Reportajes
Alicia de Larrocha en su centenario
Intérprete virtuosa, compositora, valiente y rompedora, la artista barcelonesa brilló con luz propia en un mundo monopolizado por hombres
Alicia de Larrocha fue mucho más que una extraordinaria pianista. Intérprete virtuosa, compositora, valiente y rompedora, la artista barcelonesa brilló con luz propia en un mundo monopolizado por hombres. Y, aunque no se prodigó en el campo de la lírica, sí acompañó con insuperable maestría a algunas de las mejores voces de su tiempo.
Gracias a su magnífico talento Alicia de Larrocha (Barcelona, 1923-2009) desarrolló una meteórica carrera artística contando siempre con el apoyo de su marido, el pianista Joan Torra. La célebre intérprete nació en un ambiente musical: su madre y su tía estudiaron piano con Enric Granados. A los cuatro años fue aceptada como alumna por Frank Marshall, también discípulo del gran compositor catalán; dos años después y siendo todavía una niña, Alicia de Larrocha se presentaba al público con obras de Mozart, Bach y Granados, y unas alabanzas introductorias en el programa firmadas por Joaquín Turina. Así comenzaría una impresionante carrera de recitales, conciertos, premios y grabaciones, que acabaría extendiéndose por los cinco continentes.
Por citar algunos logros, De Larrocha conquistó cuatro Grammy, el Príncipe de Asturias de las Artes, la Medalla de Oro de la ciudad de Barcelona y la de la Generalitat de Catalunya, varios doctorados Honoris Causa y numerosos reconocimientos discográficos. Además fue la única participación española en Great Pianists of the 20th Century, la colección de 200 discos que Philips Records lanzó en 1999 con los pianistas más importantes del siglo pasado.
La compositora
Una faceta desconocida de Alicia de Larrocha fue la de compositora –a la que ella se refería humildemente como pecados de juventud–, con casi 50 obras para piano solo, voz y piano y música de cámara, todo en un estilo inspirado en Bach, Chopin, Schumann o Scarlatti y cuyo interés no es solo histórico, sino también musical. La intérprete por antonomasia de Granados, afrontó con igual excelencia todos los estilos, de Bach a Mozart, Chopin, Schumann, Rajmáninov o Debussy, y consiguió algo insólito: llevar el repertorio español a todo el mundo. Nadie como ella supo dar voz a Granados, Albéniz, Turina o Falla.
© La mà de guido Alicia de Larrocha sentada al piano en una fotografía histórica junto a la soprano Conxita Badía, con quien grabó obras de Granados
La pianista poseía una técnica intachable que le permitía afrontar con pasmosa limpieza y facilidad los fragmentos más virtuosísticos, además de dibujar una paleta sonora que iba de la delicadeza más extrema a los más desgarradores forti con una energía arrolladora, una pasión sentimental que llevaba al oyente por un mundo de emociones con la necesaria valentía para personalizar cada compás sin perder el respeto a la grafía original.
La acompañante ideal
Como no podía ser menos, sus virtudes como pianista hicieron de De Larrocha la acompañante ideal para la voz cantada, aunque no solía actuar en esta faceta. Conxita Badia, Victoria de los Ángeles, Pilar Lorengar, Montserrat Caballé o Josep Carreras fueron algunos de los grandes con los que realizó conciertos y grabaciones. ¿Cuáles eran las armas de la pianista en este ámbito? Como intérprete solista buscaba la máxima sencillez: aunque hubiese complejidades técnicas, su línea de fraseo se inspiraba en el legato natural de la voz –la más primitiva, original y emocionante revelación sonora–, y utilizaba la respiración como elemento indispensable y expresivo, como si cantara. Junto a un cantante no solamente le acompañaba, sino que se convertía en su confidente, en una compañera fiel que fusionaba la escritura pianística con la vocal en una simbiótica comunión poética.
De las inolvidables interpretaciones con grandes cantantes quedan valiosos testimonios en sellos discográficos como Icon, Decca, La mà de Guido o Eloquence. Baste recordar a Victoria de los Ángeles –cuyo centenario también se celebra este año– con la delicadísima versión que hizo de la Nana de Falla, con voz y teclado removiendo los sedimentos más profundos del espíritu para transportar al oyente al paraíso perdido de la infancia. O la comicidad, salero y decisión con que ambas describieron la teatral escena de La tarántula é un bicho mú malo de Giménez.
Enric Granados le debe mucho a Alicia de Larrocha: ella rescató partituras olvidadas que permanecían en segundo plano, entre las que se encuentran pequeñas joyas vocales. Inolvidables fueron las versiones de las Canciones amatorias y las Tonadillas, con Pilar Lorengar insuflando vida a los textos. Llorad, corazón fue un modelo de empaste musical, de respiración acompasada y devoción a la palabra, con el piano de De Larrocha en amorosa comunión con Lorengar. La pareja artística reprodujo los claroscuros sentimentales del universo goyesco en La Maja de Goya, reviviendo los cuadros en exquisito diálogo, o en la tercera Maja dolorosa y Amor y odio, hermosas miniaturas musicales con las que ambas intérpretes mostraron su fantasía para detener el metrónomo y convertir cada compás en reducto para la imaginación. En la desgarradora lectura que hicieron de El Majo olvidado, el piano es un tercer personaje que introduce un rayo de esperanza tan sereno como el canto del ruiseñor que consuela al Majo protagonista.
También magníficas fueron las grabaciones que De Larrocha realizó de las mismas piezas de Granados con Conxita Badia, ocasión ideal para redescubrir la flexibilidad de la pianista para adaptarse a otra cantante reconociendo en los mismos textos nuevos amores y desamores. La imaginación de Badia y De Larrocha vuela infinitamente a lo largo de los pentagramas, suspendiendo mágicamente el tiempo y con poco espacio para el consuelo de los amantes desolados. Miradas que se cruzan y se conquistan, amores que hieren, confidentes que consuelan, silencios reveladores, gritos de dolor y confesiones sotto voce, son algunas de las emociones que juntas provocaban en sus inolvidables interpretaciones de estos bellísimos cuadros.
No se pueden acabar estas líneas sin elogiar el excelente trabajo realizado por el Arxiu Alicia de Larrocha, cuyo fondo recoge numerosos documentos que resumen la prolífica trayectoria profesional y personal de la artista, y con el mérito de no recibir subvención alguna.– ÓA





