Las 50 primaveras de Domingo en La Scala

El 15 de diciembre tuvo lugar en el coliseo milanés la Gala Plácido Domingo

16 / 12 / 2019 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 2 min

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En su regreso a Milán Domingo fue ovacionado con 20 minutos de aplusos © Teatro alla Scala

Han pasado 50 años desde aquel feliz debut de Plácido Domingo en La Scala de Milán, un 7 de diciembre de 1969, noche de Sant Ambrogio, como protagonista de Ernani de Verdi. Desde entonces en este mítico escenario ha interpretado casi todos los roles de tenor de su repertorio, pasando por Otello Forza con Verdi, sin olvidar Fanciulla y Tosca de Puccini. En los últimos años se le ha podido escuchar en la cuerda de barítono en Luisa Fernanda, Simon Boccanegra y Foscari entre otros. Su trayectoria milanesa aún no ha terminado, ya que volverá como papá Germont en esta misma temporada en la que la dirección del teatro, pasando de Pereira a Meyer, ha decidido festejar al ilustre madrileño Plácido Domingo dedicándole esta Gala anoche, domingo 15 de diciembre.

En este concierto, una vez más, se ha tenido constancia de su insultante frescura vocal y de su fuerza carismática. «Cosa umana non sono» canta Turandot y bien podría ponerlo como lema en su escudo el artista madrileño, incombustible. La Scala, abarrotada de público (se agotaron las entradas con semanas de antelación) nuevamente se rindió a sus pies y él se entregó totalmente interpretando fragmentos de Macbeth, del Rodrigo de Don Carlos o del Conde de Luna de Il trovatore para concluir, tras 25 minutos inagotables de aplausos cantando a cappella el «No puede ser» de La tabernera del puerto.

También actuaron durante el concierto tres cantantes estrechamente relacionados con el tenor: la soprano madrileña Saioa Hernández, el tenor tinerfeño Jorge de León y el bajo italiano Ferruccio Furlanetto, todos bajo la dirección de Evelino Pidò al mando de la Orquesta y el Coro del Teatro alla Scala.

Al final, Domingo terminó de rodillas en el escenario, agradeciendo y besando el suelo, pero los que realmente le están eternamente agradecidos en realidad fueron los espectadores. Un amor reciproco el de Italia hacia este gran Hidalgo entregado ya a la historia de la ópera sin posibilidad alguna de sacarle de su altar.– ÓA