Reportajes

Cantar la guerra con voz de soprano. Artistas ucranianas emigradas a España

La historia de tres sopranos que dejaron Ucrania cuando Putin invadió su país. Se trasladaron a España para empezar desde cero

01 / 12 / 2022 - Gema PAJARES - Tiempo de lectura: 4 min

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sopranos Ucrania
Anastasia Golub Rosina Anastasia Golub como Rosina, en Ucrania © Ópera de Odessa
Anna-Mischenko Nabucco La soprano Anna Mischenko a punto de salir a escena en 'Nabucco' en el Teatro Real
Viktoriia Holubova Oviedo Viktoriia Holubova en Oviedo
Anastasia Golub Violetta Ucrania Anastasia Golub como Violetta, en Ucrania © Ópera de Odessa

Tres mujeres. Tres sopranos. Tres historias. Dejaron Ucrania cuando Putin invadió el país en febrero y se trasladaron a España. Era empezar desde cero, porque había que buscarse la vida. Cada relato daría para escribir un libro. Son Anastasia Golub, Viktoriia Holubova y Anna Mishchenko. Sueñan con regresar a su país. “Ojalá acabe pronto todo este horror”, dicen a una sola voz.

El 23 de febrero de 2022, Anastasia Golub apagó la luz y se dispuso a dormir como cada noche. En su casa estaban también su marido y sus dos hijos, de tres años. No imaginaba que al día siguiente su vida acomodada y tranquila daría un giro de 180 grados. Adiós a los grandes teatros que frecuentaba esta solista principal del Teatro Académico Nacional de Ópera y Ballet de Odessa, una de las ciudades ucranianas más importantes a orillas del Mar Negro. Adiós a las giras, a las clases de canto. Todo cambió cuando Putin decidió invadir Ucrania y llegó la guerra, el pasado 24 de febrero. Golub se preparaba para el estreno absoluto de la ópera Katerina, basada en la obra del poeta ucraniano del siglo XIX, Tarás Shevchenko que, por fin, pudo. “Yo vivía feliz. Tenía un trabajo como profesora en la academia universitaria de Odessa, donde he impartido clases durante 13 años. Y lo alternaba con el canto, que me gustaba más, era y es mi vida”, cuenta la soprano a ÓPERA ACTUAL con la ayuda de su intérprete, un verdadero ángel de la guarda, Elena Kurchenko, filóloga, lingüista e hispanista que traduce casi hasta los suspiros de esta mujer fuerte nacida en 1979.

Precisamente por estrenos como la citada Katerina, es decir, gracias a la actividad que continúa manteniendo la Ópera de Odessa a pesar de la guerra, los International Opera Awards que se entregaron el pasado 28 de noviembre en el Teatro Real de Madrid reconocieron al coliseo ucraniano como mejor compañía lírica del año junto al Teatro Académico Nacional de Ópera y Ballet de Lviv de ese mismo país.

Anastasia Golub: “Al llegar a España me sentía perdida y confusa, y al tiempo muy agradecida por todo el apoyo que me han dado en Cantabria, donde me acogieron”

Anastasia Golub salió de Ucrania el 6 de marzo casi con lo puesto, llevando en cada mano a uno de sus hijos, mientras su esposo se quedaba en Ucrania. “Desde ese día he llorado sin parar. Al llegar a España me sentía perdida y confusa, y al tiempo muy agradecida por todo el apoyo que me han dado en Cantabria, donde me acogieron. Los pequeños echan mucho de menos a su padre. Con él hablamos por teléfono, pero ya nada volverá a ser como antes”, relata la cantante, que ha interpretado más de 25 papeles diferentes, aunque cuando se le pide elegir da tres nombres, por este orden: “Violetta, Micaëla y Liù, tres mujeres intensas. En Puccini, en particular, existe una emoción que te parte el alma”.

Viktoriia Holubova aún recuerda cómo oía en las calles de su tierra el ruido de la guerra. El sonido atroz de las explosiones, de la guerra. Las familias refugiadas en el Metro, la incertidumbre diaria. Tiene 20 años y es soprano lírica. “Es horrible ver lo que está pasando”, cuenta. No quiere escuchar las noticias para evitar el llanto. “Sí, he llorado, y mucho”, confiesa. Llegó a Oviedo después de un larguísimo viaje de cinco días y tras una llamada del Coro Intermezzo en forma de campaña para dar a conocer que estarían encantados de ofrecer trabajo a aquellos cantantes líricos que vinieran huyendo de la guerra. Enviaron un correo a la embajada de Ucrania en España y a los teatros de ópera ucranianos. Y corrió la voz.

© Anna Mischenko

La soprano Anna Mischenko en el Teatro Real

La primera parada de Viktoriia fue Polonia, donde durmieron en un teatro y después en el aeropuerto: “Al decirnos que podríamos irnos gracias al programa Erasmus y viendo la situación que nos esperaba en mi país, decidimos viajar”. Su deseo, además de poder cantar un día Norma de Bellini y canciones ucranianas, alemanas e italianas e interpretar a la Violetta de Verdi (su compositor de cabecera junto con Grieg), es quedarse en España, estudiar y hacer carrera. Su familia, a día de hoy, “vive bien, aunque cada día se hace más cuesta arriba. Tienen agua, gas y luz y viven muy cerca de la frontera rusa. Hablamos cada día, pero no he vuelto a mi tierra”, narra la soprano.

Viajar a Ucrania hoy es jugarse la vida, y actuar en la Ópera de Odessa, también. Allí Anastasia Golub ha seguido actuando con cierta intermitencia: ha podido estrenar Katerina y ha sido la Gilda de Rigoletto. ¿No es demasiado arriesgado? “Sí, mucho”, asegura, “pero el público llena las representaciones y tenemos que estar ahí, con ellos. El estreno del día 12 de noviembre de Katerina se retrasó una hora porque las sirenas no paraban de ulular. Cuando se escuchaban se paraba la función y se reanudaba cuando nos avisaban de que los bombardeos cesaban. En el escenario me olvidaba de todo y me convertía en mi personaje. Ahora, al volver a la rutina, tengo que estar atenta a lo que sucede”, dice la artista. El vestuario, totalmente artesanal, fue salvado de bombas y misiles. Increíble. Una función heroica en la que se jugaron la vida y la celebraron después, cuando el telón cayó.

El reencuentro con su país la aterraba. Por eso preparó esa vuelta, para que el golpe que sufriera, inevitable, no resultase tan duro. Será otra Odessa a la que llegue. ¿Cómo lo ha afrontado? “Confieso que siento un profundo rencor hacia el enemigo, es como cuando te ofenden injustamente. Es mucho más que sentir miedo. Parte de mis raíces son rusas y me duele infinitamente escuchar a mis familiares decir que ‘nos van a liberar’ con esta guerra. El odio que siento es inmenso. Nos ha atacado nuestro hermano, con el que convivíamos, tu amigo. Ha entrado en tu casa a la fuerza para robarte y matarte con la excusa de que te va a liberar. Es terrible”, explica.

Eterna sonrisa

La también soprano Anna Mishchenko es pura sonrisa, destila alegría desde su vestimenta, aunque la procesión vaya por dentro. La llegada a España de esta solista de la Ópera de Dnipro fue pesadillesca, con horas de espera en ninguna parte, una estación de tren a rebosar de gente y un viaje que no sabía cómo terminaría. Tomó un convoy con sus dos hijos adolescentes –dos asientos para tres–, y dando gracias, pendiente de que su escaso equipaje, su dinero y sus documentos no desaparecieran al menor despiste. Les aconsejaron que no utilizaran los móviles, pues desde fuera se podía ver la luz de las pantallas a través de las ventanas. Su marido, como obliga a los hombres este sinsentido, se quedó en Ucrania. Gracias a la ayuda de su profesora, Milagros Poblador, y de Coros Intermezzo, y como Viktoriia Holubova ha hecho en Oviedo, Anna Mishchenko ha cantado en el Coro Titular del Teatro Real en Juana de Arco en la hoguera, Nabucco y Aida, en la que coincidió con Anna Netrebko. “Hablé con ella, sí”, cuenta. “Me hacía ilusión hacerlo. Cuando me preguntó de dónde era le cambió la cara. Yo le dije que solo estábamos ahí para hacer arte. Pero fue un encuentro fantástico”.

Anastasia, por su parte, tiene proyectos propios en el país. Y mucha esperanza en que un día el mal sueño, la pesadilla que se enrosca, acabe por fin. “Voy a cantar un concierto de música barroca ucraniana en el Congreso de los Diputados, con motivo del 300º aniversario del pensador Grigoriy Skovorodá. Vendrá gente muy destacada y diplomáticos y celebraremos así la publicación de un libro escrito por Elena Kurchenko, Bajad ángeles del cielo. Canciones y fábulas de Grigoriy Skovorodá. Los músicos tocarán con instrumentos populares de mi país, como la lira de ruedecillas, y las voces serán las de artistas que están especializados en el Barroco”. Y el 29 de diciembre ofrecerá un recital en la Sociedad Filarmónica de Bilbao con Ricardo Soláns al piano. Poco antes de Navidad, dará otro concierto en Ourense. Y le espera una audición en el Teatro Real.

Mischenko, a pesar de todo, no pierde la sonrisa: “Cualquier oportunidad que se me presente para cantar la voy a aprovechar”, asegura al término de su trabajo en Aida, donde no ha parado de hacer amigos. Madrid, al igual que a sus hijos, le ha dado una nueva oportunidad para volver a vivir. “La guerra empieza muy rápido, pero nunca sabes cuándo va a acabar”, dice.– ÓA

© Sociedad Filarmónica de Bilbao

Anuncio del recital de Anastasia Golub en Bilbao a finales de diciembre