CRÍTICAS
NACIONAL
ABAO Bilbao Opera celebra a Puccini con su monumental ‘Trittico’
Bilbao
ABAO Bilbao Opera
Puccini: IL TRITTICO
Nueva producción
Carlos Álvarez, Ángeles Blancas, Marco Berti, Ana Ibarra, Chiara Isotton, Karita Mattila, Sofía Esparza, Ioan Hotea, Stefano Palatchi. Dirección musical: Pedro Halffter. Dirección de escena: Paco Azorín. Palacio Euskalduna, 23 de noviembre de 2024.
ABAO Bilbao Opera estrenó el sábado Il Trittico (ver previa en este enlace) haciendo coincidir esta première local con la conmemoración del centenario del fallecimiento del compositor. Nunca antes vista en Bilbao, el espectáculo concebido por Puccini es una pequeña colección de tres óperas en un solo acto, como si de un álbum de miniaturas se tratase, que observan los conocidos temas del amor y la muerte –eros ke thanatos– desde distintos ángulos. Concebidas para ser interpretadas juntas, es muy poco habitual, sin embargo, que esto suceda por motivos tanto técnicos como económicos, pero la asociación bilbaína, que de órdagos entiende bastante –aún está muy reciente el ambicioso proyecto Tutto Verdi–, presentó el Trittico tal y como Puccini hubiera querido, con una calidad musical, escénica y, sobre todo, conceptual, muy destacable.
La dirección musical corrió a cargo de un habitual en el foso del Euskalduna, Pedro Halffter, quien se enfrentó a estas tres obras de intenso sabor pucciniano todas ellas, pese a presentar una densidad y una modernidad de los que carecen sus composiciones anteriores. Buscando coherencia entre los tres títulos, la dirección de Halffter fue minuciosa, guía a la que la Sinfónica de Navarra respondió correcta y cumplidora, sin asumir un papel destacado, pero sin amedrentarse ante la exuberancia de la partitura.
Hablar de tres óperas en el espacio de una sola, y más cuando están compuestas por amplios repartos, exige una renuncia previa a mencionar a todos los intérpretes, aun sabiendo que omitir a cualquiera no solo es una elisión imperdonable, sino una ofensa hacia los artistas totalmente inmerecida. De la treintena de cantantes, habrá que quedarse, por tanto, con los papeles de mayor protagonismo; de los demás, al menos es de ley indicar que todos y cada uno de ellos cumplieron con sus roles de manera intachable, con gran rendimiento tanto vocal como escénico, y que contribuyeron de manera excepcional al desarrollo de la función. Además, es de agradecer a ABAO que, una vez más, recurriera a voces locales, que engrandecen y fortalecen nuestro entramado lírico.
Carlos Álvarez, protagonista tanto en Il Tabarro como en Schicchi, fue, sin duda, uno de los más ovacionados de la velada: cantó con esa voz de barítono amplia, noble, dúctil y de gran expresividad que le caracterizan. También destacó la Suor Angelica de Chiara Isotton, con una voz clara de centro pulposo e impecable sobreagudo que conmovió en su “Senza mamma”. Antes, en Il Tabarro, la soprano Ángeles Blancas como Giorgetta lució una voz oscura, vibrante y de agudo fácil, mientras que el tenor Marco Berti mostró un canto bien timbrado y de cómodo registro agudo, aunque algo escaso de matices. Destacó también la mezzo Ana Ibarra, tanto en este título como en Gianni Schicchi, con un lirismo sólido de precioso color, registro amplio y homogéneo en ambos extremos y excelente interpretación escénica. Sin embargo, la acreditada soprano finlandesa Karita Mattila, aunque también interpretó magníficamente el papel de Zia Principessa en Suor Angelica, vocalmente presentó una emisión forzadamente oscura y engolada que no acabó de convencer. Bien la Lauretta de Sofía Esparza en Schicchi, con el hándicap de hacer creíble un aria tan trivializada como “O mio babbino caro”. Cierra este vertiginoso repaso el tenor rumano Ioan Hotea, de voz fresca, cómoda y de elegante fraseo, que aportó brillantez a este último título.
Solo queda mencionar el excelente trabajo del regista Paco Azorín quien, pese a ofrecer una escenografía cargada de elementos recurrentes como la –últimamente omnipresente– plataforma giratoria y las videoproyecciones firmadas por Pedro Chamizo, supo utilizar estos recursos con inteligencia y versatilidad, haciendo gala de una extraordinaria dirección actoral y, sobre todo, confiriendo a las tres obras la unidad que Puccini deseó. * Nora FRANCO MADARIAGA, corresponsal en Bilbao de ÓPERA ACTUAL
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