos, en la que Salome aparece como niña y adolescente vestida de rojo bajo una luna también roja, en una coreografía inquietante que alude al abuso y a la pérdida de inocencia.

Predomina una paleta reducida a blanco, negro y rojo, en la cual este último se reserva para las mujeres, las señaladas como “pecadoras”. Todo ocurre en el marco de una fiesta: Herodes de chaqueta blanca, Herodías de rojo intenso y Salome de frac, en una atmósfera atemporal donde la violencia se camufla en la elegancia del ritual social.

"Ricarda Merbeth, como Salomé, fue una usina de potencia vocal unida a una técnica impecable"

Por supuesto, ninguna puesta en escena de Salome puede sostenerse sin intérpretes de primer nivel. Ricarda Merbeth, en el rol titular, fue una usina de potencia vocal unida a una técnica impecable; en un único acto, sin pausas ni cortes, sostuvo un arco dramático continuo y absorbente: su solidez vocal y profundidad expresiva confirmaron su estatura como una de las grandes sopranos straussianas actuales. El bajo-barítono Egils Siliņš ofreció un Jochanaan de presencia rotunda, erigiéndose como el contrapeso perfecto de Salome: profeta, humano y a la vez objeto de deseo. Su voz, de proyección poderosa y dicción precisa, mantuvo siempre la tensión.

El otro eje estuvo conformado por Herodes y Herodías. Norbert Ernst delineó al primero con múltiples aristas —poder, lujuria y miedo—, con un desempeño vocal limpio, controlado y de gran claridad. En una interpretación muy convincente y sólida dramática y volcalmnete, Nancy Fabiola Herrera encarnó una Herodías encerrada en su propio cinismo: ajena a lo que ocurre a su alrededor, encuentra placer en la perversión del poder y en la escena final, donde observa a su hija con la cabeza del profeta . El resto del elenco completó un conjunto sólido, capaz de sostener con precisión el arco dramático.

La Orquesta, bajo la dirección de Philippe Auguin, cumplió un rol decisivo; en la ópera alemana, el conjunto instrumental no acompaña: narra. El drama está en la música misma. Auguin frente logró proyectar la arquitectura de la partitura con claridad, revelando su genialidad: la superposición de motivos, la alternancia entre lo sensual y lo violento, la orquestación como espejo del conflicto. Todo esto sin opacar las voces, en un balance preciso.

Al final, aparece la mano del hombre, literal y gigantesca sobre el escenario. Es el cierre de una puesta que logra atraer, ser contundente y, a la vez, abrir preguntas. Profundamente teatral, sí, pero sobre todo profundamente musical: una producción que ojalá en el futuro vuelva al escenario para resignificarse.  * Virginia CHACÓN DORR, corresponsal en Buenos Aires de ÓPERA ACTUAL

.wt-cli-cookie-bar-container { display: none !important; } #etiquetas_noticias_relacionadas, #pf-src-icon, #cabecera_noticia { display: none !important; } #pf-content #pf-header-img { max-height: 100px !important; margin-bottom: 40px !important; } #pf-content img { width: 100% !important; height: auto !important; } #printfriendly img { width: 100% !important; height: auto !important; }