CRÍTICAS
INTERNACIONAL
El auténtico fresco dramático de ‘Simon Boccanegra’
Roma
Teatro dell'Opera di Roma
Verdi: SIMON BOCCANEGRA
Nueva producción
Eleonora Buratto, Luca Salsi, Michele Pertusi, Stefan Pop, Gevorg Hakobyan, Leone Leoni. Dirección musical: Michele Mariotti. Dirección de escena: Richard Jones. 27 noviembre 2024.
En este Simon Boccanegra del Teatro dell’Opera de Roma predomina una atmósfera oscura, a la que contribuyen los decorados nocturnos, las estrechas callejuelas genovesas, los sombríos palacios medievales y, sobre todo, los personajes dominados por el odio y la sed de poder, más que por el amor. Para expresar estas violentas pasiones, Verdi profundiza en el alma de los personajes sin recurrir a exageraciones, por lo que es, precisamente, su gran atención a los sutiles matices orquestales cómo Michele Mariotti ha dotado a su versión de una fuerte y auténtica tensión dramática: su dirección es muy teatral en las páginas más vehementes, como en el choque de las dos voces graves de Simone (barítono) y Jacopo Fieschi (bajo), y sobre todo en la escena del Gran Consiglio, cuando las pasiones de los protagonistas y la oposición política entre la plebe y la nobleza estallan abierta y violentamente: Mariotti realiza un fresco sonoro poderoso y grandioso, al que contribuyen una orquesta en excelente forma (espléndidos los instrumentos de metal) y el coro, uno de los grandes protagonistas de esta representación.
Con su hermosa voz de barítono, Luca Salsi interpretó a un Simone rico en matices expresivos, en la línea de la interpretación de Mariotti, superando así una cierta monotonía que se aprecia en algunos de sus otros personajes. Llegado a este punto de su carrera, en el que su gran madurez como intérprete debe ajustarse a una voz cada vez menos llena y poderosa, Michele Pertusi interpretó magníficamente a un personaje introvertido y atormentado como es Jacopo Fieschi, mientras que Eleonora Buratto dibujaba una Amelia intensamente expresiva, con una vocalidad pura y clara. Stefan Pop cedía aquí y allá a la tentación de lucir su voz de tenor, de bello color y bien timbrada, y en conjunto ofreció una buena interpretación del joven y enamorado Gabriele Adorno. También convenció la pareja formada por Gevorg Hakobyan, el pérfido Paolo, y su cómplice, Leone Leoni, Pietro.
El director Richard Jones, con la colaboración del escenógrafo y diseñador de vestuario Antony McDonald, subraya desde el principio la clara oposición política entre el pueblo y la aristocracia, que es el tema central de la obra, a partir del cual se desarrolla la tragedia en la que se ven envueltos todos los personajes. Como ya es habitual en el vestuario operístico de muchos montajes, los trajes modernos se mezclan con suntuosos diseños de época para simbolizar que esta historia transcurre en el siglo XIV, pero que es eternamente actual. Por la misma razón, las calles y palacios de Génova que se integran en la escenografía no pueden atribuirse a ninguna época concreta, sino que recuerdan a los cuadros del periodo metafísico de Giorgio de Chirico. Las pasiones y las situaciones se expresan con eficacia y sobriedad. Todo funciona correctamente en el prólogo y el primer acto, mientras que en el segundo y el tercero varios detalles innecesarios distraen del núcleo dramático de la ópera. Y la verdad es que la presencia del coro estropea la sublime escena final, cuando Simone debería morir rodeado únicamente de sus seres queridos y la voz del coro debería salir de entre bastidores. * Mauro MARIANI, corresponsal en Roma de ÓPERA ACTUAL
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