CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Sini y Núñez, estrellas de 'La Traviata' del Municipal
Santiago de Chile
Teatro Municipal – Ópera Nacional de Chile
Verdi: LA TRAVIATA
Elisa Verzier / Alexandra Razskazoff, Jonas Hacker / Leonardo Sánchez, Alfredo Daza / Stephen Gaertner, Evelyn Ramírez / Pamela Zavala, Javier Weibel / Rodrigo Quinteros, Matías Moncada / Sergio Gallardo, Gonzalo Araya / Nicolás Noguchi, Francisco Salgado / Pedro Alarcón, Paola Rodríguez. Orquesta Filarmónica de Santiago. Coro del Teatro Municipal. Dirección musical: Leonardo Sini. Dirección de escena: Francisco Krebs. 20 y 23 de agosto de 2025.
La reposición de La Traviata diseñada por Pablo Núñez para el Teatro Municipal de Santiago, ahora completamente renovada, tuvo como gran figura al joven maestro italiano Leonardo Sini, que desde el podio se reveló como un intérprete de sorprendente madurez y hondura verdiana. Su lectura fue concentrada, sin excesos, siempre atenta al drama y con un cuidado extremo del detalle. Desde el preludio del primer acto, Sini supo imprimir esa fusión de transparencia y presagio que convierte a esta página en una de las más delicadas y reveladoras de la obra; la escena de la carta en el segundo acto emergió con sobria emoción, mientras que el preludio del tercero alcanzó un grado de desolación íntima de poderoso efecto. La Filarmónica de Santiago respondió con un trabajo refinado, en especial desde las cuerdas (agudas y graves) y maderas. Brillaron el clarinete (clave en «Addio del passato») y el oboe («Ah, fors’è lui»), que aportaron una paleta expresiva de singular belleza.
También en el plano colectivo se sintió la huella del maestro: el Coro del Municipal exhibió una disciplina minuciosa, con entradas precisas, progresiones de gran efecto e intenso fraseo. El gran concertato del final del segundo acto se alzó como uno de los momentos culminantes de la función, desplegando la energía coral y dramática que exige Verdi.
En lo visual, la producción contó con una régie adecuada (Francisco Krebs) en un marco clásico, con aciertos de belleza en las aperturas del primer acto y el cierre del segundo, y ciertos detalles efectivos como la lectura de manos en la fiesta de Flora y las condolencias del Doctor Grenvil a Alfredo antes de la muerte de Violetta. Sin embargo, se hizo evidente la necesidad de un trabajo más profundo en la dirección actoral de los protagonistas y en el movimiento de la masa coral. Imponente la escenografía de Pablo Núñez, autor también de un vestuario rico en detalles y que en el estreno de esta producción también dirigió la regia; su ambientación, tradicional, dialogó con la música y respetó la dramaturgia de Francesco Maria Piave. En medio de esa suntuosidad se insinuaba una cierta decadencia, muy acorde con la atmósfera de los actos en casa de Violetta y de Flora, en los cuales la elegancia convive con un aire de artificio y desgaste. La iluminación de Ricardo Castro contribuyó con climas sugestivos, especialmente en la intimidad del segundo acto y en la atmósfera sombría de la escena final.
En la función del 20 de agosto, la soprano Alexandra Razskazoff hizo un enorme esfuerzo al enfrentar un rol muy exigente para el que aún no posee los medios adecuados: su Violetta Valéry careció de variedad expresiva y de la amplitud de matices. En un papel de arco tan amplio, Elisa Vezier (23 de agosto), quien tampoco tiene la voz que Violetta precisa, destacó más bien por la fragilidad y delicadeza de su interpretación, logrando conmover en «Addio del passato» y en la escena de la muerte: fue muy aplaudida. En la primera fecha, el tenor Leonardo Sánchez (Alfredo) resultó convincente, aunque todavía falto de la madurez vocal y estilística que el joven Germont requiere. En cambio, el barítono Stephen Gaertner (Germont padre) se mostró sólido, con una línea de canto segura y presencia escénica impregnada de la severidad y dignidad necesarias. En el reparto siguiente, el tenor Jonas Hacker pareció del todo ajeno a lo que se espera de Alfredo en términos vocales y dramáticos, mientras que el barítono Alfredo Daza mostraba una voz de emisión imponente, pero velada y poco grata en el timbre, lo que impidió que su canto alcanzara la nobleza que Verdi demanda. * Juan Antonio MUÑOZ, corresponsal en Santiago de Chile de ÓPERA ACTUAL





