Reportajes

Federico Chueca, el padre de 'La Gran Vía'

A 175 años de su nacimiento

01 / 05 / 2021 - Lluc SOLÉS - Tiempo de lectura: 1 min

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'La Gran Vía', en una producción del Teatro de La Zarzuela dirigida por Paco Mir, en 2009 © Teatro de La Zarzuela / Jesús ALCÁNTARA

Este mes se cumplen 175 años del nacimiento de Federico Chueca, uno de los padres del género chico y de obras míticas como La Gran Vía, pero que también se atrevió con obras de mayor formato como Cádiz.

En marzo, desde estas páginas se recordaban los 130 años del nacimiento de Federico Moreno Torroba y su célebre frase ¡Cuánto tiempo sin verte, Luisa Fernanda! como una de las contribuciones más certeras del compositor al imaginario popular. Pues bien, también al protagonista de este artículo, el compositor Federico Chueca, el habla contemporánea le debe una de sus expresiones más paradigmáticas. Si el sobrenombre de menegilda sirvió a una determinada clase social durante todo el siglo XX para referirse a la figura de la empleada de servicio, fue gracias a la enorme popularidad que adquirió su célebre zarzuela en un acto La Gran Vía.

Como sucede con Moreno Torroba, a Chueca –de quien este mes se conmemoran los 175 años de su nacimiento– le tocó desarrollar su actividad compositiva en tiempos políticamente convulsos. A diferencia de su sucesor, sin embargo, la suya no fue nunca una posición neutral. Una de sus piezas de juventud más interesantes, la tanda de valses Lamentos de un preso, revela su compromiso con el progresismo: fue compuesta durante el tiempo que Chueca pasó en prisión después de la Noche de San Daniel, cuando el diez de abril de 1865 los estudiantes se levantaron en revuelta contra el gobierno de Narváez. Dos años más tarde, los Lamentos –que Chueca tuvo que componer y memorizar en prisión, por falta de material de escritura– fueron estrenados por Francisco Asenjo Barbieri, el célebre compositor que por aquel entonces ostentaba el cargo de director de los Conciertos Populares de los Campos Elíseos. Barbieri iba a convertirse en el mentor de Chueca, llegando hasta el punto de llamarle, según apunta Carmena y Millán en Cosas del pasado (1905), “su hijo único musical y espiritual”.

Continúa…*

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