CRÍTICAS
NACIONAL
La reina de las hadas baila 'break dance' en el Maestranza
Sevilla
Teatro de La Maestranza
Purcell: THE FAIRY QUEEN
Versión semiescenificada
Paulina Francisco, Georgia Buzaschko, Rebecca Leggett, Juliette Mey, Ilja Aksionov, Rodrigo Carreto, Hugo Herman-Wilson y Benjamin Schilperoort. Compañía de danza Käfig. Les Arts Florissants. Dirección musical: Paul Agnew. Dirección de escena y coreografía: Remi Autechaud. 23 de noviembre de 2025.
Los resortes que activan que un espectáculo sea un éxito absoluto no siempre están, de antemano, tan claros como parecen. Es evidente que la música de Henry Purcell para la ópera mascarada The Fairy Queen es de una belleza muy accesible; sin embargo, la propuesta que presenta en gira la orquesta francesa Les Arts Florissants y que recaló en el Teatro de La Maestranza, junto con los cantantes de la edición undécima de su serie formativa Le Jardin des Voix, venía acompañada de una propuesta escénica mínima de Remi Autechaud (ver previa en este enlace).
En una discutible decisión, Autechaud prescinde de trabajar la iluminación dejando el espacio vacío en penumbra para centrarse en dos aspectos; uno mucho más destacado que otro, aunque ambos apreciables. De un lado, su Fairy Queen es una celebración de la danza urbana, especialmente del hip hop y del break dance —a cargo de los experimentados bailarines de la compañía Käfig—; de otro, una hermosa complicidad entre cantantes y bailarines; una exaltación de la juventud y del buen entendimiento; algo que saltó desde los primeros compases del escenario al público. Así fue como este acabaría vitoreando con una ovación gigantesca una producción espartana, musicalmente brillante, y en la que la partitura barroca se envolvió con naturalidad con una danza diametralmente opuesta a cualquier idea de criterio histórico. Desde luego este quedó circunscrito a la luminosa, ágil y empastadísima versión de Les Arts Florissants, al frente del cual un muy cómplice Paul Agnew extrajo un sonido cargado de energía pese a que la ubicación de la orquesta, algo retranqueada en la escena, restaba volumen a la ejecución.
Mención expresa para los intérpretes de trompetas naturales, que no dieron una sola nota en falso, y también para el concertino Emmanuel Resche-Caserta, quien se levantó de su asiento y se situó a pie de escenario para acompañar el canto de Juliette Mey en el aria de The Plaint, dicha con un vibrato muy medido, la voz bien centrada y proyectada y un tono arrobado que benefició el impacto que causó la interpretación.
Hubo, se insistirá en ello, una extraordinaria compenetración entre voces y bailarines. Los cantantes destacaron en su buen hacer coral, que denotó un importante trabajo previo de empaste y afinación; pero también lo hicieron cada uno de ellos en sus respectivos momentos de lucimiento. Convincente y severa la voz de Benjamin Schilperoort, más aún la del barítono Hugo Herman-Wilson, como poeta borracho, introducido desde la batuta de Agnew con una mordaz desafinación de las cuerdas. Sobresalió también la mezzo británica Rebecca Leggett, al igual que la soprano estadounidense Paulina Francisco, una voz que todavía debe crecer más en volumen y aplomo, pero que resultó de un esmalte bello y muy poco visto en el repertorio barroco. Algo menos en estilo, la mezzo Georgia Burashko quizás tenga en otros ámbitos estéticos más que contar con su canto. Un punto tembloroso, aunque con canto delicado se apreció al tenor Ilja Aksionov; idéntica apreciación que se puede hacer de otro tenor, el portugués Rodrigo Carreto, de excelentes reguladores y atractivo mordiente en «See my many colour’d fields». * Ismael G. CABRAL, corresponsal en Sevilla de ÓPERA ACTUAL
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