Reportajes
Legendario ÓA 289. Jon Vickers, la voz de hierro
En su centenario
Siegmund fue uno de sus papeles más emblemáticos, pero también dejó una huella imborrable en otros grandes personajes como Tristán, Florestán, Otello, Canio, Don José, Sansón o Peter Grimes. En todos ellos admira la potencia y solidez de sus medios vocales y el instinto dramático que convirtieron al intérprete canadiense en uno de los tenores heroicos más fascinantes de su generación.
Mucho se ha hablado de la voz oscura y leñosa del tenor canadiense Jon Vickers (en realidad, Jonathan Stewart Vickers, Prince Albert, Saskatchewan, 29 de octubre de 1926-Ontario, 10 de julio de 2015); no era precisamente bella, pero la inteligencia del cantante, con un fraseo de ricos contrastes y un imponente carisma en escena, dejaba atrás cualquier reparo. A cien años de su nacimiento, su amplia discografía es testigo de la amplitud y solidez de sus medios, a los que sumaba una técnica sin fisuras, con una capacidad asombrosa para apianar su voluminosa voz hasta el susurro, y una gran resistencia física. Directores como Otto Klemperer, Hans Knappertsbusch, Karl Böhm o Herbert von Karajan admiraban la seguridad y consistencia de su voz, pero por encima de todo valoraban su relevante capacidad dramática para transmitir la psicología y las emociones del personaje con una riqueza de matices asombrosos.
Como tenor wagneriano debutó en el Festival de Bayreuth como Sigmund en La Walkiria de 1958 dirigida por Knappertsbusch; desde entonces su ascenso internacional fue imparable, encadenando en apenas cuatro años grandes debuts en escenarios como la Ópera de Viena (Siegmund), San Francisco (Radamès), Covent Garden (Parsifal), Scala de Milán (Florestán), Metropolitan (Canio), Colón de Buenos Aires (Otello, Samson y Tristán). Tras su regreso a Bayreuth en 1964 con Parsifal, dirigido por Knappertsbuch, llegaron los primeros éxitos de su colaboración con Herbert von Karajan en el Festival de Salzburgo, con producciones de Carmen, de Georges Bizet, en 1966, y La Walkiria, en 1967. Siegmund fue su rol fetiche durante su carrera y entre sus numerosos registros, destaca su debut del personaje en el Festival de Bayreuth de 1958, con Knappersbuch y voces de leyenda como Astrid Varnay, Leonie Rysanek y Hans Hotter (Walhall Eternity Series). En estudio grabó en 1961 una vibrante versión dirigida por Erich Leinsdorf, con Grè Brouwenstijn, Nilsson y London en el reparto y una toma sonora de gran calidad (Decca)…
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