'Partenope', o una abeja reina en versión 'art déco'

Llega al Teatro Real esta ópera de Händel en un montaje de Christopher Alden galardonado con el premio Olivier en 2009, con Brenda Rae y Sabina Puértolas en el rol principal

05 / 11 / 2021 - Gema PAJARES - Tiempo de lectura: 5 min

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Partenope ENO / operaactual.com Una escena de 'Partenope' en la laureada propuesta de Christopher Alden que se verá en el Teatro Real © English National Opera / Donald COOPER

Madrid

Teatro Real
Händel: PARTENOPE
13, 14, 15, 16, 17, 19, 20, 21, 23_11

Partenope: Brenda Rae / Sabina Puértolas. Rosmira: Teresa Iervolino / Daniela Mack. Arsace: Iestyn Davies / Franco Fagioli. Armindo: Anthony Roth Costanzo / Christopher Lowrey. Emilio: Jeremy Ovenden / Juan Sancho. Ormonte: Nikolay Borchev / Gabriel Bermúdez. Orquesta Titular del Teatro Real (O. S. de Madrid). Dirección musical: Ivor Bolton. Dirección de escena: Christopher Alden.

 

El Teatro Real lleva a escena esta especial ópera barroca de Händel, un juego erótico en el que el amor lésbico está muy presente. Christopher Alden, galardonado por este montaje con el premio Olivier en 2009, se estrena como director de escena en Madrid y centra la obra en la figura de la inclasificable y genial Nancy Cunard. Llevará la batuta Ivor Bolton. Brenda Rae se alternará con Sabina Puértolas en el rol principal, una mujer con cuatro pretendientes

La pregunta se repite: ¿Quién dijo que la ópera barroca no era moderna? ¿Lo dijo alguien? Basta con echar un vistazo a la obra de Händel que centra el mes de noviembre la programación del Teatro Real para hallar la respuesta. Compuesta en el siglo XVIII la opera seria del settecento deja paso a un hilarante divertimento tardío en el que el elemento lúdico es omnipresente. Así lo explica Joan Matabosch, director artístico del coliseo lírico madrileño: “Este desfile al que asistimos de escenas grandilocuentes de amor, de lujuria, de traición, de celos, de venganza y, sobre todo, de heroísmo, en sintonía con lo que se esperaba de la temática de una opera seria, es dinamitado por el mismo compositor sobre la base de imponer a todos estos grandes sentimientos un inesperado, irreverente y refrescante tratamiento de comedia. De forma que Händel propone, al mismo tiempo, una opera seria que se ajusta a todas las expectativas del género, pero también una parodia de las convenciones. Y, de todos los grandes sentimientos que expresan los personajes imaginados por el compositor y el libretista, ninguno sale tan mal parado como el heroísmo, que en cualquier opera seria convencional no podía menos que ser motivo de culto y de exaltación. En Partenope, en cambio, el heroísmo es una cualidad ridícula, risible, que revela falta de madurez y de capacidad de reflexión”.

Joan Matabosch: "Hay en la trama toda la ambigüedad picante que tanto abundaba en la ópera de la época, incluida una subtrama con connotaciones lésbicas”

¿Existe, entonces, un juego de dobles entendidos? Toma la palabra Matabosch: “No hay más que ver las intenciones de los candidatos a amantes de Partenope: los pretendientes incluyen a Arsace, su confuso amor romántico; Armindo, su tímido, deslumbrado pero inarticulado pretendiente a amante; su mejor amigo Ormonte; y Rosmira, la prometida traicionada de Arsace, que está indignada por el abandono de su ex amante y que se ha disfrazado de hombre y ahora compite con su amante por el amor del actual amante de su ex-amante… Es decir, hay en la trama toda la ambigüedad picante que tanto abundaba en la ópera de la época, incluida una subtrama con connotaciones lésbicas”.

Man Ray a escena

De ahí que no es extraño que en el Londres de 1730 Partenope provocara el mayor desconcierto; sin embargo, el compositor era perfectamente consciente de lo que hacía y sabía que con los cantantes de su parte, la batalla estaba ganada: “La música es una auténtica genialidad, y proporciona a los cantantes ocasiones únicas de exhibir su talento. ¡Cómo iba a resistirse un mediático castrado de la época, de extensión vocal asombrosa y técnica de acero, a arrasar con páginas tan memorables como ‘Furibundo spira il vento’, o ‘Dimmi pietoso Ciel!’. Por mucho que la temporada de su estreno Händel no lograra que el título se impusiera más allá de siete representaciones, enseguida se interesó por el personaje de Arsace, que en el estreno había cantado Antonio Maria Bernacchi, el legendario castrato Senesino que, en efecto, lo interpretó unos meses más tarde en el mismo King’s Theatre para una nueva serie de siete representaciones para la que Händel realizó ajustes, cortes y el añadido de una nueva aria a mayor gloria de su nuevo divo”, explica Matabosch.

© ENO

Christopher Alden

El director de escena es Christopher Alden, que debuta en este escenario. El montaje llega a Madrid avalado por prestigioso premio Olivier en 2009 y una escena tan elegante como art déco, chic y glamurosa: “La metáfora central de Partenope es el campo de batalla del amor” afirma el regista a ÓPERA ACTUAL. “En esta producción mis diseñadores y yo nos hemos inspirado en artistas surrealistas como André Breton, Max Ernst y Man Ray, y su visión de la naturaleza erótica e irracional de la psique humana”. En la galardonada propuesta, continúa Alden, “el personaje principal de Händel es una mujer poderosa, una abeja reina con todos los machos zumbando a su alrededor. Al desarrollar nuestra interpretación nos inspiramos en Nancy Cunard, una figura célebre –escritora, periodista y mecenas–, fascinante y central en su época que, en su salón parisino, que es donde se desarrolla la acción, entretuvo a muchas de las principales figuras surrealistas y dadaístas, muchas de las cuales fueron sus amantes”, añade Christopher Alden. Una puesta en escena que aplaude el director artístico del Real, basada en una mujer-imán: “La trama de Partenope es una pura invención que no tiene nada que ver con los sucesos que la mitología ha endosado a los personajes que la protagonizan. Por eso es más que legítimo ignorar completamente ese contexto histórico descaradamente postizo, como hace Christopher Alden en su puesta en escena, y optar por recrear esa misma trama en un contexto dramático en el que resulte creíble, entre personajes que, a su manera, forman parte de nuestra propia mitología de los siglos XX y XXI. Es el momento de la emergencia de las vanguardias artísticas que condicionarán toda la Historia del Arte posterior, entre personajes que recuerdan a algunos de sus protagonistas más destacados. La acción transcurre en un salón parisino de los años 1920 en el punto álgido del surrealismo y la protagonista es la musa de los principales artistas de la vanguardia europea de la época, una mujer deslumbrante como fue Cunard”.

Escena 'radical

Trajes de satén, peinados con ondas, un gusto exquisito en la decoración de las estancias. ¿Por qué centrar en la figura de esta fecunda mujer del siglo XX la ópera barroca? “Ella era mucho más que una frívola anfitriona de la sociedad –era, por encima de todo, una activista, involucrada con la política racial del momento y los derechos civiles en los Estados Unidos– en la década de 1930; se unió a la lucha contra el ascenso del fascismo en la Italia de Mussolini y en la España de Franco, por supuesto. Esta ópera de Händel se centra principalmente en cómo llegó a navegar por las complicadas relaciones que mantuvo con los hombres de su vida, pues debajo de su exterior juguetón y seductor vislumbramos una historia más oscura: la mujer a cargo de Händel está comenzando a sentirse atrapada en un ciclo interminable de relaciones insatisfactorias, y se pregunta si sus amantes/súbditos se sienten atraídos por ella por sus cualidades innatas o por el poder que deriva de su proximidad a la abeja reina”, deja el regista en el aire.
Los medios han bautizado al neoyorquino Christopher Alden como un director de escena radical. A él, en todo caso, las etiquetas le traen sin cuidado: “Estoy feliz de haber centrado mi carrera como director en la ópera en una época en la que la forma de arte generó controversia y provocó una respuesta fuerte y apasionada en el público y la crítica; por supuesto, esto no es nada nuevo ya que, desde sus orígenes en los palacios de los aristócratas italianos del siglo XVI que alentaron por primera vez a los poetas y compositores a forjar una nueva y poderosa forma de teatro cantado, la ópera ha tenido dos caras: su reputación como forma de arte para la élite conservadora y privilegiada se ha aferrado a ella a lo largo de los siglos. En contraste con el poder subversivo de su cóctel de texto y música para seducir a su audiencia y hacer que se cuestione las normas sociales tradicionales, los llamados directores de teatro de ópera radicales como yo simplemente intentamos quitar algunas de las capas más cómodas que se han acumulado a la forma de arte a lo largo de las décadas con un único objetivo: llegar a su núcleo de confrontación”.- ÓA