Opinión

El propósito: motor de sostenibilidad económica

La directora ejecutiva de la Asociación Ópera Latinoamérica (OLA) revela detalles de una de las ponencias realizadas en la 19ª Conferencia Anual de OLA realizada en junio en Lima

01 / 09 / 2026 - Paulina RICCIARDI MONDINO - Tiempo de lectura: 3 min

Uno de los encuentros profesionales de la 19ª Conferencia Anual de Ópera Latinoamérica realizada en junio en Lima © OLA / Teatro Municipal de Lima
Asociación Ópera Latinoamérica (OLA) Paulina Ricciardi Mondino © Asociación Ópera Latinoamérica (OLA)

Guillermo Larraín afirmó en la 19ª Conferencia Anual de Ópera Latinoamérica en Lima: “Las artes de la representación tienen la misma productividad desde el siglo XVIII”. La Novena Sinfonía de Beethoven o La flauta mágica duran lo mismo que cuando fueron creadas –ejemplificó el economista– y no es posible reducirlas sin alterar las obras. Sus costes, en cambio, han aumentado, mientras los modelos públicos y privados de financiación atraviesan una crisis. Frente a esta brecha, la cultura puede recurrir a capacidades que conoce bien: la construcción de sentido y la creatividad.

Durante décadas, el sector confió en que el valor intrínseco del arte bastaba para asegurar el apoyo del Estado o de mecenas. En un escenario global de recortes, esa premisa ya no alcanza. Ahora, el valor y motor de la cultura se asocia a un propósito claro: definir el valor que una organización aporta a la sociedad y hacer que ese sentido oriente tanto las decisiones artísticas como las presupuestarias.

Ante los retos actuales, es imprescindible diversificar ingresos para reducir la dependencia financiera de las organizaciones. Estas acciones, mientras sean impulsadas por el propósito, protegerán la independencia y visión artística de las instituciones. El principal desafío es, entonces, dejar de asumir que generar ingresos convierte a la cultura en un negocio.

En esa línea, la creatividad e innovación habilitan la diversificación de ingresos. Además de auspicios y entradas, entre otras estrategias, hoy las organizaciones culturales rentabilizan su infraestructura, a través de tiendas, restaurantes, arriendos, o venden producciones y servicios. Por ejemplo, Gibney Dance alquila salas a compañías de Broadway y la Sinfónica de Cincinnati creó una filial para producir conciertos y gestionar espacios comerciales.

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