CRÍTICAS
NACIONAL
Arrebatadora actuación de Radvanovsky y Tetelman en el FIS
Santander
Festival Internacional de Santander (FIS)
Concierto de SONDRA RADVANOVSKY y JONATHAN TETELMAN
Obras de Verdi, Puccini, Giordano y Mascagni. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección: Ricardo Frizza. Sala Argenta del Palacio de Festivales de Santander, 5 de agosto.
La actuación de Sondra Radvanovsky en el Festival Internacional de Santander (FIS) fue un éxito absoluto. La soprano se hizo dueña del escenario, con una voz grande, poderosa, a veces algo gutural, pero siempre capaz de conjugar la intensidad y la delicadeza, con una emisión tan clara como rotunda, y una capacidad teatral idónea para dar a cada obra su sentido. Una actuación, la suya, marcada por ese don indefinible que tienen ciertos artistas, que consiguen llevar al público a un determinado estado emocional, que logró desde su primera intervención. Y a ese estado de ánimo se sumó el tenor Jonathan Tetelman, en buen estado de forma.
No es menos cierto que el indiscutible éxito y la emoción producida no se contradicen con el hecho de que se pudieron plantear algunas cosas de manera menos extrovertida y más interiorizada. Por ejemplo, la relación de la Orquesta Sinfónica de Bilbao y los cantantes.
El director Ricardo Frizza, que domina el repertorio que acometieron, de igual manera que se volcó en la concertación y la atención a las voces, pudo plantear una mayor presencia orquestal, en particular cuando las voces cantaban en fortísimo, y ahondar más en detalles, colores y matices. Al igual que las voces, en particular el tenor, pudieron sacar a relucir un canto más sutil en algunos momentos. La Orquesta Sinfónica de Bilbao siguió esa línea de primacía total de los cantantes, con un Frizza que supo conducir esas situaciones y contó con la entrega de la orquesta. Quizá, tuvo su momento más redondo en el “Intermezzo” de Cavalleria rusticana.
Ya fuera con Verdi, en “Pace, pace, pace mio Dio”, con Puccini en “Vissi d´arte” o con Giordano en la “Mamma morta ”, la soprano ofreció siempre una interpretación valorable, emotiva, propia de una gran artista, aunque curiosamente el máximo equilibrio entre lo externo y la interiorización de la obra llegaría en el aria fuera de programa “Sola, perduta, abbandonata” de Manon Lescaut.
En cuanto al tenor Jonathan Tetelman, destacó su ímpetu, su seguridad y una voz timbrada y squillante, aunque a veces la tendencia a cantar en forte, hizo que la proyección del sonido resultara demasiado empujada y se perdiera cierta variedad estilística, en especial en las medias voces y el legato, como pasó en “Recondita armonía” de Tosca. El tenor empezó sus intervenciones con la impactante “Ah, la paterna mano” verdiana.
En los dúos primó la entrega y el arrojo hasta concluir con un volcánico “Vicino a te”, en el que curiosamente fue la propia soprano la que llamó a su ejecución. Fuera de programa, tras grandísimas ovaciones de un público volcado, el tenor interpretó el “Adiós a la vida” y la soprano la ya citada obra de Puccini.
El Festival dedicó este concierto a la figura del director Miguel Ángel Gómez-Martínez, recientemente fallecido, del que se recordaron sus intervenciones en el FIS. * Agustín ACHÚCARRO, crítico de ÓPERA ACTUAL





