Historia de la Ópera / Zarzuela
ÓA 287. Historia de la zarzuela XVII. Cristóbal Oudrid
Compositor, director y pianista, estuvo vinculado a diferentes teatros madrileños desde los que apoyó la revitalización del género. Su extenso legado contribuyó a crear una identidad nacional teatral y musical.
Compositor, director y pianista, Cristóbal Oudrid estuvo vinculado a diferentes teatros madrileños desde los que apoyó la revitalización del género lírico español, compartiendo responsabilidades y objetivos con Joaquín Gaztambide, José Inzenga, Rafael Hernando, Francisco Asenjo Barbieri y Emilio Arrieta. Su extenso legado contribuyó a crear una identidad nacional teatral y musical.
Uno de los dinamizadores más destacados del renacimiento de la zarzuela fue Cristóbal Oudrid (Badajoz, 1825-Madrid, 1877), quien inició los estudios musicales con su padre, un músico militar; con él aprendió solfeo y a tocar el piano y algunos instrumentos de viento de la banda que dirigía en el ejército. También su abuelo –nacido en Flandes y que participó en la batalla de Waterloo bajo las órdenes de Napoleón– fue músico de banda, tradición que dejaría huella en el futuro autor de zarzuelas: el compositor pacense tenía una especial predilección y habilidad con los metales y las maderas, hecho fundamental para su método de orquestación; el tratamiento rítmico heredó además el estilo de las marchas y otras composiciones que las milicias interpretaron bajo la batuta de su padre.
En 1844 Cristóbal Oudrid se instaló en Madrid, estrenando algunas piezas de salón para piano. De sus estudios en la capital no hay firme constancia, aunque se estima que debió recibir algunas clases; de ser cierta la leyenda, su formación se habría debido únicamente al padre y al estudio autodidáctico, circunstancia de la que se jactaba el propio Oudrid, hecho que, por otra parte, sería causantes de ciertas lagunas que se evidencian en su técnica. A este respecto, el compositor y musicólogo Antonio Peña y Goñi (San Sebastián, 1846-Madrid, 1896) criticaría esta falta de formación diciendo que Oudrid necesitaba “un conocimiento del tecnicismo del arte que despreció voluntariamente, o un sentimiento, una emoción artística a la que su naturaleza se mostró siempre refractaria, o un ingenio y facilidad extraordinarios que nunca logró alcanzar”.
La primera zarzuela de Oudrid se estrenó en 1848 –aunque algunas fuentes sitúan su primera representación el año anterior–, en el madrileño Teatro del Príncipe: La venta del puerto o Juanillo el contrabandista, cuyo libreto lo había escrito un conocido actor cómico, Mariano Fernández (Madrid, 1814-1890). La obra seguía la moda andalucista de Mariano Soriano Fuertes (Murcia, 1817-Madrid, 1880) –como Jeroma la castañera, con libreto también de Fernández–, que presenta el típico triángulo de protagonistas, el uso del dialecto andaluz y formas musicales como las jotas y las seguidillas.
Oudrid mostraba una gran capacidad para crear melodías originales y pegadizas que conectaban rápidamente con el gusto popular, logrando una zarzuela accesible a todas las clases sociales y exenta de influencia extranjera. Para describir el ambiente andaluz, Oudrid usó los tópicos del lenguaje musical ligados a dicha estética: ritmos ternarios, ornamentos con tresillos, segundas aumentadas y escalas típicas andaluzas, elementos que fijarían la norma y que más tarde adoptarían autores como Isaac Albéniz (Camprodón, 1860-Cambo-les-Bains, 1909), Enric Granados (Lérida, 1867-Canal de la Mancha, 1916) o Manuel de Falla (Cádiz, 1876-Alta Gracia, 1946) en su obra pianística y orquestal. En cuanto a la orquestación, destaca la importante presencia de vientos, clara herencia del legado musical familiar de Oudrid. No por casualidad, de la misma época, procede una de sus obras más conocidas e interpretadas por las bandas, El sitio de Zaragoza, música incidental escrita para acompañar la obra teatral homónima de Juan Lombía (Zaragoza, 1806-Madrid, 1851), escritor y empresario del Teatro de la Cruz. La composición muestra el profundo conocimiento que Oudrid tenía de la música militar de su tiempo.
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