CRÍTICAS
INTERNACIONAL
La ‘Forza’ integral de Chailly y Netrebko
Milán
Teatro alla Scala
Verdi: LA FORZA DEL DESTINO
Inauguración de la temporada. Nueva producción
Anna Netrebko, Luciano Ganci, Ludovic Tézier, Alexander Vinogradov, Vasilisa Berzhanskaya, Marco Filippo Romano, Carlo Bosi, Marcela Rahal, Huanhong Li, Xhieldo Hyseni. Dirección musical: Riccardo Chailly. Dirección de escena: Leo Muscato. 16 de diciembre de 2024.
La temporada 2024-2025 no podía haber comenzado mejor en el Teatro alla Scala gracias a una aplaudida nueva producción de La forza del destino, precisamente en la versión que se estrenó en este escenario en 1869 y que ahora, con la dirección musical de Riccardo Chailly, se ha ofrecido en su integridad, cosa nada frecuente, ya que la longitud y la complicada dramaturgia de la obra ha obligado tradicionalmente a aplicar cortes aunque sean casi imperceptibles, en concertantes y arias. Una lectura, además de integral, apasionante por vehemencia, ritmo en la narración de esta monumental partitura, rica de efectos y emociones que daba forma al drama del sino sugerido por Saavedra. Este enorme fresco, en el cual el romanticismo hispánico se une al melodismo italiano, no sería posible sin el aporte de una orquesta formidable, sin duda alguna gran especialista del repertorio italiano y particularmente de Verdi, y el no menos impactante coro, cuyo nivel hasta en las voces solistas no tiene rivales, instruido magníficamente por Alberto Malazzi.
El reparto ha parecido también el mejor posible hoy por hoy, empezando por la cautivadora y carismática protagonista, Anna Netrebko, una superlativa Leonora: encontrarle defectos a su interpretación parece ser la manía de algunos, pero ¿quién no los tiene? Se le puede reprochar algún desliz en la entonación, un oscuramiemto excesivo de algunas vocales, pero la interpretación y la personalidad son de nivel superior, el agudo proyectado con valentía y atino, y un uso de paleta de colores sencillamente michelangiolesco por matices que se manifiestan en pianísimos celestiales en messe in voce angelicales. El público se quedó afónico al aclamarla tras cada aria y al final, al aparecer sola al escenario. Brian Jadge, tras haber cancelado en el Liceu como protagonista de este mismo título, canceló también en La Scala tras el estreno, ya que acaba de ser padre. Para romper la fama de ópera gafe llegó Luciano Ganci para interpretar el papel de Don Álvaro: el tenor romano obtuvo un merecido éxito demostrando poseer una técnica perfecta que le permite una extensión sin problemas en el extremo agudo, pero lo más importante es su habilidad en el fraseo, ofreciendo sentido a la palabra cantada con unos acentos y una incisividad de alta escuela italiana. Ludovic Tézier fue un modélico Don Carlo: reivindicativo pero noble, entregado a un canto pluscuamperfecto y pletórico de voz.
Muy bien los roles di fianco que en esta ópera adquieren importancia fundamental: el Padre Guardiano del bajo Alexander Vinogradov, pese a una articulación un tanto eslava, fue muy convincente. Aún más la Preziosilla de la mezzo Vasilisa Berzhanskaya, fácil en el agudo en un rol muy expuesto. Excelente, por la línea de canto y contenida comicidad, el Fra Melitone de Marco Filippo Romano, en un rol al que Verdi dio mucha importancia musical y dramática. Perfectos el Trabuco del tenor Carlo Bosi, heredero de una tradición que remonta a Piero de Palma, la Curra de Marcela Rahal, el notabilísimo Alcalde del bajo Huanhong Li y también el episódico Cirujano de Xhieldo Hyseni.
Faraónica la puesta en escena, como corresponde a una inauguración de temporada en La Scala; una plataforma circular eficaz al mostrar los distintos ambientes necesarios era el corazón de la escenografía de Federica Parolini. Leo Muscato, el director de escena, apostó por una regia más bien tradicional, indicando los horrores de la guerra a través de cuatro épocas –el siglo XVIII del libreto, mediados del XIX, Primera Guerra Mundial y la actualidad– choca con las indicaciones del libreto y resulta previsible y poco novedosa. Atractivo el vestuario de Sylvia Aimonino, buena iluminación la de Alessandro Verazzi y la coreografía de Michela Lucenti. Hay que reconocer que se trata del típico spettacolone que gusta a la mayoría del público y el de La Scala no es excepción. * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL
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