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ÓA 221: 'Semiramide' en Bilbao

01 / 02 / 2019 - Lourdes Morgades - Tiempo de lectura: 12 min

Más de dos décadas después Semiramide  vuelve a la temporada de ABAO-OLBE –por primera vez en el Euskalduna–a partir del 16 de febrero protagonizada por Angela Meade­ y Daniela Barcellona, en una producción firmada por el gran renovador del teatro italiano Luca Ronconi y dirigida musicalmente por Alessandro Vitiello.

Rossini compuso Semiramide para el Teatro La Fenice de Venecia, donde se estrenó el 3 de febrero de 1823, poco antes de viajar a Londres para luego instalarse definitivamente en París, donde acabó su carrera lírica escribiendo ópera francesa. Semiramide es la última de las 34 óperas que escribió para los teatros italianos y un testamento estético, la formalización de un modelo de ópera idealizado que deviene punto de partida de la evolución futura del compositor. Después de haber finalizado su periodo de siete años en Nápoles, donde escribió algunas de sus mejores óperas serias, el compositor, que tenía 30 años, se hallaba en un punto de inflexión de su carrera y Venecia, donde  había presentado su primera ópera, La cambiale di matrimonio (1810) en el Teatro San Moisè, le brindaba la oportunidad de cerrar su etapa italiana.

Como ya sucediera en La cambiale y Tancredi (1813), Rossini contó para Semiramide con el libretista Gaetano Rossi con el que acordó poner música a la tragedia de la reina de Babilonia, cuyo mito se remonta a la antigüedad y que ha sobrevivido a través de la historiografía, la religión, el arte y la literatura hasta llegar en el siglo XVIII a la ópera. De las diversas fuentes literarias existentes, Rossi y Rossini eligieron la versión de Voltaire, estrenada en la Comédie Française el 29 de agosto de 1748 y difundida en Italia en la traducción de Melchiorre Cesarotti de 1772.

Rossini llegó a Venecia después de siete años componiendo óperas en Nápoles en las que experimentó tanto­ en la estructura como en la música. Pero a la hora de escribir una ópera para La Fenice debía sopesar si aquellas innovaciones eran apropiadas para el público veneciano, poco habituado al estilo vanguardista napolitano. La opción del compositor fue convertir Semiramide en la quintaesencia de la tradición vocal del siglo XVIII, un extenso compendio de brillantes arias y dúos de acrobáticas coloraturas que adoptan una estructura del pasado, pero que musicalmente, tanto en el estilo vocal como en la orquestación, sigue las innovaciones adoptadas en Nápoles.

Daniela Barcellona y Angela Meade (derecha) serán las protagonistas de Semiramide en la producción que este mes recupera la ópera de Rossini para el curso abaísta / Amati Bacciardi / angelameade.com

Semiramide es un auténtico festín canoro, precedido de una gran y suntuosa obertura de 12 minutos convertida en pieza habitual de concierto. Es un tour de force para los cantantes por la dificultad y extensión de la obra, la más larga de las óperas serias de Rossini, con más de tres horas y media de música que a menudo se representa con cortes de recitativos, repeticiones e incluso arias, como sucederá en Bilbao, donde se ha previsto una versión en la que la música no supere las tres horas.

En el regreso de Semiramide se cuenta con un cartel encabezado por una pareja protagonista de excepción, la soprano estadounidense Angela Meade y la mezzosoprano italiana Daniela Barcellona, quien en esta ocasión contará en la batuta con la complicidad de su marido y maestro, Alessandro Vitiello, director musical de la producción. Les acompañan en el reparto el bajo-barítono menorquín Simón Orfila en el papel de Assur, el tenor navarro José Luis Sola como Idreno, el bajo galés Richard Wiegold en el rol de Oroe, la soprano bilbaína Itziar De Unda como Azema, el tenor catalán Josep Fadó en el personaje de Mitrane y el bajo alicantino David Sánchez como fantasma de Nino.

Meade y Barcellona coincidieron por primera vez en 2015 en un Réquiem de Verdi en el Lincoln Center de Nueva York. Para la americana, la de Bilbao será su tercera producción de Semiramide, mientras que la italiana lleva veinte años interpretando el rol de Arsace en los mejores teatros de ópera del mundo.

“Canté por primera vez Semiramide en 2009, en el Festival Belcanto at Caramoor, cerca de Nueva York”, cuenta Angela Meade. “Will Crutchfield, entonces director del Festival, me pidió interpretarla. Nunca antes había considerado cantar Rossini, porque la mayoría de mi repertorio en ese momento no incluía papeles con coloraturas y no estaba segura de que este estilo fuera adecuado para mí. Sin embargo, descubrí que tanto mi voz como yo disfrutábamos cantando trepidantes agilidades”.

La soprano estadounidense afirma que se ha acabado enamorando del rol de Semiramide, “de quien es y de lo que representa como mujer poderosa en un periodo en el cual el mundo era patriarcal. Lo que más me gusta de ella es que ningún hombre le manda. También me he enamorado de la música de Rossini, de sus hermosos pasajes y adoro los fragmentos de pirotecnia vocal”, asegura Meade, para quien los desafíos del rol son “un libreto complicado y confuso dramáticamente, con agujeros entre escena y escena que los cantantes debemos llenar para que todo tenga sentido y eso, dependiendo de la producción, a veces resulta difícil. Vocalmente el desafío obvio es la gran cantidad de coloraturas del rol y que el registro vocal sea más grave del que habitualmente cantan las sopranos con lo que resulta un auténtico desafío mantener la línea vocal rossiniana mientras fuerzas la voz para interpretar algunos adornos”.

Para Angela Meade la parte más difícil es el dúo del segundo acto que canta con Arsace, “Ebbene… A te: Ferisci”, uno de los grandes momentos de la ópera. “Es un dúo muy transparente y se necesita que las dos cantantes estén en total sintonía, no solo en el tono y el ritmo, sino también mentalmente”, señala.

La predisposición de Daniela Barcellona para establecer sintonía con Angela Meade es total. “Estoy muy contenta de poder cantar Rossini con Angela, porque guardo un muy buen recuerdo de haber trabajado juntas en Nueva York”, asegura la mezzosoprano italiana.

Una escena del montaje de Luca Ronconi de Semiramide que podrá verse en Bilbao contando con la dirección musical de Alessandro Vitiello

Barcellona es una veterana cantante rossiniana, que interpretó por primera vez el rol de Arsace en 1998 en el Gran Théâtre de Ginebra en una producción llevada al disco dirigida musicalmente por Gianluigi Gelmetti y compartiendo reparto con la soprano Nelly Miricioiu en el rol de Semiramide, el bajo Michele Pertusi como Assur y Gregory Kunde en el papel de Idreno. “He cantado el rol de Arsace en más de 50 ocasiones y junto a Tancredi es la ópera que más veces he interpretado en mi carrera”, cuenta la mezzosoprano. “Es un personaje que ha madurado conmigo a lo largo de los años, con todo el repertorio que he cantado, tanto Rossini como Verdi, y con mi vida personal, porque cuando subes al escenario lo haces con tu experiencia personal. Aunque Arsace es un joven, mi interpretación actual es la de un personaje más maduro al que, aunque sea una mujer, trato de aportar mi lado masculino”.

Daniela Barcellona señala la complejidad de la escritura vocal y la extensión del rol como los retos principales a la hora de interpretarlo: “Cuando Semiramide se canta íntegra, sin cortes y con todas las repeticiones, el recitativo con el aria de Arsace (‘Eccomi al fine in Babilonia… Ah! quel giorno ognor rammento’) y el dúo con Assur (‘Bella imago degli dei’) del primer acto duran 40 minutos seguidos en los que debo estar cantando en escena. Esto supone un grado de dificultad añadido a la interpretación de un rol con una tesitura muy extensa que demanda una gran expresividad y muchos matices. Es un personaje difícil, largo y con un fraseo muy complejo”.

Pese a las dificultades, a la mezzosoprano le apasiona cantar el rol. “Pide mucho trabajo y estudio pero te da grandes satisfacciones porque, como todos los personajes rossinianos, evoluciona, cambia al estar en contacto con la realidad, como le ocurre a Tancredi. Desde el principio al final de la ópera, experimenta muchos sentimientos hasta llegar al clímax final, en que surge el drama cuando Arsace mata a su madre Semiramide por error”. Habituada a interpretar papeles travestidos, Barcellona sabe que en las óperas serias de Rossini siempre le toca asumir roles masculinos, pero afirma que no le importa, porque son personajes que “llegan al corazón”. “Los roles cómicos de Rossini son epidérmicos, divierten, proporcionan felicidad y me permiten ser yo misma, porque los personajes para mezzo de las óperas cómicas son femeninos. En cambio, en las óperas serias los personajes que puedo cantar son todos travestidos y, en lugar de hacer reír, hacen pensar y ofrecen algo que llega al corazón: heroísmo, amor, drama, pasión”.

Después del tibio estreno de Semiramide en La Fenice, Rossini se marchó de Italia. Un año después, en 1824, la ópera se estrenó en diversas ciudades europeas y americanas y se representó con cierta regularidad hasta mediados del siglo XIX, cuando los gustos habían cambiado y la primera generación de cantantes rossinianos estaba en vías de desaparición, lo que provocó el declive de la obra al igual que el resto de óperas serias del compositor, que en las últimas décadas del siglo desaparecerían de la programación de los teatros italianos. En 1940, Semiramide inauguró el 6º Maggio Musicale Fiorentino y la grabación que en la década de 1960 protagonizaron Joan Sutherland y Marilyn Horne descubrió al mundo de nuevo este ramillete de brillantes arias y fascinantes dúos de impresionante virtuosismo que siguen enamorando a los amantes del bel canto.

Falso desnudo

La producción de Semiramide que presenta ABAO-OLBE procede del Teatro San Carlo de Nápoles y está firmada por uno de los grandes renovadores del teatro italiano, Luca Ronconi, que inauguró con este montaje la temporada 2011-12 del coliseo napolitano. Ronconi rastreó las fuentes del libreto de Gaetano Rossi, la tragedia Sémiramis de Voltaire, hurgó entre el resto de obras con el mismo argumento y decidió que su Semiramide sería un compendió de todas las versiones.

“Veo a Semiramide como una guerrera que ha tenido muchos amantes, incluso a Assur que conspiró con ella para matar a su marido, y que vive una maternidad incompleta ya que su hijo, Arsace, le ha sido arrebatado de pequeño para protegerlo tras la muerte de su padre. Años después se enamora de un joven que resulta ser su propio hijo”, contaba Ronconi en 2011 en una entrevista concedida al diario Il Mattino que reproduce el programa de mano del estreno napolitano de la producción.

Ronconi recalca en su montaje el episodio de incesto –“En el siglo XVIII se negaba el inconsciente, pero nosotros hemos leído a Freud”, señalaba– en una escenografía de un mundo primitivo en ruinas donde la culpa asola el alma de los personajes. El montaje es muy estático y el director de escena confina al coro al foso de orquesta. “Aquí el coro asume el papel del coro griego de comentar y de servir de enlace entre la historia representada y la percepción que de ella tienen los espectadores”, indicaba el regista. El principio inspirador de la escenografía y el vestuario es la desnudez, que el modisto francés Emanuel Ungaro, autor del diseño de vestuario, traduce en la creación de una suerte de coraza de goma que llevan los personajes y que de adhiere al cuerpo dando la sensación de desnudez, “un espejo de la depravación, del lugar donde la civilización ha desaparecido”, señala el modisto en el programa de mano, donde explica que fue un reto “perfilar el contorno de una mujer sedienta de amor que no acepta envejecer y que vive rodeada de violencia en un mundo en el que el poder se mide por la obsesión y el sexo”.

En la reposición de este montaje para inaugurar la temporada de Florencia en 2016, la falsa desnudez que en Nápoles exhibía Laura Aikin se vistió con ropajes en el caso de Jessica Pratt. Ronconi hacía un año que había muerto y parece que nadie defendió la originalidad de su controvertida propuesta.