CRÍTICAS
INTERNACIONAL
'La forza' con Netrebko. Cuando la guerra desdibuja el destino
Zúrich
Opernhaus Zürich
Verdi: LA FORZA DEL DESTINO
Nueva producción
Stanislav Vorobyov, Anna Netrebko, George Petean, Yusif Eyvazov, Annalisa Stroppa, Michele Pertusi Roberto Fontali, Natália Tuznik, Lobel Barun, Tomislav Jikic, Max Bell. Dirección musical: Gianandrea Noseda. Dirección de escena: Valentina Carrasco. 2 de noviembre de 2025.
La nueva producción de La forza del destino en la Opernhaus Zürich llegó acompañada de un clima poco habitual. El regreso de Anna Netrebko al teatro —ausente desde su Anna Bolena de 2014— y tras la cancelación de Macbeth en 2022, coincidió con un intenso debate público en Suiza sobre la conveniencia de su participación en el principal escenario lírico del país: durante semanas los medios generalistas y culturales discutieron el papel y la responsabilidad de los artistas en tiempos de conflicto, proyectando sobre la soprano un debate que excedió lo operístico. A las puertas del teatro, una veintena de personas se manifestaron pacíficamente con banderas ucranianas, mientras en el interior se respiraba el ambiente de las grandes noches: las funciones con la soprano se agotaron hacía semanas.
La propuesta escénica de Valentina Carrasco sitúa la acción en una Suiza sacudida por una invasión contemporánea. Sin identificar al agresor, el montaje recrea la ocupación de los medios de comunicación, símbolos nacionales alterados —como la bandera modificada que sustituye a la suiza en el centro de congresos de Davos— y postales de edificios emblemáticos destruidos. El concepto, sugerente, terminó convertido en una retórica bélica más empeñada en subrayar que en iluminar el drama; la acumulación de imágenes de violencia y símbolos destruidos generó impacto, sí, pero de corto recorrido emocional. Convertir a Don Alvaro en un comandante del ejército invasor —y no en el extranjero mestizo del libreto— diluyó el conflicto identitario y xenófobo que desencadena la tragedia; de igual modo, la conversión del monasterio en una Fraumünster militarizada restó profundidad espiritual al recorrido de Leonora. Hubo decisiones pertinentes, como una Preziosilla convertida en agitadora que canaliza la manipulación colectiva o un Fra Melitone menos bufonesco y más ácido; pero la dirección de actores resultó irregular y la escena final en el Palais des Nations, con Leonora armada, rompió la lógica poética de la obra.
En el plano musical, Gianandrea Noseda firmó una lectura intensa, detallada y sólidamente construida. La obertura mostró una progresión narrativa firme y una administración eficaz de la tensión; “La vergine degli angeli” respiró con amplitud y refinado equilibrio dinámico; y la escena entre Leonora y Padre Guardiano alcanzó una hondura espiritual que la propuesta no siempre favorecía. El desarrollo del arco que va del juramento de amistad de “Solenne in quest’ora” al posterior enfrentamiento entre Carlo y Alvaro en el monasterio se sostuvo con tensión y claridad, sin perder el sello verdiano. Solo algún exceso de metal endureció puntualmente el color de la orquesta. El Coro masculino brilló con especial intensidad en el inicio del tercer acto, con un “Compagni, sostiamo!” de notable belleza y densidad expresiva, verdadero remanso poético dentro del conflicto.
Anna Netrebko ofreció una Leonora más depurada y creíble que en su reciente encarnación en La Scala: voz más ligera y flexible y, pese a cierta obstinación en oscurecer un timbre de gran belleza en su zona lírica, supo mantener un fraseo elegante y una musicalidad interiorizada. “Madre pietosa Vergine” destacó por su nobleza y línea, y en “Pace, pace, mio Dio!”, recibido con una intensa ovación, logró uno de los momentos más íntimos de la noche con un “Invan la pace” atacado en pianísimo y sostenido con delicadeza y tensión emocional.
La aportación de Yusif Eyvazov resultó más discutible; la entrega no puede sustituir estilo, y en Verdi esto se paga. La voz avanzó sobre la base de empuje más que de línea y le faltó nobleza, estilo e italianità, con un resultado globalmente insuficiente; su aria fue acogida con aplausos generosos, si bien la recepción no alcanzó la unanimidad que sí obtuvo su compañera. George Petean delineó un Don Carlo de gran clase verdiana, con línea noble, dicción ejemplar y una “Urna fatale” construida con inteligencia y tensión dramática sin perder elegancia. Michele Pertusi aportó autoridad natural y una lección de estilo como Padre Guardiano, devolviendo al personaje la dimensión espiritual que el planteamiento escénico había diluido. Annalisa Stroppa compuso una Preziosilla carismática, bien proyectada y coherente con el concepto, muy cómoda sobre todo en la zona media y aguda. Roberto Frontali sobresalió como Fra Melitone, construyendo un personaje de ácida lucidez moral sostenido en un canto firme y una dicción precisa, y fue justamente reconocido por el público. * Albert GARRIGA, corresponsal en Zúrich de ÓPERA ACTUAL





