'Macbeth' y la tensión como motor dramático

Córdoba

16 / 03 / 2026 - Alejandro FERNÁNDEZ - Tiempo de lectura: 3 min

La producción de Carmen Guerra de 'Macbeth' © IMAE / Rafael ALCAIDE
Javier Franco y Carmen Solís, protagonistas de 'Macbeth' © IMAE / Rafael ALCAIDE
La producción de Carmen Guerra de 'Macbeth' © IMAE / Rafael ALCAIDE

Gran Teatro de Córdoba

Verdi: MACBETH

Javier Franco, Carmen Solís, Alejandro López, Santiago Vidal, Rafael Díaz, Lucía Tavira y Gregorio García. Dirección de escena: Carmen Guerra. Dirección musical: Salvador Vázquez. 13 de marzo de 2026.

La producción escénica de Macbeth de Verdi, procedente del Teatro Villamarta de Jerez (2009) y confiada a la sensibilidad del desaparecido José Luis Castro —dedicatario de esta reposición—, fue la protagonista del único título lírico de la temporada en el Gran Teatro de Córdoba este pasado fin de semana. Con el cartel de «no hay billetes» en taquilla desde hacía semanas, la cita supone un paso más en la madurez de la afición cordobesa, que supo reconocer el esfuerzo de la batuta, del coro y del cuidado elenco en el que destacaron los debuts en los roles titulares de Carmen Solís y un decidido Javier Franco.

La dirección de escena, confiada en esta ocasión a Carmen Guerra, supo mantener la tensión ideada por Castro, haciendo de la necesidad virtud dadas las limitaciones escénicas del Gran Teatro. No obstante, esa sensación de compresión y cierto hieratismo se vio reforzada por unos dilatados cambios escénicos que no favorecieron la continuidad dramática, resultando en ocasiones interminables. Asimismo, la presencia constante del velo en la boca del escenario por los requerimientos de los recursos infográficos jugó en contra de la agilidad visual, a pesar del excepcional trabajo de iluminación y el vestuario del siempre sensible Jesús Ruiz, atento de forma constante a la comodidad en las tablas de solistas y coro.

El trabajo del maestro Alejandro Muñoz al frente del Coro de Ópera de Córdoba dio sus frutos ante una notable evolución de las cuerdas respecto a la Traviata de la pasada temporada; ha calado la profundidad de un conjunto sólido y compacto en los momentos a tutti, aunque se mostró algo más frágil en los divisi, especialmente en las escenas de las brujas, en contraste con la firmeza del «Patria oppressa» al inicio del cuarto acto. Con todo, el gran valor del conjutno radica actualmente en sus secciones femeninas, frente a unos tenores y bajos algo menos definidos.

Desde el foso, resultó excepcional el trabajo de los profesores de la Orquesta de Córdoba, con una emisión paralela a las exigencias verdianas. Destacaron los pasajes a solo en las introducciones de los cuatro actos, resultado de una comunicación orgánica entre las secciones y la batuta de su director titular, el maestro Salvador Vázquez; músico entregado, supo extraer lo mejor de la formación marcando tiempos ágiles —todo un acierto para el desarrollo del drama y el apoyo al elenco—, destacando especialmente el color de maderas y cuerdas, así como la rotundidad de los bronces.

"Javier Franco y Carmen Solís no defraudaron en sendos debuts de rol y supieron trasladar la oscuridad y los pliegues psicológicos de sus personajes"

Javier Franco y Carmen Solís no defraudaron en sendos debuts de rol que prometen solvencia y seguridad en futuras producciones. Ambos solistas supieron trasladar la oscuridad y los pliegues psicológicos de sus personajes; el barítono gallego fue creciendo desde el inicio, reforzando además el desempeño actoral de la soprano, quien supo acumular tensión hasta su definitiva escena de sonambulismo, «Una macchia è qui tuttora». Por su parte, Alejandro López defendió un Banquo más definido, tanto en lo actoral como en lo canoro, respecto a la producción jerezana del año pasado, sumándose a ellos el sólido trabajo de los tenores Santiago Vidal (Macduff) y Rafael Díaz (Malcolm). Mención aparte merecen la solvencia del bajo Gregorio García, especialmente en su intervención como Médico («Di pazzia suon son questi»), y la soprano cordobesa Lucía Tavira, cantante de recursos, resuelta en escena y generosa en su emisión.

El esfuerzo del Gran Teatro al programar una ópera de tanta exigencia tuvo su recompensa en el reconocimiento del público ante un título de indudable calado. Esta respuesta deja sobre la mesa la necesidad de seguir apostando por el género lírico: una sola cita por temporada empieza a saber a muy poco para una ciudad que ha demostrado estar a la altura de las exigencias del gran repertorio.  * Alejandro FERNÁNDEZ, crítico de ÓPERA ACTUAL 

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