Reportajes

'Los elementos', obra maestra de Literes

A los 15 años, Antoni Literes ya ejercía como músico y en 1693 fue nombrado músico violón principal de la Real Capilla

01 / 05 / 2022 - Paulino CAPDEPÓN VERDÚ - Tiempo de lectura: 5 min

Print Friendly, PDF & Email
loselementos-literes-juanmarch-operaactual Una escena de 'Los elementos' en la Fundación Juan March © Fundación Juan March

Nacido en Artà, Mallorca, en 1686, Antonio Literes ingresó en el madrileño colegio de Niños Cantorcicos, de la Real Capilla. A los 15 años ya ejercía como músico y en 1693 fue nombrado músico violón principal de la Capilla. Desde 1697 comenzó a involucrarse en los espectáculos teatrales de autores cortesanos como Hidalgo, Navas o Durón. Con su ópera Los Elementos (1705) alcanzaría uno de sus más grandes éxitos.

La trayectoria artística de Antoni Lliteres i Carrió (1673-1747), conocido también como Antonio Literes, transcurrió al servicio de la Corte madrileña, logrando un extraordinario prestigio musical merced a su producción religiosa y escénica. En 1714 aprobó el libro de Santiago de Murcia Resumen de acompañar la parte con la guitarra, en el cual elogió el carácter armonioso, la variedad de tañidos y los ejemplos incluidos para acompañar al bajo. En 1720 alcanzaría el cenit de su carrera al recibir un encargo de Lisboa para componer un oratorio sobre la vida de San Vicente. El polígrafo Benito Jerónimo Feijoo le define en su Teatro crítico Universal (1726) como uno de los compositores más sobresalientes de su tiempo: por ejemplo, a propósito de la capacidad de los músicos para conjugar el estilo antiguo con el nuevo, escribe que “algunos extranjeros hubo felices en esto, pero ninguno más que nuestro don Antonio de Literes, compositor de primer orden y acaso el único que ha sabido juntar toda la majestad y dulzura de la música antigua con el bullicio de la moderna; pero en el manejo de los puntos accidentales es peculiar, pues casi siempre que los introduce dan una energía a la música correspondiente al significado de la letra, que arrebata. Esto pide ciencia y numen, pero mucho más numen que ciencia”. Su admiración por Literes llega al extremo de rogarle que se dedique exclusivamente al cultivo de la música religiosa, “porque el genio de su composición es más propio para fomentar afectos celestiales que para inspirar amores terrenos”.

© Fundación Juan March

La ópera se recuperó en 1985 y volvió a los escenarios en 2018 en este montaje de Tomás Muñoz, con Aaron Zapico en la dirección musical ante su conjunto Forma Antiqva

Juan Francisco de Corominas, en su Aposento anti-crítico (1726) en defensa de Sebastián Durón –cri­ticado por Feijoo en la obra antes citada– afirmaba que Literes era un “insigne músico, no tan único que repugne la compañía de un don Joseph de Torres, de un maestro San Juan, de un Nebra, de un Sequeira dulcísimo”.

"A raíz del incendio del Alcázar madrileño de 1734, tanto Literes como José de Nebra fueron comisionados para reponer los fondos musicales perdidos del archivo de música palatino mediante la composición de obras nuevas"

A raíz del incendio del Alcázar madrileño de 1734, tanto Literes como José de Nebra fueron comisionados para reponer los fondos musicales perdidos del archivo de música palatino mediante la composición de obras nuevas, lo cual es indicativo del prestigio que había alcanzado el compositor de Artá. Literes compuso ocho Magnificat, catorce Salmos y las obras conservadas en el archivo del Palacio Real: unas Vísperas para voces solas, para todas las festividades, y tres Misas de facistol a cuatro voces solas; en El Escorial se conserva su Miserere a ocho con violines. En 1737 diez de sus cantadas huma­nas fueron elegidas –junto a 13 de otros compositores– para una colección cortesana entre las que destaca Ah del rústico pastor (1710), estudiada y publicada en la revista Tesoro Sacro musical por Antonio Martín Moreno, quien descubrió que era idéntica a la de Josep Pradas Ah del célebre confín (1724). No se sabe si es un plagio del músico castellonense o un error de Vicente Ripollés, quien la publicó con la autoría de Pradas. En opinión de Martín Moreno, “demuestra un perfecto conocimiento del estilo italiano vigente en toda Europa”, una característica que se patentiza también en el oratorio lisboeta de 1720.

Pero, ante todo, el prestigio de Literes se cimentó en su música teatral, llegando a convertirse en digno sucesor de Sebastián Durón. Al igual que éste, colaboró con el libretista José de Cañizares en al menos cuatro zarzuelas: Con música y por amor, Acis y Galatea, Hasta lo insensible adora y El estrago en la fineza: Júpiter y Semele. José Subirá localizó en 1927 en el archivo de la casa de Alba un dúo de la comedia Con Música y por Amor, de la cual se conserva el “3. Papel”, tal como describió en su libro La música en la casa de Alba. A 1711 se remonta la zarzuela Antes difunta que ajena, cuya partitura no ha sido localizada, con libreto anónimo. Asimismo, compuso Celos no guardan respeto (1723), con texto de Antonio de Zamora y música igualmente perdida. Mary Neal Hamilton, en su libro Music in Eighteenth Century Spain (1937), atribuye a Literes la ópera armónica al estilo italiano en dos jornadas Dido y Eneas. Danièle Becker, por su parte, cita a Literes como autor de la comedia armónica en dos jornadas Júpiter y Joo, escrita por el conde de Clavija en 1699 como “fiesta de zarzuela por encargo real”, en la que intervienen 14 cantantes, con una loa preliminar y un final de fiesta consistente en una reposición burlesca del primer acto de Celos aun del aire matan, ópera de Hidalgo y Calderón, pero contemplada como algo anticuado.

Los Elementos

Conservada con su partitura original en la Biblioteca Nacional de España, Los Elementos. Opera armónica al estilo italiano a los años de la Exma. Sra. Duquesa de Medina de las Torres, mi Señora, muestra la creciente influencia italiana en la creación local. Se trata de la segunda vez, tras La Guerra de los Gigantes, de Durón, que en España aparece en el título el término ópera. Se estrenó en 1705 y está dedicada a la esposa del Duque de Medina Sidonia. El argumento se centra en la ausencia del Sol y la discusión suscitada por los cuatro elementos –Agua, Aire, Fuego y Tierra, todos ellos personajes alegóricos– en torno a la sustitución del astro rey y cuál de ellos debe ostentar la primacía. Ante el caos suscitado y la batalla iniciada, que pone en peligro la supervivencia del mundo, la Aurora se lamenta de tan calamitosa situación (arieta “Ay, Amor, ay, Amor”) y apela, en su calidad de juez neutral, al Tiempo, el cual invita al mundo a suspirar por la ausencia del Sol (tonada “Sienta, sienta la Tierra”). Finalmente, el Tiempo anuncia el regreso del Sol (arieta “Risueña el Aurora”), lo que posibilita que los cuatro elementos comiencen a recuperar el entendimiento perdido mientras confirman las consecuencias beneficiosas del retorno del Sol, entonando loas a la armonía renacida. La orquesta está compuesta de violines, violón, vigüelas y acompañamiento. Sus números están concebidos a cuatro, tres y dos voces y contiene recitados, arietas, coplas y estribillos.

© Biblioteca Nacional de España

Portada del manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional

Reestrenada en tiempos modernos en 1985 en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, el crítico Enrique Franco escribió en el diario El País: “El compositor mallorquín sigue de buen grado las corrientes italianas, lo que significa el triunfo de la melodía a través de una invención muy personalizada, virtuosista y llena de garbo”. Con motivo de una nueva representación de la ópera en 2018 en la Fundación Juan March, ocasión en la que también viajó al Teatre Principal de Palma, Andrea Bombi destacó que la obra alterna partes de evidente influencia italianizante con otras enraizadas en la tradición musical hispana: por lo que se refiere a las primeras, el recitado presenta una forma peculiar y sirve no para presentar una acción a través del diálogo dramático, sino más bien a modo de introducción a la arieta que le sigue; en cuanto a la presencia hispánica, se refleja en aspectos como los números de conjunto y las canciones estróficas que escenifican tanto las fases de regocijo como las de querella.

La obra ofrece rasgos más propios de una cantata escénica que de una ópera como hoy se concibe, representando una muestra significativa de la actividad teatral privada al servicio de la nobleza madrileña a comienzos del siglo XVIII, que, sin olvidar la pervivencia de elementos de la tradición escénica española, anuncia la presencia mayoritaria de formas y procedimientos compositivos de origen italiano que prevalecerán en el teatro musical español dieciochesco. ÓA

PALABRAS CLAVE