Liceu 'Under 35', nuevos públicos para los clásicos de siempre

El Gran Teatre barcelonés repite la exitosa iniciativa #LiceuUnder35 con una función de 'Don Giovanni' exclusiva para público joven, menos festiva a causa de la pandemia

23 / 10 / 2020 - Aniol COSTA-PAU - Tiempo de lectura: 4 min

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El Gran Teatre del Liceu ocupado por el público joven en la reciente edición del 'Under 35' con 'Don Giovanni' © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Christopher Maltman, magnífico Don Giovanni y su chistoso escudero Leporello (Luca Pisaroni) © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Maltman, al lado de Leonor Bonilla y Josep-Ramon Olivé © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Una escena de la producción de 'Don Giovanni' de Christof Loy © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

Después de meses de cierre obligado y un inicio de temporada con recitales y versiones de concierto, subía por primera vez una producción escenificada en el escenario del Liceu barcelonés. Un Don Giovanni sin duda especial, puesto que nadie entre el público superaba los 35 años de edad y el precio de las entradas se fijó en solo 15 euros, agotándose en minutos. Con esta iniciativa, el Gran Teatre pretende acercar la ópera a las nuevas generaciones, que viven con entusiasmo sus primeras visitas al coliseo de las ramblas. 

Tan solo cruzando la puerta del Liceu ya se palpaba un ambiente diferente ante esta representación de Don Giovanni que el coliseo lírico barcelonés programó el pasado 22 de octubre, excepcionalmente, para el público joven. La escalinata principal se llenaba de fotos y selfies para compartir en redes sociales y el salón de los espejos lo ambientaban luces de discoteca, mientras grupos de amigos y parejas buscaban despistados su asiento entre los pasillos o contemplaban maravillados la sala principal. Sin duda se trataba de un público poco frecuente en las representaciones ordinarias, que pisaba por primera vez el teatro, sin preconcepciones ni expectativas, o que repetía en las funciones Under 35 de años anteriores, iniciativa que saca a taquillas entradas a 15 euros para público menor de 35 años.

Una vez empezada la función de la ópera de Mozart, el público novato reía con las gracias del donjuán protagonista (Christopher Maltman) y su chistoso escudero Leporello (Luca Pisaroni), sin escatimar aplausos después de las arias más brillantes, como la bella «Dalla sua pace» del Don Ottavio interpretado por el tenor Ben Bliss. Al final, sincera ovación a los solistas, a quienes la austera y sobria producción de Christof Loy otorga todo el protagonismo dramático; y mención especial al dúo español que forman Leonor Bonilla y Josep-Ramon Olivé, encarnando a Zerlina y Masetto. Bonilla, galardonada como cantante prometedora por ÓPERA ACTUAL en 2019 y recientemente por Ópera XXI, reconoce que «fue muy especial y emocionante cantar para una audiencia tan joven, entusiasta y calurosa, y hacerlo además después de tantos meses de silencio».

El salon de los espejos, con luces de discoteca © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
El Gran Teatre del Liceu ocupado por el público joven © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

Así pues, satisfechos y encantados con la experiencia, muchos asistentes insisten en que les gustaría acudir más a menudo a la ópera, pero los «altísimos» precios de las entradas con buena visión no lo permiten. Por eso señalan la cuestión económica como el principal impedimento para que los nuevos públicos se interesen por la lírica y llenen las salas: «Si alguien desconoce la ópera y una entrada le resulta cara, difícilmente se arriesgará a descubrir el género por miedo a que la inversión sea en vano», explica Natalia a ÓA, estudiante de escenografía de 21 años. Y es que la mayoría de espectadores también coinciden en que entre sus amigos y compañeros existe un profundo prejuicio hacia la ópera, vista como un lenguaje arcaico e ininteligible, imposible de comprender sin formación musical. Por lo tanto, convienen en que el acercamiento entre juventud y ópera pasa inevitablemente por fomentar iniciativas asequibles como la presente y desmontar los tabús en torno al género lírico.

En efecto, una cuestión que ha podido acrecentar este recelo infundado hacia el lenguaje operístico son las temáticas de determinadas obras, con valores morales hoy en día caducos con los que las nuevas generaciones difícilmente se sienten identificadas. En el caso de Don Giovanni, por ejemplo, es obvio que el arquetipo de Don Juan puede ser fácilmente discutido por el ideario feminista, ya que representa con gracia y simpatía el libertinaje de un hombre, ridiculizando a sus amantes y sin la mirada censora y degradante que, en cambio, sufre una mujer liberada sexualmente como es Violetta en La Traviata. Ahora bien, entre los asistentes domina la idea de que justamente el carácter cómico y cínico de Mozart y de su libretista, Lorenzo da Ponte, permite parodiar la conducta y el carácter del personaje principal, como de hecho demostraron las sonrisas inocentes de la audiencia. De esta manera, «el carácter buffo de la ópera permite reírse desde la contemporaneidad de los valores morales del siglo XVIII y facilita múltiples reinterpretaciones que demuestran la condición universal de este clásico, todavía vigente para el público joven», sostiene Clara Gifre, mezzosoprano de 32 años que presenció la función.

Edición de resistencia para la esperanza

En esta ocasión, el distanciamiento social impuesto por la pandemia ha condicionado el desarrollo de la velada, que no contó con los food tracks en los salones del teatro ni con la tradicional sesión de DJ que complementaba la fiesta lírica, tal y como venía sucediendo en anteriores convocatorias. Aun así, esta edición de resistencia optó por combinar las cadencias de Mozart con una disruptiva batalla de gallos durante el entreacto, a cargo de los raperos Invert, Kensuke y Dj Hazhe. Se incorporaba así un elemento urbano que cuestiona los límites de un espacio a veces excesivamente formal y encorsetado, pero que, no obstante, para los asistentes más puristas del género supone un recurso innecesario que además estigmatiza a la juventud: «En lugar de tratar a los jóvenes como cualquier otro espectador, nos distraen y entretienen con luces de after, vídeos de estética supuestamente moderna y explicaciones elementales de la ópera», recalca Nacho Ferrer, amante de la ópera de 19 años encantado con la representación.

© Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

La 'batalla de gallos' durante el entreacto

Con todo, es evidente que la propuesta se ha consolidado como una fórmula de éxito, ya que, después de que se agotaran rápidamente las entradas para esta función, muchos espectadores ya tienen marcada la fecha de venta para el próximo título Under 35, una Traviata en diciembre. Víctor García de Gomar, director artístico del Liceu, se muestra absolutamente «feliz de poder dar la oportunidad de aproximarse al género operístico a un público nuevo, mayoritariamente neófito, entusiasta y sin pretensiones sociales». Un acercamiento a audiencias inéditas para «agitar la llama de la ópera en su interior y convertirlos en espectadores constantes durante la temporada, diseñando actividades regulares para que acudan al teatro con precios económicos y puedan discernir y escoger críticamente entre la amplia programación», concluye García de Gomar.

Así pues, aunque las dificultades de la pandemia obligan a los teatros a luchar para sobrevivir en el presente más inmediato, los auditorios vacíos del confinamiento también han evidenciado que el arte no tiene sentido sin el público. Y, ciertamente, la pervivencia del público, que da vida a la representación en directo, pasa indudablemente para incorporar nuevos adeptos al ecosistema cultural.– ÓA