Reportajes
Ligeti, primera recepción de su obra en España
En su centenario
Sigue siendo uno de los nombres más influyentes entre los compositores de medio mundo, cuya obra por fin se ha consolidado en España. El creador de la ópera Le grand macabre, fallecido en 2006, hubiese cumplido 100 años el 28 de mayo.
En su número de noviembre de 1960, la revista Ritmo –la decana de la prensa musical española– anunciaba la visita a Madrid del compositor György Sándor Ligeti (28 de mayo de 1923-12 de junio de 2006) durante la primera quincena de mayo del siguiente año. Atendiendo a la invitación del Aula de Música del Ateneo de Madrid, estaba prevista la impartición de un ciclo dedicado a música electrónica a cargo del compositor húngaro nacido en Rumanía y que incluía una conferencia y de un concierto a cargo de Ramón Barce.
A lo largo de la década de 1960 la presencia de la música de Ligeti es nula en las salas de concierto españolas, por lo que las referencias que aparecen en prensa se limitan a dar noticia de los estrenos y distinciones que la producción del compositor recibe en el extranjero. Así, por ejemplo, en 1964 se anuncia la presentación de Atmosphère bajo la batuta de Leonard Bernstein en el ciclo The Avant-Garde de Nueva York; en 1967 la prensa informa sobre la interpretación del Concierto para violonchelo y orquesta por parte de la Orquesta de la Radio de Berlín, así como de Lontano en el Festival de Donaueschingen (Alemania). Una reseña especial merece la intervención de Ligeti en los cursos de Darmstadt de 1966, centrada en la técnica de composición y la forma musical. Este mismo año, los medios se hacen eco del galardón con el que su Réquiem –una de sus obras líricas que más difusión ha alcanzado– era reconocido por la Sociedad Italiana de Música Contemporánea.
© Last FM El compositor György Sándor Ligeti en su estudio
Sin embargo, no es hasta la década de 1970 cuando obra de un Ligeti ya más que consagrado comienza a subir a los escenarios del país. En 1971, la Primera Semana de la Nueva Música de Madrid anunciaba el estreno español de su Concierto de cámara y, al año siguiente, el Festival de Música y Danza de Granada recibía a la Orquesta Nacional de España que, dirigida por Cristóbal Halffter, abordaba un valiente programa –descrito como “sorpresa” por el crítico del diario Patria, que añadía que “las sillas vacías eran al menos tan numerosas como los espectadores”– que incluía las Apparitions de Ligeti, La libertad sonríe de Luis de Pablo, el Réquiem para la libertad imaginada del propio Cristóbal Halffter y los Homenajes de Manuel de Falla.
El regreso
e iniciaba de este modo una relación del conjunto sinfónico español con este repertorio, que se renovaría en marzo de 1974 con la interpretación de Lontano, con Zdeněk Mácal en el podio. Este mismo año volvería a sonar Ligeti en Granada, esta vez con una de sus obras vocales más populares gracias a que formó parte de la banda sonora de 2001: A Space Odyssey (1968), la película de culto de Stanley Kubrick: Lux aeterna, concebida para un coro de 16 voces a cappella, fue interpretada en el Festival granadino por The Williams College Chamber Singers como parte de una misa en memoria de Manuel de Falla. El interés se extiende también al Conservatorio de Madrid, donde el diciembre de 1975 se estrena el Poema sinfónico para cien metrónomos en un concierto a cargo del grupo Sonda dirigido por Carlos Cruz de Castro.
Estas primeras iniciativas, surgidas siempre de valientes propuestas individuales, debieron suponer un reto para un público entonces poco familiarizado con el lenguaje del compositor. Desde su compromiso con la divulgación, tanto el periodista y escritor José Luis Pérez de Arteaga como el gestor Félix Palomero dedicaron a Ligeti sendos artículos en la revista Ritmo: el primero visita la Opéra de Paris con motivo del estreno de Le grand macabre en 1981 y el segundo recoge unas notas biográficas y las acompaña de un breve catálogo de la obra del autor, lamentándose del difícil acceso que todavía existía en España a la música grabada de Ligeti.
Su obra se programa de nuevo por iniciativa privada a finales de la década de 1980. Así, vuelve a sonar Lontano con motivo la visita de la Joven Orquesta Nacional de Francia a la Quincena Musical de San Sebastián. En julio de 1989, el maestro Josep Pons une el Concierto de cámara a las Set escenes de Hamlet, de Benet Casablancas, en un ciclo de conciertos al frente de la Orquestra de Cambra del Teatre Lliure, uno de los conjuntos más comprometidos con el lenguaje moderno de la época.
Lamentablemente, en el verano de 1990 Ligeti tuvo que cancelar, por motivos de salud, la que hubiera sido su segunda visita a España, que incluía un concierto-conferencia en el Festival de Granada y la participación en el curso sobre creación musical que Manuel Enríquez y Leo Brouwer habían coordinado en el marco de los Cursos Manuel de Falla.
© Teatro Colón 'El gran macabro', de Ligeti, en el montaje de La Fura dels Baus que viajó por Roma, Bruselas, Buenos Aires, Londres y Barcelona
Aun así, el impulso por su obra se mantuvo en propuestas como la de las IV Jornadas de Música Contemporánea en Santiago de Compostela, con el apoyo del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea, y la de la interpretación de Atmosphères por parte de la Orquesta de RTVE. En el Teatre Lliure continuó apostándose por el repertorio contemporáneo, invitando a George Benjamin a dirigir Melodien en mayo de 1991. Debió resultar también enriquecedora la visita, en marzo de 1992, del Nouvel Ensemble Moderne de Canadá con un programa dedicado a Ligeti que se escuchó en el Auditorio Nacional de Madrid y en el Palau de la Música de Valencia dentro del Festival Ensems.
Una institución
Finalmente, Ligeti pudo volver a España a finales de septiembre de 1996, invitado por el Festival Internacional de Música Contemporánea de Alicante, en el que pudo participar de un coloquio y asistir a un concierto del Ensemble Modern en el Teatro Principal.
Componían el programa el Concierto para violonchelo, el Concierto de cámara, los Misterios del Macabro y, de nuevo, Melodien. Concierto y coloquio se repitieron en Madrid unos días más tarde, dentro de la programación del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea. Habían transcurrido 35 años desde aquella primera visita y, aún lejos de existir un vínculo de la audiencia con la obra de Ligeti, era manifiesto el interés de especialistas e instituciones por un compositor que era ya una institución de la creación musical más avanzada y cuya obra vivirá en España su punto álgido cuando en 2011 el Liceu de Barcelona estrana su ópera Le Grand Macabre en un revolucionario montaje de La Fura dels Baus.
A cierta distancia quedan estos primeros impulsos por acercar la moderna creación musical europea al público español a partir de 1960. Puede que, desde la aún limitada perspectiva de hoy, sea ya posible valorar lo fructífero de esos empeños y de lamentar que la valentía de aquellas propuestas se diluyera con los años en iniciativas de distinto riesgo y ambición. Quizás sea momento de continuar sorprendiendo al público de hoy con la música de Ligeti y de otros creadores de su generación.– ÓA





