Opinión

Editorial ÓA 260: La zarzuela como patrimonio de la humanidad y el abono digital

El abono digital del Liceu que ocupa el artículo de portada, representa un paso más del coliseo barcelonés por la innovación, una institución pionera en este campo

01 / 09 / 2022 - Fernando SANS RIVIÈRE - Tiempo de lectura: 4 min

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dongildealcala-operaactual-zarzuela (1) Una escena del montaje de Emilio Sagi de 'Don Gil de Alcalá' © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
Fernando Sans Fernando Sans Rivière © ÓA / Joan TOMÁS

Sorprende que un género musical como la zarzuela, que supera los 350 años de historia con más de 16.000 obras catalogadas, esté solicitando en pleno siglo XXI su reconocimiento como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad (ver reportaje en páginas 42 a 44). El género pervive en España y Latinoamérica y es reconocido mundialmente por el público que la acoge siempre con gran interés por su calidad y, muy especialmente, por su conexión con las realidades sociales. La zarzuela se ha cultivado en todas las regiones de influencia española siempre con sus particularidades –e incluyendo las diferentes formas idiomáticas del país–, creando una gran riqueza musical que en España, lamentablemente, tras la transición, se tildó de anticuada o vulgar por una parte del público. Un prejuicio que perdura entre los que menos la conocen. Por ello es imprescindible que la labor de los programadores de todo el país, con el Teatro de La Zarzuela a la cabeza, apuesten por un género todavía vivo –­aunque en retroceso–, que por su calidad e interés merece un reconocimiento mundial y el máximo esfuerzo para preservarlo, difundirlo y ampliarlo desde las instituciones culturales con el apoyo de los profesionales de la lírica del país. El interés de nuestros intérpretes por cantarla, con Plácido Domingo como referente, demuestran su calidad como se pone de manifiesto en el reconocimiento del público que la acoge con fervor allí donde se interpreta.

Portada de la revista ÓPERA ACTUAL Nº 260 (SEPTIEMBRE 2022)

Por otra parte, el novedoso abono digital del Gran Teatre del Liceu que ocupa el artículo de portada, representa un paso más del coliseo barcelonés por la innovación, una institución pionera en este campo siendo de las primeras en apostar por las retransmisiones operísticas en cines en un hoy ya lejano 2001. Hoy en día la ópera en pantalla grande cuenta con millones de espectadores en los cinco continentes, ámbito en el que el Met de Nueva York, el Covent Garden de Londres y la Ópera de París son una referencia.
De las retransmisiones en cine se pasó a las emisiones digitales en streaming y en diferido, formando importantes catálogos desde plataformas y canales especializados como My Opera Player del Teatro Real.
La propuesta de Valentí Oviedo desde el Liceu crea un nuevo modelo, el abonado digital. Se trata de que el aficionado pueda disfrutar de parte de la programación del Liceu como un abonado más, pero desde casa ya sea porque vive fuera de la ciudad o del país –o porque quiere repetir después de haber visto la obra en el teatro–, disfrutando en esta primera convocatoria de cinco títulos del curso que ahora comienza. No se trata de streamings convencionales, ya que, gracias a la tecnología, cada ópera se podrá seguir junto a su partitura durante la función o ver la representación desde diversas perspectivas. Se trata de un producto muy cuidado en imagen y sonido, ofreciendo una renovadora experiencia interactiva para el público. Una apuesta rompedora que ya está teniendo un éxito considerable con cientos de abonados a precios realmente competitivos.
Desde ÓPERA ACTUAL apoyaremos al máximo toda difusión de la ópera de calidad en los formatos que facilitan la divulgación de un género lírico que amamos y que desde los teatros públicos –estamentos culturales de primer orden– deben promover entre el mayor público posible y en todas las capas sociales. Esperamos que esta apuesta sea un éxito ya que lo agradecerán los aficionados de todo el mundo, los de un planeta que debemos preservar y cuidar facilitando también la accesibilidad virtual. ÓA