'La Cenerentola' arranca la 100ª temporada del Teatro Real

La ópera de Rossini, dedicada a Teresa Berganza, inaugura el curso del coliseo madrileño con 15 funciones y dos repartos

14 / 09 / 2021 - Gema PAJARES - Tiempo de lectura: 3 min

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Cenerentola Herheim / operaactual.com 'La Cenerentola' en el montaje de Herheim, en su estreno en Oslo © The Norwegian Opera / Erik BERG
Teresa Berganza / operaactual.com Teresa Berganza © Teatro Real
La mezzosoprano catalana Carol García La mezzosoprano catalana Carol García © BIAM artist / Tere ORMAZABAL
Borja Quiza El barítono español Borja Quiza © Esther CHAMOSO

Madrid

Teatro Real
Rossini: LA CENERENTOLA
20, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 30_09, 01, 02, 03, 04, 05, 08, 09_10

Angelina: Karine Deshayes / Aigul Akhmetshina. Don Ramiro: Dmitry Korchak / Michele Angelini. Dandini: Florian Sempey / Borja Quiza. Don Magnífico: Renato Girolami / Nicola Alaimo. Clorinda: Rocío Pérez. Tisbe: Carol García. Alidoro: Roberto Tagliavini / Riccardo Fassi.
Orquesta Titular del Teatro Real (O. S. de Madrid). Dirección musical: Riccardo Frizza. Dirección de escena: Stefan Herheim.

 

El Teatro Real levanta el telón de su temporada 100 con un título divertido y chispeante que se inspira en La Cenicienta de Perrault, hoy tan popular gracias a Walt Disney, y al que el maestro hizo notables cambios con respecto del original. Borja Quiza, Rocío Pérez y Carol García, las tres voces españolas del elenco, desvelan su relación y amor incondicional por el compositor, que en esta puesta en escena visita desde las alturas el coliseo madrileño.

Gioachino Rossini firmó un contrato para componer una nueva ópera el mismo día que cumplía 24 años, el 29 de febrero de 1816. El embrionario Nina alla corte, que es como iba a llamarse en un principio este nuevo proyecto, fue abandonado. El libretista Ferretti sugirió entonces trabajar con el tema de La Cenerentola (La Cenicienta, subtitulada Ossia la bontà in trionfo). En un tiempo exprés, tres semanas, tenía lista la partitura de este dramma giocoso que no es sino un enredo que cuando parece desenredarse, más y más se complica. El cuento de Perrault inspiró la obra, pero sobre el argumento del relato hay tres cambios sustanciosos: la madrastra se troca en padrastro, Don Magnífico, no hay zapato de cristal sino un brazalete y el hada madrina muta en un consejero filósofo de carne mortal, Alidoro, preceptor del príncipe.

Con esta obra maestra llega la inauguración oficial de la Temporada 2021-2022 del Real el próximo 23 de septiembre, precedida por un Preestreno Joven para menores de 35 años el 20 de septiembre. Las 15 funciones de La Cenerentola están dedicadas a la mezzo madrileña Teresa Berganza, magnífica intérprete del papel titular de esta ópera y de tantos otros en los que dejó su inolvidable impronta. Debido a las actuales condiciones sanitarias, las representaciones mantendrán el aforo máximo del 66 por cien de las localidades y las mismas medidas de seguridad adoptadas la pasada temporada.

"Carol García, Premio ÓPERA ACTUAL 2015, ha cantado el papel de Cenicienta, Angelina, muchas veces. Sin embargo, en el escenario del Teatro Real será la insoportable Tisbe"

Carol García, Premio ÓPERA ACTUAL 2015, ha cantado el papel de Cenicienta, Angelina, muchas veces. Sin embargo, en el escenario del Teatro Real será la insoportable Tisbe, una de las dos hermanastras, la más joven, «que no para de picar a la mayor, Clorinda», papel que en Madrid debuta Rocío Pérez, quien a su vez asegura que ambas sin duda van a «ir de la mano». Explica que son amigas: «Hemos cantado muchas veces juntas y estoy segura de que lo vamos a pasar muy bien». Carol García define a su personaje como una mujer «envidiosa, consumista, egoísta. Un papel superdinámico, como el de Rocío, que rompe el ritmo cuando aparece en escena. Ahí cambia esa ensoñación», cuenta. Una ensoñación que devuelve a la vida al músico de Pésaro (una pista la da el cartel tan divertidamente magritiano).

Tisbe no tiene a su cargo ningún aria ni tampoco, cuenta la mezzosoprano, «mayor complicación técnica, aunque sí bastante recitativo y has de mantener el ritmo y el dinamismo. Son roles de conjunto pero hay que cantarlos en el centro y hacerte notar dentro del conjunto». Su hermana en escena en estas 15 representaciones será Clorinda por primera vez en su carrera: «Me hace muchísima ilusión. Lo mismo que inaugurar temporada en este teatro. He escuchado mil veces la obra y estaba deseando poder adentrarme en el mundo de Rossini». Aunque es soprano, reconoce que «la voz de mezzo no tiene muchas veces oportunidades de destacar, pero aquí sí, aquí es distinto», comenta Rocío Pérez en referencia a la protagonista. Y hace suya la frase inmortal de Mae West al decir que «los papeles de mala son los más divertidos».

El príncipe que no lo es

Quien tampoco lo pasa nada mal es Borja Quiza, barítono, Premio ÓPERA ACTUAL 2009 y al frente desde hace un año de una escuela de arte en A Coruña. Por si no tenía suficiente con la lírica, se autoregala una taza más de caldo. Disfruta del camaleónico Dandini. De la producción de Stefan Herheim le han hablado «maravillas» y está deseando reencontrarse con este joven que se hace pasar por Ramiro, príncipe de Salerno: «Es un tipo fantástico, quien lleva el peso cómico junto con Don Magnífico. Él pone en práctica el sueño de ser rico y cambiar de vida por un día y eso que la relación que mantiene con su señor está más basada en la amistad que presidida por la jerarquía. Yo los veo como dos amigos que se lo pasan bien y hacen el gamberro». Rossini para Quiza son palabras (o músicas) mayores: «Aunque sea en versión de concierto sin escena ya es cómico. Su música imprime y contagia alegría, se disfruta al cantarla y al escucharla. Detrás hay mucho trabajo, mucha inteligencia de un compositor que es muy grande. Él se divertía con la comedia y es capaz de transmitir esa alegría. Desde la obertura ya ves que el público tiene dibujada una sonrisa en la cara. Después, al leer el libreto, lo mejora».
No es de extrañar, entonces, que Karine Deshayes, que será la Cenicienta madrileña, tenga como plan de domingo ideal pasarlo con el compositor si estuviera vivo. Y lo basa en su carácter disfrutón de la vida, la buena mesa, la mejor copa. Bon vivant, sí. Cuando es giocoso Rossini no puedes parar de reír, resulta chispeante, pero si se pone serio te desarma, idea que comparte el barítono gallego, que cantó en junio Viva la Mamma!, de Donizetti también en el Real, una ópera desternillante «que debería verse con más frecuencia porque es necesaria en un momento como este», asegura.
Stefan Herheim llegará como un torbellino con su propuesta. Los tres artistas españoles nunca han trabajado con el regista, pero sí con el director italiano Riccardo Frizza que vuelve al podio del Real, con quien han coincidido en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Borja Quiza, además, volverá de nuevo a Madrid en febrero con un estreno absoluto. Nada que ver con Rossini. Se trata de una obra de Luis de Pablo, autor de El abrecartas, que celebrará los 80 años del compositor: «Conozco la enorme dificultad de su música, pero deseo explorarlo todo, lo que toque, pero sin locuras o pasos en falso porque quiero cantar durante muchos años y tener una carrera lo más larga posible. Mi lema es disfrutar, no hacerme millonario», desvela el barítono.
Su voz, apunta el cantante, nota que le pide «más repertorio romántico. Dentro de diez años me veo cantando papeles verdianos. Lo bueno sé que está por empezar». Lo mismo que para las dos hermanas, Carol García y Rocío Pérez, a quienes, por fortuna, no les ha faltado trabajo durante la pandemia. «Rossini me ha dado de comer durante muchos años. No lo puedo dejar de lado porque me aporta flexibilidad en la voz y frescura», añade García. A Rocío Pérez La Cenerentola le trae bellos recuerdos: la cantó en el Real con 14 años: «Será una manera de reencontrarme con la obra, que seguro va a exprimir el lado más desenfadado. Conozco a Carol bien y el juego entre ambas va a ser divertido».


 

Frizza: “La Cenerentola está en lo más alto de la obra rossiniana”

Riccardo Frizza se declara «feliz» de regresar al Teatro Real después de 14 años. Y lo hace con una ópera que, según sus palabras, no considera «totalmente cómica, sino que tiene un tono medio, yo diría que semiseria. Por un lado, el público empatiza rápidamente con la protagonista y con una música que no es triste, pero que no puede igualarse por carácter a El barbero de Sevilla o El turco en Italia. Por otro, siempre hay un trasfondo de patetismo que impregna la pieza». El maestro la sitúa dentro de la producción rossiniana «en lo más alto. No hay otra ópera bufa como esta, no la hay», señala. Y regresar a lo grande es una satisfacción más: «Volver con una apertura de temporada y una obra maestra es para disfrutarlo, un lujo. Es como un cuento, pongamos que como La Bohème, que se repone mucho en fechas navideñas, pero una pieza maestra al cabo», remarca.

Frizza, como cada quien, ha padecido en sus carnes el parón de la pandemia. Ha visto cómo la ciudad de Bérgamo, donde reside, se llenaba de féretros. Hoy, la normalidad está cada vez más cerca: «Yo no me puedo quejar pero para muchos artistas ha sido terrible», cuenta.

© Joan TOMÀS

Riccardo Frizza

Además de estar en el foso madrileño recogió el 11 de septiembre en el Teatro de La Zarzuela el premio al mejor director musical (por su interpretación de Lucia de Lammermoor en la ABAO, a donde antes de que acabe el año regresa con La clemenza de Tito) concedido por la Asociación Ópera XXI: «Es un orgullo, y que sea en España, donde el teatro no ha parado, más aún. Aquí he hecho buena parte de mi carrera».

Los ensayos marchan bien y la complejidad técnica del espectáculo de Herheim parece prueba superada: «Son casi tres horas y es necesario ensayar bastante, pues el movimiento es constante y no puede haber fallo alguno», apunta al tiempo que subraya el diálogo fluido con el regista que les ha llevado a realizar algunas modificaciones, pequeños retoques para redondear aún más la historia de la sirvienta que se transforma en princesa. Dos elencos tendrá La Cenerentola , «perfectamente balanceados», cuenta, y en los que «los cantantes son todos de altísimo nivel. Es un placer escuchar voces así».

Con el aforo aún sin completar, Frizza podrá volver a sentir el latido del público, casi su respiración, esa que confiesa haber echado tanto en falta durante las retransmisiones vía streaming: «Nos faltaba la esencia. La química entre los artistas no era la misma porque no se puede hacer ópera sin público».

¿Y un Wagner para cuándo? Ganas no le faltan: «Cuando algún director de teatro se decida a ofrecérmelo. Me encantaría», dice. Lo mismo que la zarzuela, un género mayor que todavía tiene pendiente. Tiempo habrá. Mientras tanto, y después de pisar el foso madrileño le espere en noviembre el Festival Donizetti en Bérgamo, del que es director musical y que en 2020  se hizo on line. Será con un 50 por cien de aforo, pero habrá público. Y eso es un paso grande. Habrá dos títulos: Le fille du régiment y L’elisir d’amore y una recuperación, Medea.– ÓA