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ÓA 280: El Teatro Real estrena 'El cuento del zar Saltán'
La ópera de Rimsky-Kórsakov se verá en una puesta en escena de Dmitri Tcherniakov, con Ouri Bronchti en el podio y Bogdan Volkov como protagonista
El Teatro Real vuelve a mirar al repertorio ruso con el estreno de El cuento del zar Saltán, de Rimsky-Kórsakov (1844-1908) y lo hace con una audaz puesta en escena de Dmitri Tcherniakov, con Ouri Bronchti en el podio (que sustituye a Karel Mark Chichon, inicialmente previsto) y con uno de los mejores tenores líricos del momento, Bogdan Volkov como el Príncipe Gvidon tras deslumbrar al público madrileño con su reciente Lensky de Evgeni Onegin.
Tras el Evgeni Onegin de Chaikovsky del pasado mes de enero, el Teatro Real vuelve a mirar al repertorio ruso a partir de finales de abril, cuando estrene El cuento del zar Saltán, de Rimsky-Kórsakov. Ambas obras están basadas en textos de Alexandr Pushkin, de quien se conmemora este año el 225 aniversario de su nacimiento, efeméride que celebra el coliseo con estas dos obras maestras que encarnan las dos Rusias que conviven en la segunda mitad del siglo XIX. Onegin ejemplifica a la Rusia de San Petersburgo, la Venecia del norte, ciudad que quiere ser una ventana abierta sobre Europa, la del zar Pedro el Grande, de Catalina II, de los arquitectos y los artistas venidos de Italia, Alemania y Francia. La otra Rusia, encarnada por El zar Saltán, es la nacionalista, paneslavista, oriental, la de las antiguas epopeyas medievales, de los viejos cuentos populares, de los iconos ennegrecidos por el humo, de las bullas de las iglesias, del vodka, de los viejos creyentes, de las ciudades invisibles de Kitege, del panteísmo pagano y de los zares Saltán. Es la Rusia eslava, imbuida de sí misma, profundamente anclada en la naturaleza y en el paisaje que invita a la contemplación de la naturaleza como una fuerza armoniosa y benéfica.
“El genio de Pushkin logró unir el alma rusa con la cultura occidental, y lo vemos en dos obras que precisamente tiran de la cuerda en estas dos direcciones opuestas, una hacia la Rusia europeizada con personajes que parecen salidos de un relato de Lord Byron, y la otra hacia la tradicional, asiática”, explica sobre las frontales diferencias de estos dos importantes títulos Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, a ÓPERA ACTUAL.
El tenor ucraniano Bogdan Volkov, rubio, de apariencia gélida, sonriente, vestido a la manera de un Onegin del siglo XXI, salta de Chaikovsky a Rimsky con un aplomo remarcable, y así lo podrá comprobar el público del Real. Ha representado ambos títulos en algunos de los principales teatros de Europa y ahora lo hace en el coliseo madrileño, en los que se verá cómo el tenor exprime a estos dos personajes hasta el último jugo. Volkov posee mimbres suficientes para enfrentarse a semejante reto. En el Real ha sido el indulgente y soñador Lensky de Evgeni Onegin (ver crítica en este enlace) el pasado mes de febrero (memorables sus arias en solitario) y es el también soñador zarévich Gvidon el príncipe llamado a perpetuar la dinastía que es transformado en moscardón o abejorro en El cuento del zar Saltán, ópera que debutó en La Monnaine-De Munt de Bruselas en 2023 y de la que el Teatro Real ofrece siete funciones desde el 30 de abril al 11 de mayo, con el maestro Ouri Bronchti en el podio, que sustituye al inicialmente previsto Karel Mark Chichon, y una audaz puesta en escena de Dmitri Tcherniakov.
Nadie, mejor que él, para teorizar sobre aquello que une a dos personajes en apariencia tan dispares como Lensky y el príncipe Gvidon. “Ambos comparten ingenuidad y franqueza, un alma pura, y en el caso del primero, un carácter ciertamente infantil…
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