'La clemenza di Tito', un nuevo Mozart para los abaístas

ABAO Bilbao Opera ofrece por primera vez esta obra de madurez del genio de Salzburgo, una mirada a Gluck y a la ópera seria

14 / 01 / 2022 - Pablo GALLEGO - Tiempo de lectura: 2 min

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Clemenza ABAO / operaactual.com Una escena de la producción de Fabio Ceresa de 'La clemenza di Tito' con la que el 'regista' debuta en el curso abaísta © Opéra de Laussane / Alan HUMEROSE
Riccardo Frizza El maestro Riccardo Frizza en el Teatro Donizetti de Bérgamo © Donizetti Opera Festival / Gianfranco ROTA

Bilbao

ABAO Bilbao Opera

Mozart: LA CLEMENZA DI TITO
22, 24, 26, 28, 31_01(Palacio Euskalduna)

Tito: Paolo Fanale. Sesto: Daniela Mack. Vitellia: Vanessa Goikoetxea. Annio: Veta Pilipenko. Servilia: Itziar de Unda. Publio: Josep Miquel Ramón. Euskadiko Orkestra Sinfonikoa. Coro de Ópera de Bilbao (Dirección: Boris Dujin). Dirección musical: Riccardo Frizza. Dirección de escena: Fabio Ceresa.

 

La temporada abaísta ofrece por primera vez La clemenza di Tito, la mirada del genio de Salzburgo a Gluck y a la ópera seria que reivindica no solo la compasión como principio fundamental del buen gobernante, sino una madurez musical paralela a su famosa Flauta Mágica.

Algún incauto podría pensar, con absoluto convencimiento, que poco debe de quedar por descubrir de Wolfgang Amadeus Mozart. Pero lo cierto es que su figura es inagotable, como lo es la experiencia musical y teatral de sus creaciones. Es verdad que unas son muchísimo más conocidas que otras, como ocurre con La clemenza di Tito, que llega por primera vez a ABAO Bilbao Opera en su septuagésima temporada. La trama política alrededor del emperador Tito y su perdón ante los conspiradores se estrena en el inmenso escenario del Euskalduna, sede del curso abaísta. Pero dos de sus arias –“Parto, parto”, que canta el personaje de Sesto, y “Non più di fiori”, de Vitellia, auténticos hacedores de la trama– son dos de las favoritas del público. Y La clemenza di Tito sirve también para reivindicar una madurez musical paralela a su famosa Flauta Mágica, con la que comparte año de estreno.

Riccardo Frizza: “En 'Clemenza' la línea vocal avanza hacia lo que será el bel canto romántico italiano, como embrión de lo que, años más tarde, se desarrollará”

Riccardo Frizza, recientemente galardonado por los Premios Ópera XXI como mejor director de orquesta por su trabajo en Lucia di Lammermoor, también en la temporada bilbaína, y que estará al frente de las cuatro funciones programadas, ve en esta obra “una mirada hacia atrás, no solo en temática”, según afirma a ÓPERA ACTUAL. “Mozart hizo enormes aportaciones en el dramma giocoso y en la ópera buffa”, subraya, “pero en Clemenza decide fijarse en Gluck, para construir una obra recta y majestuosa, con fragmentos musicales que están entre lo más bonito de finales del siglo ­XVIII”, celebrando con este encargo la coronación de Leopoldo II. “Pero, al mismo tiempo”, considera Frizza, “la línea vocal avanza hacia lo que será el bel canto romántico italiano, como embrión de lo que, años más tarde, se desarrollará”.

Ya desde la obertura, esta ópera “tiene algo diferente, que a los intérpretes nos obliga a reflexionar” a la hora de darle vida, advierte el maestro italiano. La respuesta viene del lado de la libertad, “porque hemos de sentirnos así, libres, más allá de cómo se ha abordado la música de Mozart en los últimos 50 años”. Porque para Frizza, que dirigirá un reparto compuesto por Paolo Fanale (Tito), Vanessa Goikoetxea (Vitellia), Daniela Mack (Sesto), Itziar de Unza (Servilia), Josep Miquel Ramón (Publio) y Veta Pilipenko (Annio), “en la época de Mozart había más libertad musical que hoy”, asegura. “Los principios sobre los que desarrollamos nuestra profesión son eso, principios, no dogmas”, explica, “y aunque marcan nuestro ámbito; en él debemos poder movernos con libertad, y si es necesario sobrepasar alguno de esos límites. Los tempi ha de dictarlos la teatralidad, y son los recitativos los que mueven la acción dramática. Esa libertad que está en la escena no veo por qué no puede estar en la parte musical”, sentencia el maestro.

© G. T. Liceu / A. BOFILL

Vanessa Goikoetxea

El desarrollo teatral al que hace referencia Riccardo Frizza viene de la mano del personaje de Vitellia, al que Mozart y el libretista Caterino Tommaso Mazzolà, sobre la obra de Pietro Metastasio, le tienen reservado el camino más tortuoso, comenzando por su conjura con Sesto para asesinar y derrocar al nuevo emperador. Un rol del que Vanessa Goikoetxea destaca “su desarrollo psicológico dentro del drama”, el arco del personaje dentro de esta serie de amor e intriga política en dos actos-capítulos. “Vitellia es una señora que sabe muy bien lo que hace. Cuando se nos presenta lo único que quiere es quemar el mundo, pero ese rencor manipulativo da paso a una Vitellia más real, donde los sentimientos empiezan a florecer dando lugar a una persona nueva”, describe la soprano; “eso la engrandece, e impacta en el público”.

La clemenza di Tito “es como abrir otro camino, no es el Mozart típico”, considera la cantante, “porque, además de sus arias, como ‘Non più di fiori’ –con corno di bassetto obbligato–, en la que da un paso más allá, en este título destaca el desarrollo psicológico de cada personaje”. Al reto se une la obligación de cantar a Mozart “con tu propia voz”, advierte, “porque una voz libre siempre será un canto bonito, que luego habrá de encajar en el estilo. En Mozart siempre tiene que haber un canto legato, una intención en la palabra que sobresale en recitativos que te enganchen al drama”, añade Vanessa Goikoetxea.
La alegoría mozartiana que presenta la compasión como el principio fundamental del buen gobernante llega al Euskalduna con dirección escénica de Fabio Ceresa, en la misma producción que pudo verse en Oviedo hace tres temporadas, para cubrir de mármol una ópera que no baja del nivel de lo extraordinario en cada uno de sus números. Toda la artillería a disposición del genio de Salzburgo para despertar un género, aparentemente anticuado, con un estilo de elegante frescura, transparente, pero también de gran envergadura. Un nuevo Mozart para Bilbao.– ÓA