La moderna voz de Marianela

Estrenada en el Liceu en 1923, la ópera de Pahissa se representará en La Zarzuela en versión de concierto dirigida por Óliver Díez

23 / 11 / 2020 - Pablo MELÉNDEZ-HADDAD - Tiempo de lectura: 2 min

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El compositor Jaume Pahissa en 1916 © jaumepahissa.org

Teatro de La Zarzuela
Pahissa: MARIANELA
27, 29_11 (V. C.).

Marianela: Adriana González. Florentina: Paola Leguizamón. Pablo: Alejandro Roy. Teodoro Golfín: Luis Cansino. El Patriarca de Aldeacorba: Simón Orfila. El padre de Florentina: César Méndez Silvagnoli. Mariuca: María José Suárez. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Coro Titular del Teatro de La Zarzuela (Dirección: Antonio Fauró). Dirección: Óliver Díaz.

Lo primero que le impresionó de Marianela a Óliver Díaz, responsable desde el podio de la recuperación de esta ópera de Jaume Pahissa, es su modernidad. Escrita los primeros años de la década de 1920 y estrenada en el Liceu barcelonés en 1923, «sí que pueden apreciarse influencias de autores como Puccini o Wagner en cuanto a la densidad de los elementos a los que recurre, pero es que el lenguaje armónico es innovador y original. El propio Pahissa era profesor de armonía y como compositor dominaba esa faceta, siendo muy vanguardista. En ese lenguaje yo no veo referencias, y de ahí su originalidad. Me refiero a enlaces armónicos tremendamente atrevidos». Díaz relaciona esas innovaciones «incluso con el modernismo arquitectónico que se daba en la Barcelona de la época».

"El personaje de Marianela representa la pureza y la inocencia, mientras el médico, Teodoro Golfín, a la ciencia, es decir, al avance, a la modernidad, a la vanguardia"

En esta ópera, que no zarzuela, el compositor sabe captar «de manera magistral la esencia de la novela de Galdós, y va más allá del texto», continúa Óliver Díaz. «El personaje de Marianela representa la pureza y la inocencia, mientras el médico, Teodoro Golfín, a la ciencia, es decir, al avance, a la modernidad, a la vanguardia, y a este personaje el compositor asocia casi siempre las armonías más atrevidas. Ella, en cambio, está siempre acompañada de motivos optimistas, solares».

El director considera que se trata de una obra tremendamente compleja, «de las más difíciles que he dirigido en cuanto a las recientes recuperaciones que he dirigido en La Zarzuela. La orquestación es grande, densa, con momentos descriptivos –como sucede en el amanecer– que trascienden al puro lenguaje musical». La obra tuvo mucho éxito en su día y se trata de una recuperación «a la que espero que hagamos justicia para ponerla realmente en valor». Una propuesta para dejarse sorprender.– ÓA