Ópera y Coronavirus. Crónica de una hecatombe (IV)

La pandemia causó estragos en los festivales de verano, mientras que los coliseos líricos se aprontan al arranque de una temporada cargada de incertidumbre.

01 / 09 / 2020 - Pablo MELÉNDEZ-HADDAD - Tiempo de lectura: 3 min

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Marina Rebeka y Michael Fabiano, protagonistas de 'La Traviata' en el Teatro Real, única ópera del verano español © Teatro Real / Javier DEL REAL
Roberto Frontali y Rosa Feola en el 'Rigoletto' ofrecido en julio por la Ópera de Roma en el Circo Massimo, un espectáculo al aire libre para 1.000 espectadores con dirección de escena de Damiano Michieletto que mantenía la distancia entre los intérpretes © Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA

Durante el verano, la pandemia obligó a los teatros y festivales a tomar dos caminos: cancelar la programación o reinventarse. En la tercera vía se mantuvo viva una de las hijas de esta hecatombe cultural, la retransmisión en streaming. Mientras los coliseos europeos se aprestan a levantar el telón adecuándose a la situación, en Estados Unidos no habrá ópera hasta finales de año o, incluso, hasta Semana Santa. En Sudamérica la situación es de tensa espera.

Los teatros y festivales españoles vivieron un verano inusual. El curso en el que el Teatro Real de Madrid y el Gran Teatre del Liceu de Barcelona se aventuraban a programar ópera incluso en el mes de agosto, la Covid-19 llegó para cambiar los planes. Ante la pandemia, el coliseo catalán cesó su actividad en marzo mientras el Real se reinventaba consiguiendo programar en julio ¡27! funciones de La Traviata. Lo hacía con el aforo reducido y un montaje que permitía la distancia de sus intérpretes después de que todos pasaran la respectiva cuarentena. Ambos teatros comienzan su andadura este mes, aunque por caminos diferentes: mientras el Liceu lo hace con recitales y una ópera en concierto, el Real escenifica un Verdi, abierto a cualquier adaptación.

"Los pocos festivales que no cancelaron debieron modificar fechas y oferta, adecuándose a la nueva normalidad y optando, en casi todos los casos, por intérpretes locales"

En verano, tras el confinamiento, otros escenarios optaron por una programación alternativa. El Teatro Arriaga de Bilbao organizó un ciclo en junio y julio que incluyó conciertos líricos, al igual que hicieran el Palau de la Música Catalana de Barcelona con su Estiu al Palau o el Palau de Les Arts de Valencia con una serie de recitales. Los pocos festivales que no cancelaron debieron modificar fechas y oferta, adecuándose a la nueva normalidad y optando, en casi todos los casos, por intérpretes locales. Fue el caso de los de Granada, Santander o San Lorenzo de El Escorial, que incluyeron conciertos o recitales líricos, así como del LittleOpera de Zamora, que adaptó su programación de óperas de cámara.

Otros, como la Quincena Musical Donostiarra, se inclinaron por música sinfónica y de cámara con alguna excepción lírica en música antigua en escenarios alternativos. Como era lógico, algunos coprodujeron espectáculos y fue así como varios conjuntos y solistas pasearon sus programas por más de un escenario, como consiguieron hacer Ainhoa Arteta o Joyce DiDonato. Pero no todo fue rodado. En algunos casos, como en la capital catalana, se vivieron momentos de incertidumbre ante el rebrote que se produjo en julio, pero la oferta pudo salir adelante gracias al tipo de público de los conciertos de clásica, paciente y obediente a las normas y directrices de seguridad. Otras propuestas, al ser de ámbito camerístico, mantuvieron parte de su programación, como la Schubertíada de Vilabertrán, con veladas memorables de Lied y estrellas internacionales del género.

Los festivales, sin excepción, tuvieron que adecuarse a la guía elaborada por el Inaem en la que colaboraron entidades como Ópera XXI y Festclásica, un ordenamiento que vela por la seguridad del público, artistas y trabajadores que incluye reducción de aforo, distanciamiento social, medidas de higiene y control de público para seguimiento en caso de contagio, con el consiguiente aumento de los costes. Sobre el escenario el protocolo igualmente se tenía que cumplir; en el caso de La Traviata del Teatro Real, la única ópera del verano español, se optó por una dirección de escena que indagaba en la soledad de sus personajes justificando la distancia entre intérpretes. La guía contempla la posibilidad de romper ese alejamiento sobre las tablas siempre que los intérpretes se hagan pruebas y se acojan a un plan de prevención al comienzo de los ensayos, opción por la que se inclinarán la mayoría de las producciones de la temporada que ahora comienza.

El 'Livestreaming'

La tercera vía la encarnaron propuestas como las del Festival Castell de Peralada, que optó por una serie de recitales con un público reducido de invitados y que se ofrecieron por streaming. Las retransmisiones por internet se convirtieron en uno de los medios más populares de divulgación cultural durante la pandemia –el Teatro de La Zarzuela superó los dos millones de visionados de sus espectáculos durante marzo y julio y se animó a realizar y producir una webserie–,­­ y Peralada consideró que la vía Livestream –emisiones en directo– era una opción válida. Lo mismo movió a la agrupación AprÒpera de Barcelona, que organizó durante julio un festival de cinco recitales retransmitidos en vivo por internet y que revisó diversos estilos.

"En Europa se optó por mantener algunos festivales con programaciones reducidas, como en Italia o en Austria, país que permitió un Festival de Salzburgo con solo dos títulos en cartel"

En el resto de Europa se optó por mantener algunos festivales, siempre con programaciones reducidas, como en Italia –hubo ópera en Verona, Pésaro, Martina Franca, Torre del Lago, Parma, Roma y Nápoles– o en Austria, país que permitió un Festival de Salzburgo con solo dos títulos en cartel, además de galas, conciertos y recitales.
Después de la explosión de la pandemia la ópera escenificada regresó primero a Sofía (Il Trovatore, 18 de junio) y Seúl (Manon de Massenet, el 25 de junio) siguiendo los pasos del pionero, el Staatstheater de Wiesbaden, que a finales de mayo se convirtió en el primero al ofrecer óperas en su festival de primavera, tal y como se comentaba en la anterior edición de ÓPERA ACTUAL. La lírica, encarnada en recitales, galas y ópera en concierto, en julio comenzó a multiplicarse por diferentes ciudades a medida que las autoridades sanitarias posibilitaban la actividad artística.

Desde el otro lado del Atlántico, en cambio llegaban malas noticias. En Estados Unidos el Met de Nueva York reiniciará la actividad con una New Year’s Eve Gala el 31 de diciembre, pero no habrá ópera escenificada hasta entrado 2021, al igual que en Chicago y San Francisco. En otras ciudades se retrasa incluso hasta abril, como en Dallas y Houston. Una incertidumbre que mantiene a toda una industria congelada hasta nuevo aviso.
En una Latinoamérica paralizada mientras se cruzaba el pico de la pandemia, la Ópera Nacional de Chile presentaba a finales de julio su temporada 2021, conformada por Lucia di Lammermoor, Carmen, La Flauta Mágica, Evgeni Oneguin, Madama Butterfly, La Traviata y Andrea Chénier. Los siete títulos se proponen en forma de concierto como garantía de seguridad sanitaria, siempre con reducción de aforo.– ÓA