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ÓA 221: 'Bel Raggio Lusinghier'... 196 años después

02 / 01 / 2019 - Cesidio Ñiño, director artístico de ABAO-OLBE - Tiempo de lectura: 5 min

ABAO-OLBE

SEMIRAMIDE

16, 19, 22, 25/II

Semiramide: Angela Meade. Arsace: Daniela Barcellona. Assur: Simón Orfila. Idreno: José Luis Sola. Oroe: Richard Wiegold. Azema: Itziar de Unda. Mitrane: Josep Fadó. Fantasma de Nino: David Sánchez.

Bilbao Orkestra Sinfonikoa.

Coro de Ópera de Bilbao (Dir.: Boris Dujin).

Dirección: Alessandro Vitiello.

Dirección de escena: Luca Ronconi-Marina Bianchi.

ABAO-OLBE se suma al 150º aniversario del fallecimiento del gran compositor Gioachino Rossini. El homenaje no pudo hacerse durante 2018 –año en el que se conmemoraron los 150 años de su muerte– por motivos de programación y contratación artística, pero ahora llega Semiramide para conmemorar la efeméride.

En tiempos de Rossini, el término bel canto tal y como lo conocemos hoy en día no existía. Fue seguramente Stendhal, el primero y uno de los biógrafos más exhaustivos del compositor, quien lo acuñó en una de sus críticas y reseñas. En estos agitados días del siglo XXI, tendencias, nuevos términos y acepciones se suman cada instante al argot popular, sin embargo el de bel canto permanece, por fortuna, inamovible dentro de la terminología habitual operística para designar una hermosa forma de cantar, un canto bello. Semiramide se caracteriza por su gran calidad musical y por el canto bello inherente desde las primeras incursiones de las dos protagonistas sobre el escenario. Este ya se vislumbra desde el prólogo de la obertura, con un sonido realmente fantástico, cuya luminosidad va a traspasar las arias y dúos a cargo de Semiramide, Arsace, Assur e Idreno con un elaborado arte vocal que Rossini envuelve en un papel de regalo refinado y sutil. Una delicada línea de canto, melódica y melancólica, que avanza hacia formas de ópera de estilo alemán, que ya evoca la extensa obertura, o de estilo francés. Acompañada por una rica y exuberante orquestación, se suceden arias que parecen fuegos artificiales, profusamente ornamentadas, en las cuales los cantantes pueden dar rienda suelta a sus virtuosas dotes vocales. Un sinfín de bondades llenan esta partitura seria de Rossini: Semiramide, ossia el arte del canto en la cima del Everest.

También fue en un mes de febrero cuando este título se estrenó en Venecia en 1823. Fue la última ópera de la etapa italiana de Rossini antes de partir hacia Francia y componer la que sería una de las grandes óperas de todos los tiempos: Guillaume Tell. 196 años después, en ABAO-OLBE, la ópera de Bilbao, Semiramide vuelve a cobrar actualidad con una producción del Teatro San Carlo de Nápoles (en la imagen), inédita en España, y que lleva la rúbrica de uno de los directores de escena de mayor tradición, Luca Ronconi. Angela Meade, Daniela Barcellona, Simón Orfila y José Luis Sola, darán vida a los cuatro protagonistas principales de esta ópera bajo la batuta de Alessandro Vitiello ante la Bilbao Orkestra Sinfonikoa.

La cultura rossiniana, amplia y plural, abarca mucho más que óperas bufas y arias de complejidad extrema en sus óperas serias. Es un testamento de extraordinaria riqueza, un legado del cisne de Pésaro que teatros y programadores deben preservar para regocijo y placer de los espectadores.