Wagner vuelve al Real: Alegato ecologista en el Walhalla

El coliseo lírico madrileño retoma su 'Tetralogía' con Pablo Heras-Casado a la batuta y en una propuesta escénica de Robert Carsen

08 / 02 / 2020 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 4 min

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Wagner Una escena de 'Die Walküre' en la producción de David Carsen que podrá verse en el Teatro Real © Opern Köln / Klaus LEFEVRE
Wagner Una escena de 'Die Walküre' en la producción de David Carsen que podrá verse en el Teatro Real © Opern Köln / Klaus LEFEVRE

Teatro Real
Wagner: DIE WALKÜRE
12, 14, 16, 18, 21, 23, 25, 27, 28_02

Siegmund: Stuart Skelton / Christopher Ventris. Hunding: René Pape / Ain Anger. Wotan: Tomasz Konieczny / James Rutherford. Sieglinde: Adrianne Pieczonka / Elisabet Strid. Brünnhilde: Ricarda Merbeth / Ingela Brimberg. Fricka: Daniela Sindram. Gerhilde: Julie Davies. Ortlinde: Samantha Crawford. Waltraute: Sandra Ferrández. Schwertleite: Bernadett Fodor. Helmwige: Daniela Köhler. Siegrune: Heike Grötzinger. Grimgerde: Marifé Nogales. Rossweise: Rosie Aldridge. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real (Coro Intermezzo; Dir.: Andrés Máspero / O. S. de Madrid). Dirección: Pablo Heras-Casado. Dirección de escena: Robert Carsen.

A modo de introducción: “Yo amo al divino arte como el que más; pero no llego hasta el punto de molestar a mis semejantes […] como hacen otros que le llevan a usted a su casa con un pretexto cualquiera, y allí como quien no quiere la cosa, le dicen:
– ¡Hombre! Ya que está usted aquí, voy a tocarle la Valquiria.
– ¿La qué?
– Una obra de Wagner.
– ¡No, no, por Dios!”

Luis Taboada, 29 de enero de 1898

"A un año para el estreno de 'Die Walküre' en el Real, donde llegó en enero de 1899, el rumor a su alrededor se hizo cada vez mayor ocupando columnas de opinión e informando sobre los meses de trabajos previos"

Con la ironía que encierra la cita que encabeza este artículo despachaba en La Ilustración Ibérica el periodista gallego Luis Taboada al mundo cada vez más presente en Madrid de los diletantes wagnerianos a finales del siglo XIX. Faltaba un año para el estreno de Die Walküre en el Teatro Real, donde llegó en enero de 1899, pero el rumor a su alrededor se hizo cada vez mayor ocupando columnas de opinión e informando sobre los meses de trabajos previos, los más de cincuenta ensayos necesarios y la maquinaria específica que hubo que traer desde París para dar cuenta del fuego encantado del final de la obra. Este despliegue hace más de 100 años ejemplifica la capacidad de movilización y las dinámicas de gigantismo que se asocian inevitablemente a cada proyecto wagneriano desde sus inicios, y más si se trata de completar la Tetralogía de El anillo del nibelungo en un mismo teatro y con un mismo equipo.

Por segunda vez desde su reapertura el Teatro Real afronta la Tetralogía, una propuesta que se inició el año pasado con el preceptivo prólogo, Das Rheingold, resuelto con más luces que sombras (el primer Anillo del Real tuvo como involuntario protagonista a Willy Decker). Llega ahora el turno de subir a escena la primera jornada y la más popular de las cuatro óperas nibelungas, Die Walküre. La codicia e ira de Wotan, el amor y el incesto de Sieglinde, la lealtad de Brünnhilde, la famosa cabalgata… En resumen, Wagner y todo su ideario mítico expuesto en Oper und Drama elevados a su máxima expresión.
En la obra hay un evidente intento por parte del compositor alemán por dar vuelo a toda la riqueza metafórica que reflexiona sobre lo trascendente, y que se aloja de manera casi ingenua bajo el disfraz de la mitología nórdica. La batuta será, como durante todo el ciclo, la del principal director invitado del Real, Pablo Heras-Casado, Premio ÓPERA ACTUAL 2014, que contará durante las nueve funciones programadas para este mes de febrero con un doble reparto de peso encabezado por Stuart Skelton (Siegmund), René Pape (Hunding), Tomasz Konieczny (Wotan), Ricarda Merbeth (Brünnhilde) y Adrianne Pieczonka(Sieglinde).

© Opern Köln / Klaus LEFEVRE

'Die Walküre', en su estreno en Colonia

Entre la desolación y el alegato ecologista

Robert Carsen estará de nuevo al frente de la dirección de escena, continuando con la producción que dio a conocer en la Ópera de Colonia y que ya pudo verse al completo en Barcelona, cuya clave de bóveda descansa sobre el sentido de humanidad de sus personajes. Entre la desolación y el alegato ecologista, el reto de su sobria puesta en escena es el de animar una dramaturgia propia que enseñe tanto la capacidad para convocar el caos del ser humano como la necesidad de redención de sus protagonistas. El montaje de Die Walküre ahonda en lo ya insinuado en el prólogo, como la preocupación por el medio ambiente y la relación destructiva del ser humano respecto a su entorno. El espíritu crepuscular en sí mismo de la ópera sirve como premonición y facilita esa asimilación entre el remoto mundo mítico y la actualidad más inmediata. La visión de Carsen es desoladora, en cierto sentido apocalíptica, pero también hace a sus personajes reconocibles, identifica sus estatus en la pirámide social y destila una cierta ternura hacia los protagonistas que no son dueños de sus destino.

El día del estreno de Die Walküre en Madrid hace más de un siglo los periódicos reflexionaban sobre la trascendencia de Wagner y su mensaje: “No será comprendida durante las cinco o seis primeras representaciones por la generalidad del público”, comentará el Diario Oficial, “que puede manifestar primero su asombro ante tamaño genio, para luego sentirse dominado por el cansancio conforme vaya terminándose la leyenda”.
Hoy la leyenda de una ópera se alimenta del montaje con un mensaje menos antropocéntrico que el original y mucho más cerca de la conciencia ecológica: ¿será comprendido?

Más abajo, un vídeo de promoción del montaje cuando se vio en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona en 2013.– ÓA

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