'La Traviata' en el Real: del montaje de la pandemia a la normalidad de Willy Decker

El Teatro Real ofrecerá 18 funciones de la ópera de Verdi con el tenor Xavier Anduaga y la soprano Nadine Sierra en los principales papeles

20 / 06 / 2025 - Gema PAJARES - Tiempo de lectura: 4 min

Anduaga Sierra Xabier Anduaga y Nadine Sierra en 'La Traviata' del Teatro Real © Teatro Real / Javier DEL REAL
'La Traviata' en las producción de Willy Decker programada en mayo y julio en el Teatro Real © Teatro Real
La Traviata en la versión de Willy Decker que podrá verse en el Teatro Real © Metropolitan Opera / Ken HOWARD
Traviata Real Anduaga y Sierra junto a Joan Matabosch, Henrik Nánási, Willy Decker e Ignacio García-Belenguer (director general del TR), © Teatro Real / Javier DEL REAL
Escena del brindis del primer acto de 'La Traviata' en el Teatro Real © Teatro Real / Javier DEL REAL

Madrid

Teatro Real

Violetta Valéry: Nadine Sierra / Adela Zaharia. Flora Bervoix: Karina Demurova. Annina: Gemma Coma-Alabert. Alfredo Germont: Xabier Anduaga / Iván Ayón Rivas / Juan Diego Flórez. Giorgio Germont: Luca Salsi / Artur Rucinski /Gëzim Myshketa. Gastone: Albert Casals. El barón Douphol: Tomeu Bibiloni. El marqués de Obigny: David Lagares. Doctor Grenvil: Giacomo Prestia. Giuseppe: Joan Laínez. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real. Dirección musical: Henrik Nánási / Francesc Prat. Dirección de escena: Willy Decker. 

 

El 24 de junio el Teatro Real estrena el montaje de referencia de Willy Decker, un clásico ya de la ópera que cumple 20 años y cuyo estreno se aplazó en mayo de 2020 por el Covid, con tres repartos de primeras figuras que encabezan Xavier Anduaga y Nadine Sierra. Todo está listo para cerrar la temporada con un brindis. Los protagonistas del montaje pandémico, con su escenógrafo a la cabeza, y los del que cerrará el presente curso lírico del coliseo, hablan para ÓPERA ACTUAL de dos producciones unidas por el trágico y fatal destino de esta mujer universal a la que Verdi llevó a lo más alto

El Teatro Real registra su tráfago habitual. Apenas faltan unos días para el estreno de La Traviata de Verdi en la potente dramaturgia de Willy Decker, que conquistó el Festival de Salzburgo en el verano de 2005 y que hizo de la pareja Anna Netrebko-Rolando Villazón el dúo lírico del momento. El montaje estaba previsto que subiera a escena en mayo de 2020; sin embargo, el Covid confinó al mundo entre cuatro paredes. El coliseo madrileño fue el primero y único en levantar un telón ficticio en junio de ese año con la ópera verdiana en una representación semiescenificada y en la que los cantantes tenían que circunscribirse a ocupar un reducido espacio de 2,50 x 2,50 metros. El escenario se convirtió en una inmensa cuadrícula de líneas rojas y Violeta, pobre infeliz, se despidió de la vida en soledad, recluida en su correspondiente cuadrado. Nadie la pudo tocar entonces. Ahora se ofrecerán 18 funciones, entre el 24 de junio y el 23 de julio, dirigidas por Henrik Nánási, al frente del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real, junto a Francesc Prat, que dirigirá dos de ellas. La función del 19 de julio se retransmitirá a partir de las 21:00 horas en distintas ciudades y pueblos de España, en coproducción con TVE.

Joan Matabosch director artístico del Real, regresa cinco años atrás y recuerda que “cuando terminó el confinamiento tuvimos muy claro que resultaba una prioridad absoluta la recuperación de la actividad artística. Era un reto complicado porque las limitaciones con las que había que proceder eran enormes. La seguridad sanitaria, para los artistas, trabajadores y público, era la prioridad absoluta, pero eso no implicaba mantener el teatro cerrado”. Se nombró entonces un comité médico presidido por el epidemiólogo Santiago Moreno, “que nos asesoró durante todo el proceso sobre cómo proceder: qué protocolos eran imprescindibles en función de las características del planning de ensayos, qué alteraciones debía sufrir ese planning, qué tests y qué periodicidad, utilización de mascarillas en función de la distancia social, etc. Todo muy complicado, pero, tal como se demostró, para nada imposible. Había que funcionar, más que nunca, como una maquinaria perfectamente engrasada. Si no, era imposible”, cuenta a ÓPERA ACTUAL.

Joan Matabosch: "En aquella Traviata de 2020 todo fue muy complicado, pero no imposible. Había que funcionar como una maquinaria perfectamente engrasada"

La vuelta a la normalidad, en palabras de Matabosch, no era, en aquellas circunstancias, “un decreto que había que esperar que alguien promulgara, sino una conquista en la que el teatro debía jugar un papel activo. Prudente, desde luego, pero activo”. Y aquella Traviata de Leo Castaldi hizo historia y dio la vuelta al globo. El escenógrafo la recuerda como “un desafío, el mayor al que me he enfrentado en mi carrera, quizá porque tenía muchos ojos encima, aunque todo fluyó muy bien. Hicimos de las limitaciones el concepto de la producción. Fue un momento emocional muy especial. Todo el mundo que trabajaba en el teatro tenía ganas de sacarlo adelante y había unas ganas y una disposición nunca vistas”, comenta. El director artístico asegura que en 2020 resultaba imposible recuperar la puesta en escena programada de Decker, incompatible con la normativa de seguridad que el propio comité médico del Real había decretado. ¿Cómo reaccionó el director de escena? “Se ofreció a inventar otra completamente diferente que siguiera el protocolo sanitario, y siempre le agradeceré el ofrecimiento. Pero también logramos por parte de la Ópera de Ámsterdam no tener que devolver la escenografía y poder volver a programar la producción en 2025. Y preferimos emplazar a Willy Decker a realizar su producción en 2025, y pedir a su asistente Leo Castaldi una producción semiescenificada de urgencia que nos permitiera esa recuperación de la actividad”. Y Castaldi se acordó, cuenta, de una conversación que había mantenido con un amigo escenógrafo: “Me preguntó cómo montaría una escena para una ópera en la que me deshiciera de todo. Y le contesté que montaría una cuadrícula sobre el escenario y poco más. Al pedirme Matabosch esa versión semiescenificada recordé aquella charla y lo uní con el concepto de isla, de aislamiento, la idea de confinar a los cantantes. Se trataba de cuadrados desnudos, a algunos de los cuales añadiríamos un mueble, a modo de pincelada. Se trataba de que pareciera una nueva producción. Fue una escena clásica y al tiempo conceptual, siempre respetuosa con la historia”.

El inexorable paso del tiempo

Ayer, sobre el escenario del Teatro Real se desplegaba el montaje de Decker, algunos de cuyos elementos ya son historia, como el inmenso reloj y el vestido rojo a media rodilla y sin mangas de Violeta. También los sofás en tono neutro, el decorado de flores de colores que se transforman en flores en blanco y negro. Y la fuerza inmensa de la pareja que da vida a Alfredo Germont y Violeta Valéry, el tenor Xavier Anduaga (que se alternará con Iván Ayón Rivas y Juan Diego Flórez) y la soprano Nadine Sierra (que lo hará con Adela Zaharia), junto a otro grande, Luca Salsi, barítono que pone voz a Giorgio Germont, que compartirá papel con Artur Rucinski y Gëzim Myshketa. Y un coro fantástico. “Silencio, por favor. Vamos a empezar”. Y la magia se despliega. Un momento antes, desde el patio de butacas, Marco Berriel, ayudante de la dirección de escena, celebra los veinte años de un montaje con salud de hierro: “Los hay que envejecen mal y otros que aguantan muy bien el paso de los años. Este es tan inteligente, tan esencial, nada en él sobra ni falta y posee una fuerza e intensidad dramáticas tal que parece que no haya pasado el tiempo por él. Es atemporal y tan válido como si se hubiera estrenado ayer mismo”, señala. Celebra los repartos, “cada uno de ellos con una especialidad que hace que sea único” y el regreso de Juan Diego Flórez, que cantará en tres funciones.

Berriel asiente cuando habla de los elementos fetiche de la puesta en escena que se estrena la semana que viene: “Quisimos jugar con la idea de una plaza de toros en cuya arena sucede la acción. Además, la importancia del tiempo, que pasa inexorable, se concreta en ese enorme reloj, es un protagonista más. Sus manecillas avanzan, se paran y corren sin freno dependiendo de las circunstancias. Por ejemplo, se adormecen en la primera escena del segundo acto, cuando la pareja disfruta de su amor en la casa de campo, y cuando abandonan el lugar se pone en marcha y es implacable”, dice. El asistente del director de escena cuenta que se trabaja “estupendamente” con el regista alemán, con quien ya ha coincidido también en Muerte en Venecia y en Die Tote Stadt. Las manecillas del reloj, que también son utilizadas en un momento de la ópera como un par de banderillas, señalan las 13:20, las 13:25, las 17:00. No dejan de correr mientras Alfredo dice en voz alta que ya no quiere a Violeta, quizá para escucharse porque es incapaz de creer lo que dice. La llena de billetes, la desprecia mientras su padre, al escuchar tanta bajeza, es incapaz de reconocer a su propio hijo.

Nadine Sierra: "Para interpretar a una verdadera Violeta has de dejar tu alma en el escenario, como lo hicieron Callas o Scotto"

En el descanso, Nadine Sierra, la mejor intérprete posible de Violettas en la actualidad, tal y como lo demostró con su impresionante retrato de la cortesana en el Liceu de Barcelona hace unos meses (ver crítica en este enlace), abre la puerta de su camerino y habla a corazón abierto para recordar que ella estuvo en el elenco de 2020, pero que las circunstancias de la pandemia, unidas a la grave enfermedad de su padre, le hicieron apearse del reparto. Hoy, superada una ruptura amorosa y recuperada la salud de su progenitor, celebra haber dejado pasar el tiempo para hacer crecer a Violetta en su interior: “Iba a debutar el papel en aquel momento, pero me siento muy satisfecha de haber dicho que no, porque me ha servido para madurarlo y conocerlo profundamente, que es mi manera de trabajarlo. La ópera es música y teatro y el público tiene que creer lo que está viendo”. Confiesa haber vivido una infancia “bastante dura y complicada con mis padres. También, mi mejor amiga falleció. Cuando eres artistas y vives emociones tan fuertes como las que yo he vivido, lo llevas al escenario y te vuelcas. Para interpretar a una verdadera Violeta, a Lucia o a Gilda has de dejar tu alma en el escenario. Ya lo hicieron Callas o Renata Scotto. Yo me enamoré de la ópera a los diez años y cuando estoy arriba vuelvo los ojos a los dramas que he sufrido para hallar inspiración y fuerza, y me agoto. Acabo exhausta. El dolor ayuda a construir tu vida”, dice la soprano.– ÓA

Un momento de 'La Traviata' en el Teatro Real © Teatro Real / Javier DEL REAL
Marina Rebeka y Michael Fabiano © Teatro Real / Javier DEL REAL
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