Puccini fluye con gracia en el Pérez Galdós

Las Palmas de Gran Canaria

19 / 02 / 2025 - Agustín AROCHA - Tiempo de lectura: 3 min

puccini las palmas Jonathan Tetelman y Carmen Giannattasio en 'Le Villi' © ACO
puccini las palmas Jonathan Tetelman y Carmen Giannattasio en 'Il Tabarro' © ACO
puccini las palmas Jonathan Tetelman y Carmen Giannattasio en 'Il Tabarro' © ACO

Asociación Canaria de la Ópera (ACO)

Puccini: IL TABARRO / LE VILLI

Inauguración de la temporada

Jonathan Tetelman, Carmen Giannattasio, Dario Solari, Max Hochmuth, David Barrera, Alessandra Della Croce, Francisco Navarro, Marina Díaz, Giacomo Capitta, Giuseppe Reggiori. Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Dirección musical: Lorenzo Passerini. Dirección de escena: Daniele Piscopo. Teatro Pérez Galdós, 17 de febrero de 2025.

La 58ª Temporada de la Asociación Canaria de la Ópera (ACO) arrancó con toda una sorpresa, por poco usual: la representación conjunta de Il Tabarro y Le Villi (ver previa en este enlace), dos óperas de Giacomo Puccini cuya combinación responde a la voluntad del compositor, quien en su momento contempló esta unión en lugar de incluir la primera dentro de Il Trittico. Il Tabarro, de acento verista solo se había representado una vez en la historia del festival, y en este esperado regreso volvió a sobrecoger al público con su atmósfera sombría, su orquestación brillante y su desgarradora trama. Le Villi, la primera ópera concebida por el compositor, se estrenaba en la temporada grancanaria desplegando una narrativa de corte sobrenatural que no abandona el lirismo y la expresividad propios de su autor.

Todo fluyó en una velada que fue de menos a más. La Filarmónica de Gran Canaria, bajo la dirección musical de Lorenzo Passerini, consiguió transitar de forma sobresaliente desde el verismo maduro de Puccini en Il Tabarro, con texturas orquestales densas, cuasi cinematográficas —muy bien llevado el uso de cuerdas graves y maderas creadoras de la necesaria atmósfera opresiva y melancólica— y desde el uso de disonancias y armonías audaces de tinte expresionista, al magnífico melodismo lírico de Le Villi, cargado de grandes contrastes entre lo dramático y lo melancólico. Desde la regia, Daniele Piscopo también presentó una puesta en escena progresiva: si bien en la primera todo se encuadraba en el marco lúgubre y sombrío de los muelles del Sena en París, con una foto fija realista centrada en el triángulo amoroso protagonista, la segunda se apoyaba en impactantes proyecciones —a las que acompañó la excelente narración de Giuseppe Reggiori— y un tratamiento adecuado de la luz que facilitaron la transición desde lo pastoral a lo demoníaco, sobre todo desde el intermezzo al segundo acto, realzando aún más, si cabe, el omnipresente ballet que vertebra la obra.

"La técnica de Jonathan Tetelman combinó potencia y flexibilidad, permitiéndole transitar entre el lirismo y la intensidad dramática con fluidez, mientras que su registro superior brilló con proyección natural y control de las estridencias"

Todo el elenco protagonista debutaba en ambos roles, sin que ello los desmereciera, sino todo lo contrario. Jonathan Tetelman estuvo magnífico durante toda la representación, aunque con el Roberto de Le Villi rozó lo magistral, tanto vocal como interpretativamente; la voz de lírico-spinto de este tenor estadounidense de origen chileno fue cálida y aterciopelada, con un centro oscuro y agudos vibrantes; su técnica combinó potencia y flexibilidad, permitiéndole transitar entre el lirismo y la intensidad dramática con fluidez, mientras que su registro superior brilló con proyección natural y control de las estridencias. Su segundo acto fue más que sobresaliente, llevándose como premio una cerrada y prolongada ovación. Carmen Giannattasio estuvo igualmente al nivel de su coprotagonista, tanto abordando Giorgietta como Anna, mostrando un timbre metálico y homogéneo, con agudos potentes que le permiten abordar estos roles de gran intensidad dramática. Aunque su dicción podría mejorar en claridad, su entrega escénica y su compromiso interpretativo reforzaron mucho su actuación.

En el caso de Darío Solari, su Michele y su Guglielmo lucieron gracias a su timbre robusto, con una emisión sólida que abarca todo su registro, muy loable para este tipo de roles; el barítono uruguayo destacó también por una presencia escénica solemne, sin embargo, en ocasiones su interpretación podría beneficiarse de una mayor dosis de matices emocionales.

Entre los comprimarios destacó la riqueza vocal de Max Hochmuth, cuya voz se distingue por una profundidad resonante y una riqueza tonal que aportó gravedad y autoridad a su personaje. La versatilidad vocal y prestancia de Alessandra Della Croce como La Frugola en Il Tabarro fueron notables, así como la voz de David Barrera, poseedora de un brillo natural que se despliega con facilidad, sostenida por una emisión bien colocada y una dicción clara.

Gran hacer el del resto del reparto, con mención especial al Coro de ACO, con Olga Santana al frente, cuyos miembros cumplieron como bloque con la dificultad añadida del brío y dramatismo que exige Le Villi como partitura. Destacó también el ballet Natalia Medina Compañía de Danza, que aportó color y marcó el pulso dramático de la última propuesta.  * Agustín AROCHA, corresponsal en Las Palmas de Gran Canaria de ÓPERA ACTUAL

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