Esplendoroso debut de Riccardo Chailly de la mano de Anna Netrebko

Milán

20 / 05 / 2026 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 4 min

La nueva producción de 'Nabucco' de Alessandro Talevi © Tetro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
Anna Netrebko como Abigaille © Tetro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
Luca Salsi como Nabucco © Tetro alla Scala / BRESCIA & AMISANO

Teatro alla Scala

Verdi: NABUCCO

Nueva producción

Anna Netrebko, Luca Salsi, Michele Pertusi, Francesco Meli, Veronia Simeoni, Laura Lolita Parisivana, Hayang Guo, Simonj Lim. Dirección musical: Riccarco Chailly. Dirección de escena: Alessandro Talevi. 16 de mayo de 2026.

Ausente desde 2017, volvió al Teatro alla Scala Nabucco, o mejor dicho, Nabucodonosor, tal y como reza el libreto del estreno absoluto del 9 de marzo de 1842. Dirigía Riccardo Chailly quien, increíble pero cierto, debutaba en la obra que dio inicio a la producción verdiana y que marcó un antes y un después en la historia del melodrama. Creada para La Scala, siendo la orquesta y el coro permanentes los mejores intérpretes posibles, la interpretación de Chailly se impuso como una lectura excepcional. Captóa, sin prejuicios de ningún tipo, el espíritu de 1848 que caracteriza, desde la sinfonía —interpretada con una potencia envolvente extraordinaria—, la naturaleza fuertemente nacional, captando el aura religiosa del pueblo que sufre, en una interpretación memorable del célebre coro «Va, pensiero», que provocó un aplauso interminable, con insistentes peticiones de bis que no se concedieron para no romper la magia de un momento irrepetible.

Chailly, en los personajes, subraya las pasiones humanas, las debilidades, las ansias de poder, con una paleta de colores inagotable, con un sello propio a la hora de identificar la esencia de la partitura. El éxito le llovió literalmente en uno de los breves cambios de escena, entre la tercera y la cuarta parte, con gritos de «bravo» compartibles dirigidos también a la espléndida orquesta y luego, al final, al coro, dirigido como siempre a la perfección por Alberto Malazzi.

El reparto, a la altura de tanta magnificencia, estuvo encabezado por un protagonista, Luca Salsi, que, a pesar de las dificultades por un estado de salud no óptimo (el aria «Dio di Giuda» interrumpida por toses), interpretó magníficamente al personaje, con gran expresividad, resolviendo con sólida profesionalidad una situación que se espera sea transitoria. Zaccaria tuvo en Michele Pertusi al intérprete hierático que el papel exige; se podría objetar que la voz, con el paso de los años, ha perdido algo de brillo, pero la técnica superior, la clase y el gusto del inteligente artista son indiscutibles. Un lujo la presencia de Francesco Meli en el papel de Ismaele, sin relevancia dramática, pero que, cuando se interpreta con tanta profusión, resulta esencial. Lo mismo puede decirse de la Fenena de Veronica Simeoni, perfecta en la plegaria de ascendencia rossiniana al final de la ópera. Todos los papeles secundarios, por lo demás, fueron interpretados por excelentes cantantes: la soprano Laura Lolita Parisivana, Anna, a quien corresponden los Do agudos del concertato «Immenso Iehovah», el tenor Hayang Guo, un preciso Abdallo, el bajo Simon Lim, Sacerdote de Belo y luego Zaccaria en algunas funciones.

"Aclamadísima diva: Anna Netrebko. Una Abigaille combativa, con tal riqueza de armónicos que parece amplificada"

Aclamadísima Anna Netrebko como una Abigaille combativa, con tal riqueza de armónicos que parecía estar amplificada: de voz preciosa en la emisión en pianissimo, con ciertos ataques realmente impresionantes, respaldados por unos fiati que rozan lo prodigioso; además es una fraseadora apasionada, pero también capaz de adaptarse al canto más íntimo, por ejemplo, en el cantabile «Anch’io dischiuso un giorno» y en la escena final. Si tan solo evitara ciertas incursiones innecesarias en el registro grave, donde se intuye que su voz debe encontrar sonidos que no le pertenecen, sería perfecta. El público se rindió a sus pies.

Sobre el espectáculo, mejor pasar un tupido velo. El vestuario roza lo kitsch y hay momentos embarazosos como la pesadilla de Nabucco, con un doble que camina por una cuerda cruzando el escenario y que, al caer, es devorado por un pájaro enorme. Se ha pasado del minimalismo de la edición anterior, firmada por Daniele Abbado, a una propuesta estrafalaria de estilo carnavalesco. La dirección era de Alessandro Talevi, escenografía y vestuario de Gary McCan, iluminación y vídeo de Marco Giusti, movimientos acrobáticos de Ran Arthur Braun y coreografía de Danilo Rubeca. Sí, porque para la ocasión se interpretaron las danzas compuestas por Verdi para una reposición en francés en la Ópera de Bruselas en 1848 encontradas por casualidad hace unos años entre los documentos conservados en Villa Sant’Agata. Sobre esos pasos de baile se montó una pantomima al comienzo de la tercera parte, en la que participó la propia Netrebko en el papel de una improbable Semíramide vestida de verde. El mismo vestido que llevaba en la escena de la muerte y del que inicialmente salía humo… Y así, al quemar a la moribunda Abigaille, esta acabó carbonizada.  * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL

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