Serena Sáenz vuela de la mano del Festival Perelada a la Casa de la Moneda

El recital se organizó en torno a la exposición 'Coleccionismo, génesis de museos: El Castillo de Peralada' en el Museo Casa de la Moneda de Madrid

19 / 06 / 2024 - Gema PAJARES - Tiempo de lectura: 3 min

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Serena Perelada Madrid La soprano Serena Sáenz y la pianista Leyre Saénz de Urturi © Festival Perelada / Santiago BURGOS
Serena Perelada Madrid La soprano Serena Sáenz y la pianista Leyre Saénz de Urturi © Festival Perelada / Santiago BURGOS

La soprano barcelonesa ofreció ayer un exitoso recital, acompañada por la pianista Leyre Saénz de Urturi, en el auditorio del Museo Casa de la Moneda y presentado por el Festival Perelada, donde demostró el excelente momento vocal en el que se encuentra. El recital se organizó en torno a la presentación de la exposición Coleccionismo, génesis de museos: El Castillo de Peralada.

Capiteles medievales de una belleza espectacular junto a una reproducción de las arcadas góticas, tan características del claustro de Peralada (Girona). Con formas de animales, con motivos vegetales. La primera piedra de Coleccionismo, génesis de museos: El Castillo de Peralada la ponen estas coronas pétreas, parte de las 93 piezas que han viajado desde la localidad ampurdanesa hasta el Museo Casa de la Moneda, donde están expuestas desde primeros de mayo hasta finales de septiembre.

La puesta en escena de la exposición, que es un acierto, tan bien iluminada, tan devota del silencio, tan ajena al bullicio de la madrileña calle O’Donnell, deja a la vista algunos de los tesoros de la familia Suqué-Mateu, propietaria del castillo y del conjunto medieval de la localidad gerundense. La muestra recrea diferentes espacios del castillo, del claustro y de la iglesia del Carmen que en origen conformaban el convento que dio origen conjunto y que en 1980 se abrieron al público. En el Museo Casa de la Moneda las salas miran a la museografía original proyectada por Miguel Mateu, quien compró en 1923 el castillo al Marqués de la Torre. En la reproducción del ambiente de la iglesia del Carmen, cuyo suelo luce una recreación de las mismas baldosas hidráulicas del templo, se aloja pintura y escultura, donde recibe Cristo atado a la columna, de Hans Memling, una espectacular pintura del siglo XV, junto al Tríptico de Mencía de Mendoza, obra del taller de Gil de Siloé en madera tallada y policromada del siglo XV y muy cerca también de La Piedad de Cristo, firmada por Filipino Lippi. Absolutamente envidiable.

La biblioteca del castillo de Peralada, que ocupa el antiguo espacio de las celdas de los frailes carmelitas, es otro de los puntos calientes, poseedora de centenares de incunables y de una colección cervantina que es referencia mundial (los Quijotes con ilustraciones de Doré o Dalí son punto y aparte). Lo mismo que las piezas de cristal, vidrio romano y cerámica (agrupadas en una suerte de bomboneras que permiten contemplarlas con todo detalle) que se pueden ver estos días en la capital, algunas de una fragilidad pasmosa, casi volátiles, y que hacen de cada uno de estos objetos piezas únicas. No hay que dejar de ver este conjunto de obras de arte porque merece muchísimo la pena.

"la soprano Serena Sáenz, Premio ÓPERA ACTUAL 2023, demostró en el Auditorio de la Casa de la Moneda que está en un momento fantástico"

Y para celebrar y homenajear la llegada a Madrid de este conjunto único, la voz de la soprano Serena Sáenz, Premio ÓPERA ACTUAL 2023, que demostró ayer en el Auditorio de la Casa de la Moneda que está en un momento fantástico y que el futuro lleva su nombre escrito. Lo demostró junto a la pianista Leyre Sáenz de Urturi, con quien formó una compacta dupla que se nota que está rodada. Cantó con gusto, interpretó con pasión y puso desenfado cuando la ocasión lo demandó. “Con poco más de 30 años, su ascendente trayectoria la ha llevado ya a pisar escenarios de primer nivel como la Staatsoper Unter den Linden de Berlín, la Wiener Staatsoper o La Scala”, escribe Antoni Colomer en el programa de mano.

El recital fue tan versátil como la voz de la soprano que viajó desde la ópera italiana a Richard Strauss (quizá el momento álgido de la tarde), de la mélodie française a la canción española. El bel canto romántico fue el encargado de abrir la velada: el recitativo y aria “Eccomi in lieta vesta… Oh! Quante volte”, de I Capuleti e i Montecchi, de Bellini, que la convirtió en una Giulietta amorosa, romántica que pergeña sus sueños, los hilvana y los teje. Ya apuntó las maneras que a lo largo de este pequeño concierto iba a desplegar. De esta ensoñación pasó la soprano a otra, la de “Morgen!”, de Richard Strauss, de una belleza casi redonda y que defendió de manera magistral.

La hora española

Tras un guiño precioso a La Bohème pucciniana Serena Sáenz levantó de nuevo el vuelo dispuesta a enfrentarse a un par de ejercicios vocales con las aves como protagonistas (que confesó que últimamente están muy presentes en su vida), de la mano de Camille de Saint-Saëns (preciosa interpretación de Le rossignol et la rose de Parysatis) y de la no muy conocida cantante y compositora belga de origen italiano Eva Dell’Acqua, de quien interpretó Villanelle, el fragmento más popular de la ópera Feu de paille.

Llegó una pausa de apenas unos minutos para dar paso a la segunda parte, de profundo aroma español, con Manuel de Falla y algunas de sus Siete canciones populares españolas (El paño moruno, Asturiana y Nana), Cantares de Joaquín Turina y un doblete de Enrique Granados, Elegía eterna y Gracia mía. El público aplaudió cada una de las intervenciones y guardó un silencio sepulcral (algo que, en ante determinados auditorios, se antoja imposible) entre las canciones de Falla. Serena Sáenz hizo gala de su poder vocal, de su destreza, de su capacidad para interpretar, sentir y ponerse en la piel de las mujeres a las que dio voz ayer. Y regaló, al alimón con la pianista, estupenda en su acompañamiento, acompasada y firme, un nuevo guiño a Puccini con el inmortal Oh mio babino caro”, de Gianni Schicchi. El futuro es de Serena Sáenz.– ÓA