CRÍTICAS
NACIONAL
Bilbao: Dido, reina del cabaret
Teatro Arriaga
Purcell/Marlowe: DIDO AND AENEAS / DIDO QUEEN OF CARTAGHE
Nueva producción
Nerea Berraondo, León de la Guardia, Naroa Intxausti. Actores y actrices, voces solistas y coro. Orquesta Propitia Sydera Bilbao. Dirección: Petros Bakalakos. Dirección de escena: Barbora Horáková Joly. 4 de mayo de 2019.
Resultó equívoco titular este espectáculo como Dido y Aeneas pues fue más bien una transposición a tiempos de la Belle époque de la obra teatral de Christopher Marlowe Dido, Reina de Cartago –traducida al euskera– a la que se le incrustan grandes partes de la ópera de Purcell, con libreto de Nahum Tate, una nueva producción del Arriaga que une estas dos piezas maestras a ritmo de cabaret.
Si bien sirvió de hilo conductor y de música escénica, la partitura de Purcell en realidad no fue más que un acompañamiento a una versión –descarada y transgresora, atrevida dentro de unos límites y rompedora sin traspasar la línea roja– de la citada tragedia de Marlowe. Sobre las tablas, un cabaret de los años veinte del pasado siglo, con una barra de bar a un lado del patio de butacas, en medio una pista de baile que invade la platea; allí transcurre la mayoría de las acciones teatrales en un bien conducido totum revolutum de actores y actrices, algunos de ellos doblando como solistas y en coro, y bailarines, muchos de ellos ocupándose, como gimnastas, por ejemplo, en escenas colaterales ajenas al argumento.
La propuesta de Barbora Horáková Joly es provocativa, pero a la vez cautivadora gracias en parte a la imaginativa escenografía de Eva Maria Van Acker y a la muy lograda iluminación, ágilmente cambiante, que firma Michael Bauer.
© Teatro Arriaga / E. MORENO ESQUIBEL Nerea Berraondo y León de La Guardia pusieron las voces principales como Dido y Eneas
Las voces principales fueron las de Nerea Berraondo como Dido, León de La Guardia como Eneas y Naroa Intxausti encarnando a Belinda; cumplieron los tres con buena capacidad vocal, desenvoltura, estilo, musicalidad y facilidad actoral. Lo mismo debe decirse de los otros solistas vocales que además de formar un bien unido coro actuaron como grandes profesionales del teatro.
Musical y escénicamente el conjunto resultó un espléndido espectáculo, lastrado en parte por falta de información: un programa de mano no solo debe servir para mostrar las fotos de los artistas y de los responsables de un espectáculo, también para informar cumplidamente sobre la puesta en escena y, esta vez, como en otras ocasiones, la sesión tenía complejidad suficiente como para dar explicación amplia de las, en este caso, ópera y tragedia poética que se unificaban, de la intencionalidad de la adaptación y, ¿por qué no?, del texto entero puesto en papel, negro sobre blanco. Más necesario que nunca en esta ocasión, pues tres líneas –textos original inglés y dos traducciones– proyectadas en los sobretítulos (mala base para el requerido contraste) no fueron garantía de buena lectura. Que no sea por dinero, pues en los teatros de medio mundo junto a una hojita con los mínimos detalles, suele venderse –precio aparte del de la entrada– la información necesaria… O puede mostrarse en la página web del teatro, sin más costo que el del necesario esfuerzo.
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