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ÓA 289: Una 'Aida' rupturista inaugura la temporada del Liceu en la visión de Shirin Neshat

Con Anna Netrebko y Anna Pirozzi como Aida, Piotr Beczala será Radamès, papel que ha defendido en este montaje tanto en Salzburgo como en París

01 / 09 / 2026 - Gema PAJARES. Actualizada al 15/09 - Tiempo de lectura: 7 min

Anna Pirozzi como Aida Anna Pirozzi como Aida en un ensayo en el Liceu © Gran Teatre del Liceu / Sergi PANIZO
Piotr Beczala en la 'Aida' con regia de Shirin Neshat © Festival de Salzburgo / Ruth WALZ
Anna Netrebko como Aida © Arena di Verona / ENNEVI
Anna Pirozzi como Aida Anna Pirozzi como Aida en el Liceu © Gran Teatre del Liceu / Sergi PANIZO
'Aida' con regia de Shirin Neshat © Festival de Salzburgo / Ruth WALZ
Aida Liceu En primer término, Shirin Neshat y Antonello Manacorda. Atrás, Anna Pirozzi, Ekaterina Semenchuk y Víctor García de Gomar © Gran Teatre del Liceu / Sergi PANIZO

Barcelona

Gran Teatre del Liceu

www.liceubarcelona.cat

AIDA

SEP / 23, 25, 27, 28, 29; OCT / 01, 02, 03, 04, 06, 07, 08, 09, 11, 13, 14, 15

Aida: Anna Netrebko / Anna Pirozzi / Olga Maslova / Ewa Plonka. Radamès: Ivan Gyngazov / Piotr Beczala / Arsen Soghomonyan. Amneris: Ekaterina Semenchuk / Ksenia Dudnikova / Fiorenza Cedolins. Amonasro: Artur Rucinski / Ludovic Tézier / Àngel Òdena. El Rey: George Andguladze / Vittorio De Campo. Ramfis: Alexander Köpeczi / Giorgi Manoshvili / Simón Orfila. Mensajero: Moisés Marín. Sacerdotisa: Carmen Buendía / Núria Vilà. O. S. del Gran Teatre del Liceu. Cor del Liceu (Dir.: Pablo Assante). Dirección musical: Antonello Manacorda / Josep Gil. Dirección de escena: Shirin Neshat.

 

El Gran Teatre del Liceu levanta el telón de la temporada con Aida, una producción de la artista visual iraní Shirin Neshat que pone el dedo en la llaga de la desigualdad y el abuso hacia la mujer y que huye de la  grandilocuencia para situar el drama en un universo simbólico en el cual están presentes la identidad, la opresión o el exilio. Con Antonello Manacorda en el podio, habrá 17 funciones y el tenor polaco Piotr Beczala dará voz a Radamès, un papel que conoce muy bien y en el que se siente cómodo y que ha defendido en este montaje tanto en Salzburgo como en París. En el doble reparto liceísta figuran Anna Netrebko y Anna Pirozzi encarnando a la esclava etíope.

Nadie mejor que Piotr Beczala para hablar de la producción de Aida que firma la fotógrafa, cineasta y artista visual irano-estadounidense Shirin Neshat que el 25 de septiembre inaugura la temporada del Gran Teatre del Liceu de Barcelona tras una función, el 23, del ciclo Under 35. El tenor polaco la ha interpretado tanto en su estreno en el Festival de Salzburgo como en su presentación, el curso pasado, en la Ópera de París. Se trata de un montaje minimalista cargado de simbolismo muy cercano a la dura realidad actual, a veces injusta e incomprensible. “Que el Liceu ofrezca 17 funciones con varios elencos es un gran acierto, aunque entiendo que es complejo para el director musical coordinar a tantos cantantes”, afirma Beczala a ÓPERA ACTUAL. “La idea que sustenta esta producción es la situación de las mujeres en Irán unida a una problemática propia de Oriente Medio: la dominación de los hombres en la cultura. Y es realmente fuerte. Shirin Neshat no es una directora de escena de ópera clásica, porque ella es cineasta, algo que pone de manifiesto en las proyecciones que utiliza, que poseen un significado profundo y que pueden hacer que se pierda la forma dramática de contar la historia, pues la tensión del cine es completamente diferente a la de la ópera, que ha de ser explicada, contada y cantada, no vale solo con la imagen. Los ritmos también lo son y la ópera es rígida y hay que seguir la estructura marcada por el compositor”, profundiza Beczala (Ver crítica de Salzburgo).

Para este cantante con varias décadas de experiencia en los mejores teatros del mundo, “el director de escena en una ópera tiene poca libertad: el ritmo lo marca el compositor, las palabras están escritas por el libretista, y esto limita el movimiento. Un cineasta, en cambio, es completamente libre. Él o ella pueden crear una historia partiendo de cero, lo que no quiere decir que yo esté en contra de los directores de escena, en absoluto. Los cantantes somos intérpretes, no creadores, no estamos inventando nada, pero apoyo que los registas se tomen libertades para proponer determinadas ideas contemporáneas y se acerquen a la realidad, como ha hecho Neshat en esta Aida”.

Verdi es alfa y omega para Piotr Beczala. Cerró la temporada del Teatro Real cantando Manrico de Il trovatore, e inaugura la del Liceu como Radamès en esta Aida. ¿Qué significa Verdi para usted? Es el centro de gravedad de mi repertorio. Disfruto cantando tres o cuatro de sus producciones por temporada porque considero que es el mejor entrenamiento técnico. Verdi es para los tenores de peso vocal lo que Mozart representa para los tenores líricos: exige una disciplina absoluta, ya que dejó escrito en la partitura exactamente cómo quería que se cantase cada nota. Ha sido un honor cerrar e inaugurar temporadas en Madrid y Barcelona con su música. El repertorio verdiano ya estaba en mis comienzos como cantante. Después vas evolucionando al compás de tu voz. Yo lo he hecho sin ninguna prisa, despacio, dando un paso detrás de otro, abriendo poco a poco la puerta.

¿Tienen algo en común Manrico y Radamès? Únicamente el compositor… Son personajes completamente diferentes. Radamès es técnicamente más desafiante porque tiene unos 25 si bemoles obligatorios integrados en el fraseo que no te puedes saltar. En cambio, en Il trovatore, el rol de Manrico está escrito solo hasta el la; los agudos de la famosa “Pira” o de otras escenas son añadidos tradicionales. Además, la estructura es distinta: en Aida cantas el aria difícil (“Celeste Aida”) nada más empezar y después te encuentras con un gran vacío hasta el final de la obra. En Il trovatore cantas cada 20 minutos, lo cual es un ritmo más saludable porque evita que la voz se enfríe (Ver crítica de Madrid).

Si tuviera que elegir uno de los dos, ¿con cuál se quedaría? Es difícil. Quizá con Manrico. No soy muy fan de los grandes conjuntos como la Marcha Triunfal de Aida, donde cantas a voz plena rodeado de coro y solistas y tu esfuerzo se diluye en la masa. Prefiero una forma más solista de expresarme, donde cada detalle y palabra se definan con claridad. No obstante, en la segunda mitad de la ópera Radamès tiene dúos tan bellamente escritos que me resulta imposible descartarlos. Es como elegir entre un lomo alto y uno bajo, o entre un Rioja y un Ribera. Es una elección bien complicada.

aida-salzburgo-operaactual-1.jpg Piotr Beczala (Radamès) y Ève-Maud Hubeaux (Amneris) © SF / Ruth WALZ
verdi parís Saioa Hernández y Piotr Beczala en un ensayo de 'Aida' en París © ONP / Bernd UHLIG
Aida 'Aida' inaugura la temporada en un montaje de Shirin Neshat. © ONP / Bernd Uhlig
verdi paris La producción de 'Aida' de Shirin Neshat © ONP / Bernd UHLIG
verdi paris La producción de 'Aida' de Shirin Neshat © ONP / Bernd UHLIG
"El verdadero desarrollo vocal no consiste en cantar cinco roles nuevos cada temporada, sino en repetir los mismos personajes durante 15 o 20 años"

Aida es mucho más que una historia de amor. ¿Cómo definiría esta obra? Es un equilibrio constante entre amor, autosacrificio y poder político. El drama es que Radamès es ingenuo y honesto, carece de instinto político y cree que puede liderar el ejército egipcio y ser feliz junto a la hija del rey enemigo al mismo tiempo. Por otro lado, defiendo que Amneris le ama de verdad y no es una simple villana egoísta, lo que hace la tragedia más dolorosa. Aunque Verdi compuso esto por un encargo para la inauguración del Canal de Suez demostró su genialidad creando una música complejísima. Como cantante, mi meta es defender el lado positivo y lógico de mi personaje para que cualquier espectador, aunque no entienda el italiano, capte la historia a través de las emociones de mi voz.

Tiene Piotr Beczala un aire de galán atemporal. Lleva más de treinta años sobre los escenarios de los más importantes teatros del mundo. Empezó a cantar en 1992, con Mozart como epicentro de su repertorio en Zúrich, París o Bruselas, con Tamino de La flauta mágica casi pegado a la piel. Hoy es uno de los grandes referentes verdianos, pero también del repertorio francés, de Puccini y también del verismo. Ahora tiene a Otello en el punto de mira, que llegará en 2029. Asume cada personaje sin la menor prisa, cuando cree que está preparado para afrontarlo; dice que siempre se ha movido a su ritmo a la hora de elegir los roles que quería cantar. ¿Ha sido este un factor clave en su carrera? “Sin duda”, responde seguro de si mismo. “Es fundamental mantener el equilibrio. Hace 30 años pude haberme limitado al repertorio eslavo como  intérprete polaco y ahí están los casos de Halka y Rusalka que he cantado, pero decidí diversificarme en cuatro estilos: italiano, francés, eslavo y alemán. Son las cuatro patas que le dan estabilidad a mi vocalidad. Solamente con dos no existe esa estabilidad. Por eso es importante ir repitiendo los roles. No cantar cada temporada cinco nuevos en seis funciones y después aparcarlos hasta la siguiente representación. Respeto a quien lo hace, pero no le aporta nada vocalmente ni en su desarrollo. Si te especializas en exceso en un solo estilo, como en Wagner, la voz cambia y después puedes tener problemas con compositores como Verdi. Además, el verdadero desarrollo vocal no consiste en cantar cinco roles nuevos cada temporada, sino en repetir los mismos personajes durante 15 o 20 años. Tu cuerpo cambia y esa repetición es la que te permite madurar la voz. Gracias a este enfoque hoy puedo guiar a los jóvenes cuando me preguntan sobre qué hacer y qué evitar”.

Piotr Beczala como Andrea Chénier en Nueva York © Met Opera / Karen ALMOND
Liceu Rusalka Piotr Beczala y Asmik Grigorian en 'Rusalka' © G. T. L. / A. BOFILL
aida-netrebko-operaactual-teatroreal (1) Anna Netrebko como Aida © Teatro Real / Javier DEL REAL
"Lo preocupante hoy es la falta de responsabilidad que existe: si un  tenor falla tres veces su carrera se acaba; pero si un director de escena encadena tres producciones abucheadas lo convierten en una figura de culto"

Ioan Hollander, ex director de la Ópera de Viena, publicó un artículo en Die Presse en el que señala que los cantantes y los directores musicales están pasando a un segundo plano mientras que los directores de escena, de los que dice que carecen de conocimientos musicales sólidos, se convierten en los protagonistas. Y que, a veces, es necesario escuchar la ópera con los ojos cerrados y no mirar al escenario. ¿Comparte su postura? Toda opinión es respetable y él trabajó con los mejores. Hoy impera la errónea filosofía de que hay que inventar cosas innecesarias para hacer interesante una obra, algo muy distinto a lo que sucedía hace 40, 50 o 60 años, cuando los cantantes, sobre todo, y el director de orquesta ocupaban el centro. No me imagino hoy, aquí y ahora, a Tebaldi, Del Monaco o Corelli en estas circunstancias. La ópera es como un Ferrari: si ya es perfecto y corre fantásticamente, ¿para qué cambiarle el motor? Se ha perdido el equilibrio en favor de algunos directores modernos que carecen de estética y no respetan el trasfondo de los  personajes; pretenden que salgas a cantar Otello como si vinieras de tomar un café en un Starbucks. Yo no tengo poder de decisión en los teatros, no ocupo un puesto de responsabilidad como sí lo hizo en su  momento Hollander, pero tras 34 años de carrera me tomo la libertad de rechazar contratos si la producción me parece que es mala o absurda. Lo preocupante hoy es la falta de responsabilidad que existe: si un  tenor falla tres veces su carrera se acaba; pero si un director de escena encadena tres producciones abucheadas lo convierten en una figura de culto. Al fin y al cabo, la ópera es entretenimiento al más alto nivel; si la gente sale deprimida en lugar de disfrutar estamos bajando la calidad.

¿Qué roles tiene planeado incorporar a medio plazo? El año pasado debuté el protagonista de Andrea Chénier en Nueva York y en Las Palmas de Gran Canarias, y es un papel fantástico que mantendré en mi  catálogo.  Ahora estoy preparando Parsifal, que será mi segundo y probablemente último rol de Wagner. Si añado más papeles de este autor superaría el 30 por cien de mi repertorio y destruiría mi equilibrio vocal. También debutaré como Turiddu de Cavalleria rusticana en dos años, y barajo la idea de cantar Cavalleria y Pagliacci en la misma función. Es un reto corto pero intenso, que haré para mi propia satisfacción.

¿Es Otello el gran objetivo para un tenor de su repertorio? ¿Lo cantará? Sí, es una idea que barajo, pero si llega a suceder, será tal vez en 2029, es decir, en tres años, porque hasta entonces mi agenda está  completamente cerrada. Es un personaje que requiere madurez. Lo que sí puedo asegurar firmemente es que no cantaré Tristán e Isolda. No hay ninguna posibilidad de que eso ocurra. Interpretar a Otello va mucho más allá de la pura potencia física… Totalmente. Muchos cantantes cometen el error de pensar que Otello es sinónimo de cantar fuerte, pero no es así. Hay bastantes matices en papeles como este o el de Manrico de Il trovatore que se pueden utilizar cuando la tensión dramática que buscas es similar. Esa experiencia previa en el repertorio verdiano es clave porque Otello es una ópera sumamente compleja, tanto como su papel titular. Interpretarlo no consiste simplemente en gritar sobre el escenario; encierra un significado psicológico  y dramático bastante profundo. Además, la puesta en escena actual añade nuevos retos. Hoy en día, con los debates y problemas en torno al blackface [maquillarse la cara para simular otra etnia], la representación del personaje entra en otra dimensión. Pero, para ser honesto, a mí me fascina la  historia que narra esta ópera. En mis inicios como tenor joven interpreté el rol de Cassio en muchas ocasiones. Eso me dio el privilegio de compartir escenario y observar de cerca a cuatro Otellos diferentes, su método y su técnica.

Al acabar una función, ¿le resulta complicado quitarse la tensión de encima y desconectar para volver a un estado “normal”? Sí, siempre. En el escenario manejamos niveles de energía y tensión similares a los de los deportistas de élite. Al apagarse las luces, no puedes desconectar el cerebro al instante como si poseyeras un interruptor. Somos como un coche de carreras: si apagas el motor en caliente nada más terminar, se  daña; hay que dejarlo encendido para que se enfríe poco a poco. Pavarotti, por ejemplo, cocinaba grandes ollas de pasta de madrugada para relajarse, con el peligro que eso entraña…. En mi caso, me ayuda salir tranquilamente, conversar con el público, firmar fotos y dejar que la energía disminuya de manera gradual. Habitualmente no logro irme a dormir antes de las dos de la madrugada. – ÓA


 

Shirin Neshat: Combativa y subversiva

Shirin Neshat

Víctor García de Gómar, director artístico del Gran Teatre del Liceu, se muestra satisfecho de levantar el telón de la temporada 2026-27 con el montaje de la Aida que dirige escénicamente la artista irano-estadounidense Shirin Neshat: “Hasta ahora habíamos presentado en el Liceu la producción de Mestres Cabanes y para buscar otras métricas y otras maneras de leer este título tan querido, el que más veces se ha  visto en este teatro, nada mejor que la propuesta de esta artista”, explica a ÓPERA ACTUAL. García de Gomar, que ha impregnado su gestión en el coliseo barcelonés de una especial mirada al arte en sus expresiones más variadas, define a la artista como una creadora “muy política, combativa, subversiva, que ha sufrido el exilio, que conoció la revolución de las mujeres en Irán y que, de golpe, vivió una situación grotesca y opresiva y tuvo que huir a Estados Unidos”. De ahí que su trabajo siempre haya estado orientado hacia la crítica, en favor de la libertad de derechos de las mujeres, de una franqueza más democrática a la hora de expresarse, y ese es el contexto de esta producción que se puede interpretar como un grito ante la situación actual que vivimos. Es levantar la voz frente “a la política de las hegemonías, de los grandes  bloques, de la opresión. Incluso cuando política y religión casi se unen hablamos de fanatismo, que siempre resulta peligroso por lo excluyente. Neshat conecta con ese mundo político, religioso, civil y sacro a la vez de dominación en que todo el mundo tiene que obedecer”, cuenta, y que es el que llevará a escena en Barcelona con esta particular visión del título de Verdi, uno de los más queridos por los liceístas. G. P.

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