CRÍTICAS
NACIONAL
Javier Franco, felices 25 años de carrera
A Coruña
Amigos de la Ópera de A Coruña
Recital de JAVIER FRANCO
Celebración de 25 años de carrera
Obras de Tosti, Rossini, Verdi, Puccini, Giordano, Strauss, Piazzolla, Grever, Durán, López-Chávarri, Sorozábal, Soutullo/Vert y Obradors. José Ramón Martín, piano. Teatro Rosalía, 15 de septiembre de 2024.
Dentro del ciclo Os nosos intérpretes, la Asociación de Amigos de la Ópera de A Coruña invitó al barítono local Javier Franco (ver entrevista en este enlace) a celebrar ante su público sus 25 años de carrera como cantante lírico. Y para tal conmemoración, el intérprete explicó a los aficionados que llenaban el Teatro Rosalía que el programa estaría compuesto por piezas que han tenido que ver con lo que llamó «mi desarrollo». Esa comunicación entre Franco y el patio de butacas fue constante a lo largo de la velada, y le aportó no solo una mayor comprensión a lo interpretado, sino un añadido de emotividad, donde el cantante se abrió para confesar que «una carrera operística no es un camino de rosas». En su relato no esquivó las estrecheces de las noches que durmió en el coche mientras esperaba una oportunidad de los teatros italianos o cómo los concursos de canto suplían los papeles que no llegaban para ir sobreviviendo.
Tras una larga trayectoria, el instrumento del barítono se mantiene firme en el agudo, sonoro y con brillo, aunque, como es lógico, presenta leves síntomas de desgaste; al timbre le ha faltado siempre ese punto de color y finura que en su momento lo hiciera diferente, pero que en esta ocasión se suplió con la capacidad de un intérprete que sabe decir y que se entrega. Calentó la voz con dos canciones de Tosti y se asomó a la ópera con la cavatina del Fígaro de Il Barbiere di Siviglia, una de las arias de sus primeros años. Como él mismo reconoció, «¡cuánto pesa esto!». En efecto, la voz demostró estar un poco dura para las ligerezas rossinianas y se encontró mucho más cómodo en la invectiva del Rigoletto, primer pellizco emocionante de la noche, pieza sentida. No alcanzó ese clímax en «O Carlo, ascolta», recortando a la mitad la gran escena de Rodrigo de Posa. Y sorprendió al público atreviéndose con un firme «Nemico della patria», un rol que todavía tiene pendiente por encarnar.
En la segunda parte vinieron los mejores momentos con las dos selecciones de zarzuela, género en el que Franco demostró su buen hacer. La romanza «Calor de nido» de la Katiuska y «Ya mis horas felices» de La del Soto del Parral demostraron su cuidado de la palabra y un fraseo claro y nítido, a lo que se sumó una presencia escénica muy expresiva. Un canto con mucho gusto. Una pena que no profundizara en este viaje por el género lírico español. Menos lucidas, por poco idiomáticas y por una interpretación alejada de la introspección que exige, fueron las tres canciones iniciales de Strauss: el Lied pide otra cosa, aunque intentó encontrarle el punto con medias voces y notas sobre un susurro en «Morgen». Completó el programa con canciones populares («Te quiero dijiste», «El vito»), una página del autor gallego Juan Durán («Guiomar») y una versión de Tosti con un acompañamiento al piano con tintes más latinos.
Mención destacada para José Ramón Martín al piano: no solo se acopló al detalle con el intérprete, sino que aprovechó sus piezas solistas para apostar por obras no tan rematadamente manidas: así se pudo escuchar una interesantísima «El viejo castillo moro», del compositor valenciano Eduardo López-Chavarri, además de una introducción del tercer acto de La forza del destino, una página de Piazzolla («Verano porteño») o el intermezzo de Manon Lescaut. Se dice que «a quien da lo que tiene no se le puede pedir más», y la máxima encaja como un guante ante la honesta y solvente entrega de Javier Franco. Y no siempre suele ser así en estos recitales con aroma a celebración de una carrera. * José Luis JIMÉNEZ, corresponsal en A Coruña de ÓPERA ACTUAL





