Opinión

Valorar el pasado, un recuerdo de Helga Schmidt

La sentencia del 'Caso Palau' confirma la inocencia de la ex intendente ante todos los cargos que se le imputaban

11 / 03 / 2020 - César RUS - Tiempo de lectura: 3 min

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Helga Schmidt © Palau de Les Arts

El Caso Palau, que llevó al banquillo una presunta trama corrupta relacionada con el Palau de Les Arts de Valencia, ha llegado a su fin. Todos los acusados han sido absueltos tras cinco años de proceso, confirmándose la inocencia de la que fuera su intendente, Helga Schmidt, fallecida el pasado mes de octubre. Su muerte se produjo semanas antes del juicio en el que debía defenderse de los cargos de prevaricación, malversación de fondos públicos y falsedad.

Cinco años con tu honorabilidad en tela de juicio son demasiados. Personalmente, nunca he publicado una línea sobre este caso a la espera de que la justicia terminase su trabajo pese a que estaba convencido de la inocencia de la principal acusada, Helga Schmidt. El silencio me parecía lo más respetuoso con la justicia. Pero, en ese sentido, la administración de justicia tiene una serie de deberes respecto a la sociedad y uno de ellos es el de la eficiencia y, en este caso, la dilatación del proceso pone de manifiesto su insuficiencia en el cumplimiento de sus deberes. Las consecuencias negativas más importantes de este caso, y de su dilatación, han sido dos. En primer lugar, el daño a la institución. En el mundo de la cultura el prestigio lo es todo y, para un teatro joven como es el Palau de Les Arts, el impacto en su imagen de un caso así ha sido importante. Evidentemente, la justicia intervino porque creyó que debía intervenir, pero la lentitud del proceso ha hecho que el daño en la imagen sea mayor, y ahora cuesta mucho limpiar la imagen pública del teatro.

"Los acusados han pasado por el calvario de un proceso eternizado, pero es sin duda Helga Schmidt quien más lo sufrió y, lamentablemente, su fallecimiento no le permitió ver su absolución"

Para el segundo lugar dejo lo más importante, los daños personales. Todos los acusados han pasado por el calvario de un proceso eternizado. Pero es sin duda Helga Schmidt quien más lo sufrió; y, lamentablemente, su fallecimiento en octubre no le permitió ver cómo se confirmaba su inocencia. La sentencia establece que la exintendente no era consciente de haber cometido irregularidad y que, en cuanto fue consciente de esa posibilidad, la solucionó. Quede claro que dicha irregularidad (compartir la intendencia con la presidencia de Patrocini), era meramente administrativa.

Leyendo la sentencia se extrae como consecuencia que el tribunal ha dado la razón punto por punto, palabra por palabra, a la versión de Schmidt. Hay que recordar que, como intendente del Palau de Les Arts, fue la artífice del proyecto. Sentó las bases de lo que hoy es uno de los teatros de referencia en España y muchas de las producciones que impulsó adquirieron dimensión internacional. Formó una orquesta de nivel e implicó a directores de la talla de Lorin Maazel o Zubin Mehta. Se podría añadir un buen número de méritos, pues el trabajo que realizó en Les Arts fue una de las más brillantes gestiones culturales que ha habido en nuestro país.

¿Habrá reacción? ¿Puede Les Arts no mirar a su pasado? Hasta este momento, su época fue la más brillante en la breve historia del coliseo valenciano. Es una evidencia contundente que solo la sombra de la corrupción podía enturbiar. Pero una vez disuelta, los hechos son los hechos. La figura de Schmidt incomoda a la clase política local: a los anteriores responsables porque el juicio pone en evidencia que fue despedida de manera improcedente y, a los actuales, porque les supone tener que reconocer méritos al periodo anterior. En ese sentido, hay que recordar que la gestión cultural de alto nivel, guste o no guste, no tiene ideología. En un campo como la ópera no hay diferencias entre derechas o izquierdas. No hay diferencia en la programación de La Scala o la Ópera de Viena según gobiernen unos y otros. La gestión cultural se mide por su profesionalidad, la calidad de los resultados y la viabilidad de los proyectos. El tiempo ha demostrado que Helga Schmidt sobresalió en los tres aspectos. En estos días han surgido voces que reclaman que Les Arts rebautice el Centre de Perfeccionament con su nombre o que se le dedique una de las salas. Son buenas ideas. Una sociedad que no valora sus éxitos está condenada al fracaso. * César RUS, ­corresponsal de ÓPERA ACTUAL en Valencia