CRÍTICAS
NACIONAL
Sierra y Anduaga conquistan La Alhambra con 'Traviata'
Granada
Festival Internacional de Música y Danza de Granada
Verdi: LA TRAVIATA
En versión de concierto
Nadine Sierra, Xabier Anduaga, Karina Demurova, Gemma Coma-Alabert, Arthur Rucinski. Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real. Dirección: Henrik Nánási. Palacio Carlos V, 11 de julio de 2025.
El estreno veneciano de La Traviata de Verdi, como se sabe, fue un rotundo fracaso el público y crítica. Sin embargo, el tiempo ha elevado esta página hasta convertirla en una ópera icónica. Y es que, más allá de las melodías sugerentes fruto del genio de Busseto, se trata de una cruda reflexión sobre la moral, el amor y la redención en un mundo que utiliza a la mujer y la empuja hacia el abismo. Esa carga emocional fue la que encarnó la soprano estadounidense Nadine Sierra el pasado viernes en el Palacio de Carlos V, dentro de la programación del Festival de Granada, en la propuesta (en versión de concierto) de la compañía del Teatro Real bajo la inspirada batuta de Henrik Nánási, con el tenor Xabier Anduaga en el rol de Alfredo. Dos intérpretes que personifican los atributos vocales y escénicos que exige Traviata. Y así lo demostraron, acompañados de un elenco desigual.
La obra, que se está ofreciendo escenificada en el Teatro Real desde junio, en realidad se presentó en el escenario del Carlos V con una cierta semiescenificación. Nánási, al mando de la Orquesta del Teatro Real y del Coro del coliseo que dirige José Luis Basso, propuso un atento acompañamiento a los solistas, construyendo al mismo tiempo, con el conjunto orquestal y la masa coral, los distintos vectores que tensan y conducen al trágico destino de Violetta sobre un inmenso crescendo dramático.
Sierra es Violetta. Lo es por derecho propio, tanto por sus cualidades vocales como por su fuerte presencia escénica, esta última una virtud al alcance de pocos; transitó desde los brillos belcantistas y ligeros del primer acto hasta la carnalidad íntima del capítulo final. Sus notables filati, alargando notas en pianísimo, su dicción cristalina al servicio del canto y la interpretación, junto a un centro vocal tornasolado, son algunas de las virtudes que firmaron un primer acto que demostró su sólida técnica. Estuvo perfectamente compenetrada con el otro gran artífice de la noche: el tenor español Xabier Anduaga, cuyo virtuosismo y musicalidad quedaron expuestos en su característico timbre y en un registro medio sólido y valiente que le permite alcanzar las notas altas con naturalidad y cuerpo. Su vocación belcantista brilló especialmente en el segundo acto, enmarcándolo como uno de los momentos más intensos del drama. A ello se sumó su presencia escénica y un empaste atento con su partenaire.
El barítono polaco Artur Ruciński dio vida a Giorgio Germont; tras una aria bien resuelta en el segundo acto, mostró inteligencia interpretativa y solvencia vocal, aunque su emisión pareció resentirse levemente en el tercero. Por su parte, Giacomo Prestia como el Dottore Grenvil, logró un cierre conmovedor, recordando que la experiencia, en ópera, siempre suma. Entre los secundarios, ocurre a veces que la distancia con los protagonistas parece insalvable, pero también se confirma una verdad tantas veces repetida como cierta: en la lírica no hay papeles pequeños. Así lo demostró un desconocido barítono del Coro del Teatro Real, Javier A. González, con una única frase que merece, al menos, una mención especial. * Alejandro FERNÁNDEZ, corresponsal en Granada de ÓPERA ACTUAL
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