CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Risas y lágrimas con 'La Traviata'
Montpellier
Opéra Orchestre national Montpellier Occitanie
Verdi: LA TRAVIATA
Ruzan Mantashyan, Andrew Owens, Gëzim Mystheka, Sung Eun Myung, Aurore Ugolin, Séraphine Cotrez, Yuri Kissin, Maurel Endong, Thibaut de Damas, Xin Wang, Jean-Philippe Elleouët y otros. Orquesta y coro nacional Montpellier Occitanie. Dirección musical: Roderic Cox. Dirección de escena: Silvia Paoli. 1 de abril de 2026.
La baja un par de días antes de la première del intérprete de Alfredo previamente anunciado (con cinco funciones totalmente vendidas) fue causa justificada de desconcierto en la Opéra National de Montpellier. Se solventó el percance la víspera de la alza del telón con Andrew Owens. El tenor conocía el rol, pero tuvo que aprender los movimientos de la puesta en escena en menos de 24 horas. Y lo hizo. Por fortuna, Silvia Paoli, la regista y responsable de la dramaturgia, había previsto en el acto final dejar fuera del escenario a tutti quanti salvo a la desventurada Violetta. Fue a la vez un punto fuerte de la noche y un ahorro de trabajo para el nuevo intérprete. Violetta murió sola, pero tranquila, porque soñó morir en brazos de su amado. El impacto dramático, poco o nunca visto, fue espectacular: la decisión vino a compensar con creces haber hecho de Germont un patriarca despiadado, asesino social por más señas según las propias declaraciones de la directora de escena. La escenografía elegante de Lisetta Buccelato y el vestuario esmerado de Fiametta Baldiserri trasladaron esta vez —por fin— al París del siglo XIX. La presencia de un escenario al fondo del salón de Violetta (sala de juego más tarde) indicaba probablemente que lo visto allá era solo ficción.
Desde el podio, Roderick Cox dio de la partitura una lectura nítida y clara, más rítmica que melódica con exceso frecuente de decibelios, lo que situó a la orquesta por encima de las voces.
Sacudidos por el foso, los cantantes reaccionaron forzando sus emisiones; no podía ser de otro modo. Durante los dos primeros actos, Ruzan Mantashyan dio de Violetta una versión convincente que se convirtió en un verdadero tour de force en el acto que cerró plaza. Emitió con amplio espectro, voz serena y bien apoyada, expresiva y de buena calidad prosódica; y se aplaudieron con fuerza sus arias principales y cinceló con gran suavidad el emocionante y nada fácil pasaje frente a Germon (“Dite alla giovine…”). Se encontró muy a gusto en el registro medio, quedándole tal vez por refinar el agudo forte que sonó algo forzado —¿por mor del foso?— y metálico. El improvisado Alfredo de Andrew Owens se salió muy bien de la difícil situación planteada: vocalmente impecable, mostró un gran conocimiento dramático del papel, tímido o entusiasta, seductor y seducido, empequeñecido ante su padre, invencible en la sala de juego; su composición dramática, improvisada o casi, resultó ser de campanillas. De voz sólida, su emisión templada y sobria, masculina y potente sin esfuerzo aparente, mantuvo a raya la orquesta en todo momento.
Gëzim Mystheka cantó e interpretó Giorgio Germont a la moda de los años cincuenta del siglo pasado, vale decir, con voz de trueno y buen timbre, sobreactuando con pathos a paletadas o bien inmóvil y de cara al público. Por orden de la regista puso las manos sobre la pobre Violetta en un gesto procaz, gratuito e improcedente. Los comprimarios cumplieron con arte y ciencia: Sung Eun Myung fue el fiel Gastone, Aurore Ugolin como Flora Bervoix aportó a una gran amiga de Violetta, Séraphine Cotrez se lució como Annina, Yuri Kissin se vistió de barón Duphol con buen arte, Maurel Endong de un convincente marqués d’Obigny y Thibaut de Damas fue un sonoro Dr. Grenvil, el único que pudo entrar en el cuarto donde yacía moribunda Violetta.
El público que llenaba por completo el magnífico Théâtre de la Comédie de Montpellier aplaudió a rabiar, con suma justicia, el trabajo vocal y teatral del coro de la casa dirigido por Noëlle Gény. Subráyese el aporte de los cinco mimos que, disfrazados de camareros, sirvieron un refrigerio a Violetta y a Germont durante su entrevista. Con sus gestos cómicos turbaron la tensa escena, pero también amortiguaron con su presencia ese diálogo terrible. * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL
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