CRÍTICAS
NACIONAL
Esplendoroso regreso de Nadine Sierra al Liceu de la mano de Ludovic Tézier
Barcelona
Gran Teatre del Liceu
Recital de NADINE SIERRA y LUDOVIC TÉZIER
Obras de Mozart, Puccini, Charpentier, Donizetti, Offenbach, Berlioz, Verdi, Rossini y otros. Véronique Werklé, piano. 18 de febrero de 2026.
En su única visita esta temporada al Liceu, la estadounidense Nadine Sierra confirmó de nuevo el incomparable momento de esplendor vocal que atraviesa ante un público rendido a la que ya se ha ganado los galones de diva belcantista oficial de la casa. Lo hizo en un recital a piano acompañada por el prominente barítono francés Ludovic Tézier.
La soprano abrió una primera parte de marcado acento francés con un Mozart del todo prescindible, por lo que tenía de impropio en el programa y por la interpretación que ofreció Sierra, de un aliento y fraseo ajenos al canon mozartiano. Siguió con el “Il bel sogno di Doretta” de La Rondine donde ya reveló el hechizo tímbrico de un registro agudo que iba a ser el protagonista absoluto de la velada, además en un compositor (Puccini) que de ahora en adelante irá cobrando especial relevancia en el devenir de su carrera. Con todo, lo mejor de la primera parte vino después: primero, con la espectacular y extenuante aria del cuarto acto de Roméo et Juliette, en un repertorio y especialmente en un papel en que su vocalidad encuentra el apoyo perfecto para lucir sus mejores armas: timbre cremoso, de centro poderosamente sensual y con una tesitura que se expande y regocija en las alturas; para atacar a continuación con una línea más contenida y matizada la bellísima aria de la Louise de Charpentier «Depuis le jour», un papel que en caso de incorporar en su repertorio, podría hacer de él una versión referencial. En la segunda parte, Sierra optó por dos perlas clásicas donizettianas (el aria final de L’elisir d’amore y la cavatina de Don Pasquale) de una categoría más propia de su pasado como lírico-ligera, pero que aún domina con desvergonzada suficiencia, con unos sobreagudos y recursos de agilità envidiables.
Por su parte, el barítono Ludovic Tézier escogió las arias del diablo de Les contes d’Hoffmann y de Méphistophélès de La Damnation de Faust de Berlioz para ofrecer una versión magistral de belcantismo francés, donde dicción, legato y una emisión homogénea, apoyada por un uso soberbio de los resonadores faciales, comparecieron al servicio de una línea aristocrática, quizás la más elegante de las que conforman hoy la constelación lírica planetaria. Tézier replicó con exacta eficacia en la parte de belcantismo italiano, con el aria de Guillaume Tell de Rossini (en la versión francesa) y la de Riccardo de I Puritani. Cerró sus interpretaciones solistas con «Dio di Giuda!» de Nabucco, sin duda una de las cimas de la gloriosa historia baritonal verdiana, que si bien fraseó con la misma elegancia, ahí se echó en falta mayor relieve dramático para transmitir con la fuerza necesaria el pathos verdiano.
Ambas partes del recital se cerraron con los célebres dúos de Rigoletto (padre-hija) y La Traviata (Germont-Violetta), sirviendo el segundo de ellos para preguntarse seriamente si hay dos intérpretes más idóneos para defender estos papeles.
En el ámbito de propinas, lo más destacado fue una versión sui generis del bolero “Bésame mucho” ofrecida por Sierra acompañada al contrabajo por su pareja. La maestra repetidora de la casa, Véronique Werklé, acompañó desde el piano con concentración y buen hacer, y con una meritoria versión de la Méditation de Thaïs. * Ferran VILA I RIERA, corresponsal en Barcelona de ÓPERA ACTUAL
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