Juan Diego Flórez es Orfeo en La Scala de Milán

Cinesa ofrece 'Orphée et Eurydice' de Gluck el jueves 27 de febrero en los cines a las 19:00h

20 / 02 / 2020 - ÓPERA ACTUAL - Tiempo de lectura: 2 min

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Juan-Diego-Florez-cartel-peralada-opera-actual Juan Diego Flórez © Festival Castell de Peralada

El jueves 27 de febrero podrá verse en Cinesa este Orphée et Eurydice de Gluck. Juan Diego Flórez ya no le teme a cambiar de estilo. Y al infierno, al parecer, tampoco. El tenor peruano viene demostrando que es alguien perfectamente capaz de encajar en su carrera que el paso del tiempo le vaya moldeando la voz. Encarnar al Orfeo de Gluck es la mejor prueba de ello. En un averno atemporal se encaja la acción de este montaje estrenado en el Covent Garden de Londres y que se pudo ver en La Scala de Milán el pasado año.

La fórmula propuesta por Hofesh Shechter y John Fulljames se antoja aparentemente sencilla pero en realidad se acaba revelando como un excelente espejo de las pasiones humanas. En un escenario oscuro, casi desnudo y en el que la luz cobra el protagonismo como si se tratase de un personaje más de la trama, sobresalen en la propuesta cómo se subraya el amor desesperado, la melancolía o la rabia, que literalmente arde sobre las tablas, envolviendo el cadáver de Euridice. De alguna manera, el montaje empuja la música –magistral– de Gluck en su versión francesa estrenada en París en 1774 como si quisiera evitar robarle protagonismo a la partitura. La acompaña en un sutil y elegante segundo plano. Deja lucirse al sobresaliente trío de voces que protagoniza esta producción y al estupendo ballet de la Hofesh Shechter Company: Fatma Said sabe coronarse como una estupenda encarnación del Amor. Una voz joven, pícara, que moldea las florituras con las que le pide a Orfeo paciencia. Y, todo, mientras se pasea por la plataforma que se eleva por encima del escenario y sobre la que se asoma el conjunto instrumental dirigido por Michele Mariotti. Christiane Karg da vida a una Euridice de voz limpia y mirada perdida, desesperada por no lograr encontrar los ojos de Flórez en lo más oscuro del infierno. Ambos forman un tándem perfecto para encarnar los altibajos del propio amor. Pero, sin duda, es el tenor peruano quien se impone, sobre todo cuando canta “J’ai perdu mon Eurydice”; Flórez podría invocar el nombre de ella hasta el infinito y lograría sin duda que ninguna de ellas sonara igual que la anterior.– ÓA

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