Reportajes

Estudio ÓA 275: A 150 años del estreno del 'Requiem' de Verdi

El 22 de mayo se celebra el estreno en la iglesia de San Marcos de Milán de este elogio al lirismo, el consuelo y a la esperanza de corte humanista nacido del genio verdiano.

01 / 05 / 2024 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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Requiem de Verdi Scala La 'Messa da Requiem' de Verdi grabada sin público en La Scala por Herbert von Karajan para su edición en vídeo y disco, está considerada una de las mejores de la historia. Contó con las voces de Leontyne Price, Fiorenza Cossotto, Luciano Pavarotti y Nicolai Ghiaurov © Deutsche Grammophon - Unitel
Requiem de Verdi Scala La 'Messa da Requiem' con el Coro y Orquesta de La Scala y los solistas Leontyne Price, Fiorenza Cossotto, Luciano Pavarotti y Nicolai Ghiaurov © Deutsche Grammophon - Unitel

Es inevitable que uno de los mayores genios dramáticos de la historia de la ópera compusiera una obra que tiene por protagonista único a la muerte: una Misa de Réquiem. En mayo se cumplen 150 años del estreno en la iglesia de San Marcos de Milán de este elogio al lirismo, el consuelo y a la esperanza de corte humanista nacido del genio verdiano.

Ni las fanfarrias del viento metal, ni Shakespeare, ni la mujer predestinada, ni el desencanto. Puede que la mayor recurrencia conceptual de toda la carrera de Giuseppe Verdi sea, precisamente, la muerte. De Violetta a Don Carlo, de Luisa Miller a Radames: mil formas distintas de morir exploradas por el genio de Busseto. Es lógico, porque ya desde L’Orfeo de Monteverdi el amor, la música y la muerte conforman el triángulo prodigioso que da sentido a la ópera. Pero en 1868 el mundo cultural europeo estaba un paso más cerca de la oscuridad cuando se conoció la muerte en París de uno de los mayores inversores en la alegría: Gioachino Rossini. Aunque llevaba casi tres décadas sin componer ópera —desde Guillaume Tell en 1829— la influencia de su estilo y, en mayor medida, de sus estructuras musicales a la hora de construir escenas, habían modelado el género durante 50 años. Y Verdi decide entonces apartar su mirada del cómo y buscar un y ahora qué.

Cuatro días después de la muerte de Rossini escribe a su editor, Tito Ricordi, para proponer la composición de un réquiem colectivo en su memoria, encargándose él mismo del “Libera me” final. Aunque el proyecto no llegó a buen puerto por escisiones internas, este movimiento supondría a la postre el germen de su ulterior y genial Messa da Requiem.

"De unos pocos años antes, extraído de las mil revisiones y descartes de la siempre compleja 'Don Carlo', llegaría el “Lachrymosa”"

En cualquier caso no supone este fragmento el único añadido previo. De unos pocos años antes, extraído de las mil revisiones y descartes de la siempre compleja Don Carlo, llegaría el “Lachrymosa”, reinventando el lamento para tenor y bajo posterior a la muerte del Marqués de Posa. Ambos añadidos, entreverados por un profundo sentido de la amistad —el de Rossini como homenaje, el de Don Carlo como descripción—, adquieren todo su sentido al conocer al destinatario de la Messa da Requiem de Verdi, el poeta Alessandro Manzoni, fallecido en 1873 a consecuencia de una caída en las escaleras de la iglesia de San Fedele. Giulio Ricordi llevaba varios años intentado que Verdi completara un réquiem en solitario, pero la desaparición de escritor funcionó como catalizador para llevarlo a cabo. Apenas 15 días después del suceso Ricordi recibía la confirmación: el compositor completaría la obra.

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